Adrián permaneció inmóvil con el teléfono en la mano.
La voz anónima seguía resonando en su cabeza.
"La mujer que vive contigo... no es Daniela."
Camila notó que su expresión había cambiado.
—¿Ocurre algo?
Adrián guardó el teléfono.
—No... debió de ser una broma de mal gusto.
Aunque intentó actuar con normalidad, la duda comenzó a instalarse en su corazón.
Una prueba inesperada
Al día siguiente, Gabriel buscó a Adrián en la oficina del consorcio.
—Necesito hablar contigo.
—Te escucho.
—No quiero alarmarte, pero creo que Daniela nos está ocultando algo.
Adrián suspiró.
—Anoche recibí una llamada diciendo exactamente lo mismo.
Gabriel lo miró sorprendido.
—Entonces no soy el único que lo piensa.
—No podemos acusarla sin pruebas.
Gabriel asintió.
—Por eso quiero hacer una pequeña prueba.
La fotografía
Durante la comida familiar, Gabriel llevó un antiguo álbum de fotografías.
—Miren lo que encontré.
Todos comenzaron a recordar viejos momentos.
De pronto, Gabriel mostró una fotografía donde aparecían Adrián, Daniela y Camila cuando eran adolescentes.
—Daniela, ¿recuerdas ese día?
Camila observó la imagen.
Notó que Daniela llevaba una pequeña cicatriz en la muñeca izquierda, producto de un accidente ocurrido años atrás.
Instintivamente escondió su propia muñeca debajo de la mesa.
Gabriel no perdió ese detalle.
Una sonrisa discreta apareció en su rostro.
—Interesante...
Daniela encuentra una pista
En la hacienda, Daniela logró escuchar una conversación entre Arturo y Lorena desde la habitación donde permanecía encerrada.
—Mañana trasladaremos a la muchacha a otro lugar.
—Mientras Camila siga ocupando su lugar, nadie sospechará.
Daniela abrió los ojos con sorpresa.
—¡Camila...!
Ahora comprendía que su hermana estaba involucrada sin querer en aquel peligroso plan.
Debía escapar cuanto antes.
Una visita inesperada
Aquella tarde, el comandante Ricardo Montes llegó nuevamente a la mansión.
Pidió hablar a solas con Camila.
Cuando quedaron solos, cerró la puerta.
—Sé que usted no es Daniela.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué... qué está diciendo?
—No voy a arrestarla.
Solo quiero saber una cosa.
¿Su hermana sigue con vida?
Los ojos de Camila se llenaron de lágrimas.
Después de varios segundos de silencio, respondió con un leve movimiento de cabeza.
—Sí...
El comandante respiró profundamente.
—Entonces, desde este momento, trabajaremos juntos para encontrarla.
Por primera vez desde que todo comenzó, Camila sintió que ya no estaba sola.