La Mentira Más Hermosa

89. ¡Esa tonta!

Aldrick seguía observándola con una sonrisa apenas contenida. Avery se cruzó de brazos todavía completamente ofendida.

—No vuelvas a reírte.

—Lo estoy intentando.

—Lo estás haciendo fatal.

Él carraspeó, tratando de recuperar la compostura, entonces recordó algo.

—Hay un detalle que deberías saber.

Avery lo miró con desconfianza.

—No me gusta ese tono.

—Dijiste que te robé tu primer beso.

—Porque lo hiciste.

Aldrick negó suavemente con la cabeza.

—No exactamente.

Ella frunció el ceño.

—¿Cómo que no exactamente?

—Para ti... sí.

Avery lo miró confundida.

—¿Para mí?

Él sostuvo su mirada unos segundos antes de responder.

—Pero Astrid ya me había besado antes.

El silencio fue inmediato. Avery parpadeó una vez. Dos. Tres.

—¿Qué?

—¿Astrid... te besó?

—Sí.

—¿Ella te besó... a ti?

—Sí.

Avery sintió un extraño nudo formándose en el pecho, no tenía ningún derecho a sentirse así, no había sido ella, ni siquiera lo recordaba. Entonces... ¿por qué dolía?

Una imagen apareció fugazmente en su mente, Astrid sujetándolo de la corbata, Aldrick respondiéndole el beso, las manos de él sobre su cintura. La imagen desapareció tan rápido como llegó, dejándola con una punzada incómoda.

Avery apretó la mandíbula.

—Esa... esa descarada...

Aldrick levantó una ceja.

—¿Descarada?

Y entonces explotó.

—¡¡¿CÓMO SE ATREVIÓ ESA TONTA?!!

Aldrick dio un pequeño respingo.

—¡¡¿QUIÉN LE DIO PERMISO DE IR BESANDO GENTE CON MI CARA?!!

—No creo que ella lo vea de esa forma...

—¡¡NO LA DEFIENDAS!!

—No la estoy defendiendo.

—¡¡LA ESTÁS DEFENDIENDO!!

Él suspiró resignado.

—Sólo estoy diciendo que fue decisión suya, no tuya.

—¡Pues por eso mismo!

Avery comenzó a caminar de un lado a otro por la habitación, completamente alterada.

—¡Qué vergüenza!

—¡Qué descarada!

—¡Qué falta de respeto!

De pronto se detuvo. Giró lentamente hacia Aldrick.

—Espera...

Él levantó la vista.

—¿Qué?

Ella lo señaló con el dedo.

—¿Y tú le correspondiste?

Aldrick parpadeó.

—¿Perdón?

—¡El beso!

Su expresión se volvió peligrosamente seria.

—¿La besaste de regreso?

Aldrick tardó un segundo en responder.

—Sí.

El rostro de Avery se congeló.

—En ese momento no sabía que era Astrid.

—¡ESO NO ERA LO QUE PREGUNTÉ!

Él suspiró.

—Sí. Le correspondí.

Avery sintió un pinchazo inexplicable en el pecho, no era lógico, no era justo, pero imaginar a Aldrick besando a Astrid... la hacía sentir terriblemente molesta, muchísimo más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Desvió la mirada de inmediato.

—Qué rápido...

Aldrick frunció el ceño.

—¿Qué?

—Nada.

—No, dijiste algo.

Ella negó con la cabeza.

—Olvídalo.

Pero el gesto de disgusto en su rostro era demasiado evidente. Aldrick la observó unos segundos. Entonces sonrió apenas.

—¿Estás... celosa?

Avery giró tan rápido que casi se resbala.

—¡¡¿QUÉ?!!

—Suena bastante a celos.

—¡¡CLARO QUE NO!!

—¿Segura?

—¡Completamente!

—Porque acabas de reclamarme por corresponderle un beso a alguien que, según tú misma, no eras tú.

Ella abrió la boca. La cerró. Volvió a abrirla. No encontró ninguna respuesta.

—Yo... eso es diferente.

—¿En qué sentido?

—¡Porque sí!

—Gran argumento.




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