El mensaje enviado por Lorena llegó al teléfono de Arturo Villaseñor.
Solo contenía una frase:
"El secreto fue descubierto. Eliminen a Daniela esta noche."
Arturo leyó el mensaje con el rostro endurecido.
—No podemos dejar cabos sueltos.
Los guardias de la hacienda recibieron la orden de preparar el traslado.
La promesa de Adrián
En el hospital, Camila no podía dejar de llorar.
—Perdóname por haberte mentido.
Adrián permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente habló.
—Sí, me dolió descubrir la verdad... pero ahora entiendo por qué lo hiciste.
Camila levantó la mirada.
—Nunca quise lastimarte.
—Lo sé. Y si Daniela sigue con vida, la encontraremos.
Adrián tomó la mano de Camila.
—Te lo prometo.
Desde la cama, Gabriel sonrió con alivio.
Por fin ya no había secretos entre ellos.
Una pista decisiva
El comandante Ricardo Montes conectó la memoria USB de Gabriel a una computadora del hospital.
Además de las fotografías, encontró un archivo de audio que no había visto antes.
Al reproducirlo, se escuchó la voz de Gabriel.
"Si están escuchando esto, significa que no tuve tiempo de terminar mi investigación. Encontré un documento relacionado con una antigua propiedad de los Villaseñor. Todo apunta a una hacienda abandonada a las afueras de la ciudad. Revisen ese lugar cuanto antes."
Ricardo se puso de pie de inmediato.
—¡Es la primera ubicación concreta que tenemos!
Adrián miró a Camila.
—Vamos por Daniela.
El traslado
En la hacienda, Daniela fue obligada a subir a una camioneta con los ojos vendados.
Lorena observó la escena con frialdad.
—Cuando llegues a tu destino, nadie volverá a encontrarte.
Daniela respiró profundamente.
Mientras los guardias la sujetaban, logró desprender discretamente el dije de plata que siempre llevaba al cuello.
Lo dejó caer sobre el camino de tierra.
—Camila... encuentra esta pista...
La camioneta arrancó.
Nadie notó el pequeño colgante brillando bajo la luz de la luna.
La operación
Horas después, varias patrullas rodearon la antigua hacienda.
Ricardo dio las instrucciones por radio.
—Entraremos por el frente y por la parte trasera. Nadie dispara a menos que sea estrictamente necesario. Nuestra prioridad es rescatar a Daniela.
Adrián insistió en acompañarlos.
—No pienso quedarme esperando.
Camila también quiso ir.
—Ella es mi hermana.
Ricardo aceptó con una condición.
—Permanecerán siempre a mi lado.
Los agentes comenzaron a avanzar en silencio.
La puerta principal fue derribada.
—¡Policía! ¡Nadie se mueva!
Los oficiales registraron habitación por habitación.
Sin embargo...
No había nadie.
La hacienda estaba completamente vacía.
Solo encontraron cuerdas cortadas, una silla volcada y una fotografía de Daniela.
Ricardo apretó los puños.
—Llegamos demasiado tarde.
En ese instante, uno de los policías gritó desde el exterior.
—¡Comandante! ¡Encontré algo!
Todos salieron corriendo.
En el suelo, iluminado por las linternas, estaba un pequeño dije de plata.
Camila lo tomó entre sus manos y comenzó a llorar.
—Es de Daniela...
Ricardo observó las huellas de las llantas que se alejaban por el camino.
—Aún no está perdida.
Los secuestradores cometieron un error.
Y ese error podría conducirlos directamente hasta Daniela.