La Mentira Más Hermosa

94. Algo no encajaba

Aldrick se despertó antes que el sol, no por costumbre, por inquietud.

La mansión estaba en silencio absoluto, pero no era el tipo de silencio al que estaba acostumbrado con Avery durmiendo cerca, era distinto, demasiado limpio, demasiado quieto.

Se incorporó lentamente en la cama. Avery no estaba. Frunció el ceño de inmediato.

—Avery… —murmuró.

Nada.

Se levantó y recorrió el hogar, cocina vacía, sala ordenada, baño abierto, sin señales de ella.

Sebastian no había enviado mensajes, Leonard no había llamado, nadie, pero el vacío no era normal.

Era… incorrecto.

Aldrick pasó una mano por su rostro, sintiendo esa molestia creciendo en el pecho, algo no encajaba y no era una preocupación lógica, era algo más profundo, instintivo, como si su mente estuviera intentando empujar una idea que él no quería aceptar.

El teléfono vibró. Aldrick lo tomó de inmediato. Mensaje de Sebastian:

**Señor Castell, el archivo médico que solicitó está listo.**

Aldrick frunció el ceño.

¿Qué archivo médico?

Él no había pedido nada.

Tecló rápido:

**¿Qué archivo?**

La respuesta llegó segundos después.

**El de la paciente Avery Ashbourne. Sala 4B. Hospital Whitmore.**

El mundo se detuvo un instante. Aldrick sintió un frío extraño recorrerle la espalda.
Avery Ashbourne.
Hospital.
Sala 4B.

No… eso no tenía sentido. Él ya la había sacado de ahí hace meses, la había llevado a su casa, había firmado su tutela, había convivido con ella, había…

Su respiración se volvió más lenta, más pesada. Salió de la casa sin pensarlo dos veces.

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El hospital estaba exactamente como lo recordaba, demasiado blanco, demasiado clínico, demasiado real.

Sebastian lo esperaba en la entrada con un sobre en las manos.

—Señor Castell… ¿está todo bien?

Aldrick no respondió, tomó el sobre y lo abrió, dentro había documentos, firmas, reportes médicos y una línea que hizo que su estómago se hundiera lentamente:

**Paciente en observación por episodio de disociación severa tras trauma psicológico prolongado.**

Aldrick siguió leyendo, cada palabra era más absurda que la anterior.

Accidente.
Ingresos.
Sedación.
Estado crítico.

Pero lo que lo detuvo no fue eso. Fue la fecha, todo ocurría en el mismo rango, mismo periodo, mismo hospital, pero… sin él, sin su presencia, sin ninguna tutela legal firmada por él.

Aldrick sintió la garganta cerrarse.

—No… —murmuró.

Sebastian lo miró confundido.

—¿Señor?

Aldrick dio un paso hacia atrás y entonces lo entendió. No como idea, como golpe.

Avery nunca había estado en su casa, nunca había convivido así con él, nunca había habido Ian provocándolo en una motocicleta, nunca había existido ese “nosotros” continuo.

Su mente había construido todo o peor, lo había vivido dentro de otra realidad, un recuerdo que no estaba en los papeles, un recuerdo que no estaba en el mundo.

Aldrick levantó la vista hacia el hospital, las luces del pasillo parecían más frías de lo normal y por primera vez… la pregunta no fue qué le pasaba a Avery, sino qué parte de ella y de él, era la real.

—Llévame a la habitación —ordenó.

Su voz no sonó firme, sonó peligrosa, porque algo dentro de él acababa de romperse lo suficiente como para empezar a dudar de todo lo que había amado.




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