El pequeño dije de plata brillaba entre las manos de Camila.
Era el mismo que ella le había regalado a Daniela en su cumpleaños número dieciocho.
Las lágrimas recorrieron su rostro.
—Ella dejó esto para nosotros... Sabía que vendríamos.
El comandante Ricardo Montes observó las marcas de los neumáticos que se alejaban de la hacienda.
—Fotografíen todas las huellas. Puede que nos lleven hasta el vehículo de los secuestradores.
Los peritos comenzaron a trabajar de inmediato.
Un recuerdo importante
Mientras sostenía el dije, Camila recordó algo.
Días antes de la boda, Daniela le había dicho:
—Si algún día me pasa algo, busca el significado de nuestro collar.
Camila abrió el dije con cuidado.
Dentro encontró un pequeño papel doblado.
Lo desplegó lentamente.
Solo había una frase escrita con la letra de Daniela:
"Bodega 17."
Ricardo abrió los ojos con sorpresa.
—¡Es una dirección!
—¿Qué significa? —preguntó Adrián.
—Podría ser el lugar al que la llevaron.
Sin perder tiempo, el comandante ordenó investigar todas las bodegas con ese número.
El enojo de Arturo
Mientras tanto, en un almacén abandonado, Arturo Villaseñor golpeó la mesa con fuerza.
—¡¿Cómo pudieron dejar que encontraran una pista?!
Uno de los guardias bajó la cabeza.
—Fue un descuido.
Lorena intervino con calma.
—No sirve de nada perder el control.
Arturo la miró con furia.
—La policía está demasiado cerca.
Lorena sonrió con frialdad.
—Entonces cambiaremos nuevamente de escondite... pero antes debemos asegurarnos de que Daniela no pueda volver a escapar.
Daniela escuchó toda la conversación desde una habitación contigua.
Una visita inesperada
Esa noche, Gabriel recibió el alta médica.
Aunque aún caminaba con dificultad, insistió en reunirse con Camila y Adrián.
—No puedo quedarme sin hacer nada.
Ricardo colocó un mapa sobre la mesa.
—Encontramos tres bodegas con el número diecisiete.
Gabriel señaló una de ellas.
—Esta.
Todos lo miraron.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Porque pertenece a una empresa fantasma registrada por Arturo Villaseñor hace cinco años.
El comandante sonrió.
—Excelente trabajo.
La infiltración
Ya entrada la madrugada, un pequeño grupo se acercó a la Bodega 17.
Ricardo, Adrián, Gabriel y varios agentes avanzaban con cuidado.
Camila permanecía en la camioneta de mando, observando las cámaras de vigilancia.
De repente, una figura apareció en una de las ventanas del edificio.
Era una mujer.
Llevaba las manos atadas.
Camila sintió que el corazón se detenía.
—¡Daniela!
En ese mismo instante, una explosión sacudió la bodega.
El estruendo iluminó la noche.
Las llamas comenzaron a extenderse rápidamente.
Adrián gritó:
—¡Daniela sigue adentro!
Sin pensarlo dos veces, corrió hacia el edificio en llamas.