La mentira perfecta

Capítulo 3: Las primeras sospechas

La conversación entre Adrián y Gabriel quedó grabada en la mente de Camila.

Oculta detrás de una columna, sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Y si Gabriel descubre la verdad? —pensó.

Cuando ambos hombres se marcharon, Camila respiró profundamente antes de regresar a la mansión.

Un desayuno incómodo

A la mañana siguiente, toda la familia Salvatierra se reunió para desayunar.

Don Ernesto le sonrió.

—Me alegra verte recuperada, Daniela.

Camila respondió con una sonrisa nerviosa.

En ese momento apareció Gabriel.

—Buenos días.

Sin apartar la mirada de Camila, tomó asiento frente a ella.

Durante el desayuno comenzó a hacer preguntas.

—¿Recuerdas el viaje que hicimos los cuatro a Valle de Bravo hace dos años?

Camila se quedó inmóvil.

No tenía idea de qué estaba hablando.

Por suerte, Adrián respondió antes que ella.

—Gabriel, deja de incomodarla. Después de todo lo que pasó necesita descansar.

Gabriel sonrió.

—Claro... solo tenía curiosidad.

Pero en realidad estaba más convencido de que algo no encajaba.

La prisión de Daniela

Mientras tanto, Daniela seguía encerrada.

Había logrado aflojar una de las cuerdas que sujetaban sus manos.

Cuando estaba a punto de liberarse, la puerta se abrió.

Entró Arturo Villaseñor.

—Veo que no te rindes.

—¿Qué quieren de mí?

Arturo sonrió con desprecio.

—Si desapareces, todo será mucho más sencillo para nosotros.

—Mi hermana me encontrará.

—Eso está por verse.

Antes de salir, volvió a asegurar las cuerdas.

Daniela cerró los ojos, pero juró que no perdería la esperanza.

Un descubrimiento inesperado

Por la tarde, Camila entró al antiguo estudio de Daniela en la mansión.

Mientras observaba algunas fotografías, encontró un pequeño cuaderno escondido dentro de un cajón.

Al abrirlo, descubrió varias anotaciones escritas por su hermana.

En una de las páginas se leía:

"Si algún día desaparezco, no confíes en Lorena. Ella sabe más de lo que aparenta."

Camila sintió un escalofrío.

En ese momento escuchó pasos acercándose.

Guardó rápidamente el cuaderno en su bolso.

La puerta se abrió.

Era Lorena.

—¿Buscando algo, Daniela?

Camila sonrió intentando mantener la calma.

—Solo recordaba viejos momentos.

Lorena observó el cajón abierto durante unos segundos.

Algo le decía que Camila había encontrado algo importante.

Una llamada misteriosa

Esa misma noche, el teléfono de Camila vibró.

Era un número desconocido.

Contestó con cautela.

—¿Bueno?

Del otro lado solo se escuchó una respiración agitada.

Después, una voz femenina susurró:

—Camila... soy Daniela...

La llamada se cortó de inmediato.

Camila quedó paralizada.

Si esa llamada era real, significaba que su hermana seguía con vida.




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