El salón de proyecciones quedó en completo silencio.
Gabriel conectó la memoria USB al televisor.
Las imágenes comenzaron a reproducirse.
Todos observaron a Daniela caminando por uno de los pasillos del hotel, pocos minutos antes de la ceremonia.
De pronto, apareció un hombre vestido de negro siguiéndola a cierta distancia.
—¡Detén la imagen! —ordenó el comandante Ricardo Montes.
Gabriel hizo una pausa en el video.
El hombre llevaba un anillo con el escudo de la familia Villaseñor.
Arturo y Lorena intercambiaron una mirada de preocupación, pero fingieron sorpresa.
—¿Quién será ese hombre? —preguntó Lorena, actuando con naturalidad.
Ricardo no apartó la vista de la pantalla.
—Eso es lo que pienso averiguar.
Un error de Lorena
Mientras todos discutían el video, Lorena salió del salón con la excusa de responder una llamada.
No sabía que Camila la había seguido discretamente.
Lorena habló en voz baja.
—El video ya apareció. Desháganse de Gabriel esta noche.
Camila alcanzó a escuchar esas palabras.
Cuando intentó acercarse un poco más, pisó una rama seca.
¡Crack!
Lorena giró inmediatamente.
—¿Quién está ahí?
Camila logró esconderse detrás de unos arbustos antes de ser descubierta.
Lorena observó alrededor durante unos segundos y, al no ver a nadie, regresó al interior de la mansión.
Camila salió lentamente de su escondite.
—Así que Gabriel está en peligro...
La emboscada
Más tarde, Gabriel abandonó la mansión rumbo a su departamento.
La carretera estaba casi desierta.
De repente, una camioneta negra apareció detrás de él.
Aumentó la velocidad.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
La camioneta aceleró aún más.
Dos hombres encapuchados comenzaron a seguirlo.
Gabriel intentó escapar, pero uno de ellos sacó un arma y disparó contra una de las llantas de su automóvil.
El vehículo perdió el control.
Giró varias veces sobre la carretera hasta chocar contra un muro de contención.
Una llamada desesperada
El teléfono de Camila sonó.
Era el comandante Ricardo Montes.
—¡Gabriel sufrió un atentado! Lo están trasladando al hospital.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—¿Está vivo?
—Sí, pero está gravemente herido.
Una noticia inesperada
Mientras tanto, en la hacienda abandonada, uno de los guardias dejó caer accidentalmente una carpeta.
Daniela aprovechó el descuido y alcanzó a leer un documento.
En la primera hoja aparecía una dirección.
Bodega 17 – Puerto Industrial Santa Marina.
Daniela memorizó el lugar.
—Tal vez ahí planean llevarme...
Era la primera pista real sobre el escondite de sus captores.
Y estaba decidida a hacerla llegar a Camila, sin importar el riesgo.