La Mentira Más Hermosa

92. Frente a ti

El baño estaba en silencio. Demasiado limpio. Demasiado perfecto. Avery estaba frente al espejo, apoyada ligeramente en el lavabo, respirando despacio como si algo dentro de ella no terminara de acomodarse del todo.

Había venido a lavarse la cara, eso era todo, eso era lo que recordaba, pero ahora… no estaba segura. El reflejo la observaba de vuelta y entonces cambió, no físicamente, sino en la forma de mirarla.

Avery se quedó completamente quieta, porque no estaba sola.

—No te lo creas todo —dijo Astrid desde el espejo.

Avery sintió cómo el aire se le atascaba en la garganta, quiso responder, no pudo, su boca no obedecía, solo podía mirar.

Astrid apareció con esa calma fría que siempre la acompañaba. Perfecta. Ordenada. Demasiado controlada para ser real.

—Te estás dejando llevar —continuó Astrid suavemente—. Otra vez.

Avery intentó mover la mano. Nada.

—No lo mires así —añadió Astrid, inclinando apenas la cabeza dentro del reflejo—. No estás en peligro.

Silencio. El baño parecía más pequeño ahora, más cerrado.

—Ese hombre… —Astrid hizo una pausa leve— te está confundiendo.

Avery sintió un pequeño temblor en el pecho.

Aldrick.

—No es amor —dijo Astrid con una tranquilidad peligrosa—. Es dependencia.

El espejo parecía demasiado brillante, demasiado profundo, Avery intentó gritarle.
Nada, solo su respiración acelerándose.

Astrid sonrió apenas.

—Te gusta la idea de que alguien te elija… no la persona.

Pausa.

—Es diferente.

El sonido del grifo goteando se volvió insoportablemente fuerte.

—No te engañes —susurró Astrid—. Ya lo hiciste antes y mira cómo terminaste.

Avery sintió algo romperse ligeramente dentro del pecho, no sabía qué era, pero dolía.

Astrid se acercó más en el reflejo.

—Avery… si sigues así, lo vas a arruinar todo.

Silencio. Y entonces, por primera vez, su voz cambió apenas, menos fría, más cercana.

—Tú no sabes lo que es real aquí.

Avery parpadeó lentamente, porque esa frase… esa frase no parecía una advertencia, parecía una confesión.

El espejo volvió a la normalidad de golpe, el baño estaba vacío, silencio otra vez, Avery respiraba agitada, su mano estaba sobre el lavabo, apretándolo con fuerza.

Y en su mente, una sola duda comenzó a crecer, lenta y venenosa:

*¿Y si Astrid es la única que nunca me ha mentido?*

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¡Mañana los últimos capítulos!




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