La Mentira Más Hermosa

88. ¿También la amas?

El desayuno estaba siendo extrañamente normal y eso ya era sospechoso.

Avery estaba sentada sobre la encimera de la cocina mientras movía distraídamente su café con una cuchara, observando a Aldrick preparar comida como si aquello no fuera absurdamente atractivo.

Qué grosero de su parte, honestamente.

—Deja de mirarme así —murmuró él sin girarse.

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras planeando incendiar algo.

Avery sonrió apenas.

—No estaba planeando. Ya decidí.

Aldrick soltó una pequeña risa cansada, demasiado cómodo con ella y eso seguía siendo raro, muy raro.

Durante unos minutos sólo se escuchó el sonido de platos y café mientras Avery lo observaba moverse por la cocina con esa calma irritante que parecía tener incluso respirando. Hasta que algo volvió a aparecer en su cabeza, una idea horrible.

Y Avery, siendo Avery, decidió verbalizarla inmediatamente.

—¿Te molesta?

Aldrick levantó apenas la mirada.

—¿Qué cosa?

Ella evitó mirarlo mientras jugueteaba con la taza.

—Todo esto.

Silencio.

—Las personalidades. El desastre. Yo.

Aldrick dejó el cuchillo sobre la barra lentamente.

—No.

—Castell.

—Avery.

Ella finalmente levantó la mirada hacia él, más insegura de lo normal.

—Hablo en serio.

Aldrick se acercó hasta quedar frente a ella.

—Y yo también.

Pero Avery siguió observándolo, como si estuviera buscando la mentira escondida, porque una parte de ella seguía esperando el momento en que él finalmente dijera: *esto es demasiado.*

—No entiendo cómo puedes aceptar algo así tan fácil —murmuró ella.

Aldrick apoyó una mano suavemente sobre su rodilla.

—No dije que fuera fácil.

Eso la hizo quedarse callada, porque sí, había diferencia y antes de que pudiera responder, otra idea horrible cruzó por su cabeza, peor todavía.

Sus ojos se entrecerraron lentamente.

—Espera.

Aldrick reconoció inmediatamente ese tono. Problemas.

—¿Qué?

—¿Qué pasa con Astrid?

Ah.

—Avery.

—No, no. En serio. ¿Qué pasa entre ustedes?

Él suspiró apenas.

—Nada.

—¿Nada?

—Nada.

Avery lo señaló acusadoramente con la cuchara.

—Ella coquetea contigo.

—Astrid coquetea con todos cuando quiere manipular algo.

—¡Exacto! Entonces sí coquetea contigo.

—Eso no significa nada.

Avery bajó de la encimera inmediatamente, molesta otra vez.

—¿Y tú la aceptas?

Aldrick frunció ligeramente el ceño.

—¿Aceptar qué?

—¡A ella!

La cocina quedó en silencio y entonces Aldrick finalmente entendió. Celos. Avery Ashbourne estaba celosa… de sí misma, eso era tan absurdo que casi quería reírse, casi, pero Avery claramente no estaba encontrándole lo gracioso.

—¿Te gusta más cuando aparece ella? —preguntó cruzándose de brazos—. Porque es más elegante, más inteligente y menos desastre emocional.

—Avery.

—¡Y seguro no llora tanto!

—Pequeño huracán.

—¡NO ME DIGAS ASÍ AHORA!

Ahí estaba, la explosión. Aldrick ya la conocía demasiado bien como para no verla venir.

Avery comenzó a caminar nerviosamente por la cocina mientras hablaba cada vez más rápido.

—Claro, tiene sentido. Astrid es todo lo que yo no soy. Ella sabe hablar perfecto, sabe controlar todo, no hace escenas ridículas...

—Avery.

—¡Y seguramente no te avergüenza tanto como yo!

Aldrick finalmente la sujetó suavemente de la muñeca antes de que siguiera alejándose.

—Mírame.

—No quiero.

—Mírame.

Ella terminó haciéndolo, molesta, herida y claramente aterrada otra vez. Aldrick sostuvo suavemente su rostro entre las manos.

—No estoy enamorado de Astrid.

Silencio.

—Estoy enamorado de ti.

La respiración de Avery se trabó apenas y Aldrick continuó antes de que pudiera huir emocionalmente otra vez:




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