Las luces de la sala de urgencias permanecían encendidas.
Camila, Adrián, Don Ernesto y el comandante Ricardo Montes esperaban noticias de Gabriel.
Después de casi una hora, el médico salió del quirófano.
—La cirugía fue un éxito. La bala no alcanzó órganos vitales, pero el paciente permanecerá en observación durante las próximas cuarenta y ocho horas.
Todos respiraron aliviados.
Adrián apoyó una mano en el hombro de Camila.
—Gracias por quedarte. Gabriel siempre ha sido como un hermano para mí.
Camila sonrió con tristeza.
—Espero que despierte pronto.
Un detalle sospechoso
Mientras el comandante hablaba con los policías que custodiaban el hospital, una enfermera se acercó.
—Comandante, encontramos esto entre las pertenencias del señor Gabriel.
Le entregó una pequeña memoria USB.
Ricardo la conectó a su computadora portátil.
Dentro había varias fotografías y un documento con notas escritas por Gabriel.
Una frase llamó inmediatamente su atención.
"Si algo me sucede, investiguen a la familia Villaseñor."
El comandante cerró la computadora.
—Gabriel sabía que estaba cerca de descubrir la verdad.
Daniela pone en marcha un plan
En la hacienda, Daniela no dejaba de pensar en la dirección que había visto.
Necesitaba avisar a Camila.
Esa noche, uno de los guardias le llevó la cena.
Cuando abrió la puerta, Daniela fingió sentirse mareada.
—Por favor... ayúdeme...
El guardia entró apresuradamente.
En un movimiento rápido, Daniela lo empujó y logró quitarle un pequeño llavero con varias llaves.
Antes de que pudiera salir, otro guardia apareció en el pasillo.
—¡Deténganla!
Daniela corrió por los corredores de la hacienda.
Por primera vez desde su secuestro, estaba a pocos metros de la salida.
Una conversación decisiva
En el hospital, Adrián y Camila permanecían solos en la cafetería.
El silencio era incómodo.
Finalmente, Adrián habló.
—Desde hace días siento que escondes algo.
Camila bajó la mirada.
—Hay cosas que todavía no puedo explicar.
Adrián tomó su mano.
—No sé qué está pasando... pero quiero que sepas que confío en ti.
Aquellas palabras hicieron que los ojos de Camila se llenaran de lágrimas.
Cada vez era más difícil ocultar la verdad.
El escape
Daniela logró abrir la puerta principal de la hacienda.
Respiró el aire de la noche.
Estaba libre.
Comenzó a correr por un camino de tierra sin mirar atrás.
Sin embargo, al llegar a la carretera, un automóvil negro frenó bruscamente frente a ella.
La puerta se abrió lentamente.
Del interior descendió una figura elegante.
Era una mujer.
Daniela sonrió al creer que había encontrado ayuda.
Pero la mujer levantó la vista y dijo con una fría sonrisa:
—Pensé que escaparías antes...
Era Lorena.