Avery salió de la universidad usando lentes oscuros enormes y una chaqueta negra demasiado grande para el calor que hacía, porque claramente vestirse como fugitiva fiscal era ahora parte de su personalidad.
Sebastian caminaba detrás de ella cargando tres bolsas mientras intentaba explicarle algo sobre horarios.
—No pienso regresar mañana.
—Señorita Avery...
—Ni pasado.
—El señor Castell...
—Puede llorar al respecto.
Sebastian suspiró derrotado. Avery sonrió apenas. Honestamente, estaba de muy buen humor, lo cual normalmente significaba problemas para alguien y efectivamente… los encontró rápido.
Ian estaba apoyado contra una motocicleta cerca de la entrada principal hablando con unos chicos cuando la vio acercarse.
—Ashbourne —saludó con una sonrisa ladeada—. Sigues viva. Impresionante.
—Desafortunadamente.
Ian soltó una pequeña risa. Avery entrecerró ligeramente los ojos entonces, porque una idea horrible acababa de aparecer en su cabeza. Una idea maravillosa.
—Ian.
—Eso suena peligroso.
—Necesito un favor.
Cinco minutos después… Aldrick esperaba dentro del coche frente a la universidad revisando algo en su teléfono mientras Sebastian estaba afuera terminando una llamada.
Todo tranquilo, hasta que levantó la mirada y vio a Avery, riéndose, sentada sobre la motocicleta de Ian, demasiado cerca de él, demasiado cómoda.
Ian tenía una mano apoyada detrás de ella mientras Avery le acomodaba distraídamente el cuello de la chaqueta entre risas.
Aldrick observó la escena unos segundos más. Luego habló:
—Sebastian.
El asistente volteó inmediatamente.
—¿Sí, señor?
—¿Estoy viendo mal o Avery está coqueteando deliberadamente con Ian mientras me mira directamente?
Sebastian observó hacia donde señalaba y casi quiso morirse, porque Avery efectivamente estaba mirando el coche, claramente, descaradamente, y cuando notó que Aldrick la veía… sonrió.
Oh, no.
No, no, no.
Aldrick apoyó lentamente la cabeza contra el asiento.
—Va a matarme antes de cumplir veintiuno.
—Parece feliz —murmuró Sebastian intentando mantenerse neutral.
—Parece una amenaza pública.
Mientras tanto, afuera… Ian bajó apenas la voz:
—¿Estás intentando poner celoso a Castell?
Avery sonrió inocentemente.
—¿Yo? Jamás.
Ian soltó una risa.
—Ashbourne, literalmente llevas tres minutos mirando el reflejo de su coche para asegurarte de que te vea.
Ella hizo una pausa.
—Eso suena obsesivo cuando lo dices así.
—Porque lo es.
Avery ignoró el comentario y apoyó una mano sobre el hombro de Ian justo cuando vio movimiento dentro del coche.
Perfecto.
—Wow —murmuró Ian mirando hacia el vehículo—. Creo que quiere asesinarme.
Avery casi sonrió más.
—Bien.
—Definitivamente estás loca.
—Eso ya está diagnosticado.
Y entonces la puerta del coche se abrió. Aldrick salió lentamente, demasiado lentamente, traje oscuro, expresión tranquila, mandíbula tensa.
Peor aún. Avery sintió una pequeña satisfacción venenosa dentro del pecho. Sí. Que sufriera un poquito por culpa de Astrid. Sólo un poquito.
Ian levantó ambas manos inmediatamente.
—Antes de que digas algo, quiero aclarar que yo soy inocente.
—No lo eres por existir cerca de ella —respondió Aldrick sin apartar la mirada de Avery.
Avery cruzó los brazos.
—Qué controlador te ves ahora mismo.
Aldrick llegó finalmente frente a ella y luego miró a Ian.
—¿Puedes dejarnos solos?
—Con gusto. Amo seguir vivo.
Ian prácticamente huyó. Traidor.
Avery volvió la atención hacia Aldrick intentando verse indiferente.
—¿Qué?
Él la observó unos segundos en completo silencio. Luego habló con una calma peligrosísima:
—¿Te divertiste?
Avery sonrió apenas.
—Muchísimo.
—Bien.
Y antes de que pudiera reaccionar, Aldrick la sujetó suavemente de la cintura acercándola hacia él.
—Porque ahora me toca a mí molestarte un poco.