La noticia de la desaparición de Daniela cayó como un balde de agua fría sobre las familias Andrade y Salvatierra.
En la casa de los Andrade, Elena caminaba de un lado a otro de la sala con el teléfono en la mano.
—No contesta... mi hija no contesta... —repetía con la voz entrecortada.
Javier intentaba mantener la calma.
—Ya recorrimos los lugares donde pudo haber ido. Seguro hubo algún contratiempo.
Camila bajó la mirada. Algo le decía que no era un simple retraso.
En la mansión Salvatierra, Adrián no había dormido en toda la noche.
Sobre su escritorio estaba el anillo de compromiso que pensaba entregarle oficialmente durante la cena familiar del fin de semana.
Valentina entró con una taza de café.
—¿Has sabido algo?
Adrián negó con la cabeza.
—Daniela jamás desaparecería sin avisarme.
En ese momento sonó su teléfono.
Era el comandante Ricardo Montes.
—Licenciado Salvatierra, ya iniciamos la búsqueda. Necesito que venga a presentar la denuncia formal.
—Voy para allá.
Mientras tanto, Lorena llegó a la empresa.
Al enterarse de la desaparición, fingió preocupación.
—¡Qué desgracia! Espero que Daniela aparezca sana y salva.
Pero cuando quedó sola en su oficina, una sonrisa apareció en su rostro.
—Ahora sí... Adrián necesitará a alguien a su lado.
Camila decidió regresar a la boutique.
La encargada la reconoció de inmediato.
—Señorita, su hermana dejó esto cuando salió.
Le entregó un pequeño pañuelo de seda y un sobre blanco.
Camila abrió el sobre.
Dentro solo había una fotografía antigua.
En ella aparecían dos niñas pequeñas, Elena y un hombre desconocido.
En la parte de atrás alguien había escrito a mano:
"La verdad siempre encuentra el camino."
Camila sintió un escalofrío.
—¿Quién le dio esto a mi hermana? —preguntó.
—Un hombre vino poco antes de que ella saliera. Dijo que era algo muy importante.
Esa misma tarde, Adrián llegó a la casa de los Andrade.
Era la primera vez que veía a Camila después de la desaparición.
Por un instante quedó sorprendido. Frente a él estaba el mismo rostro de Daniela, pero con una mirada mucho más dulce y serena.
—¿Cómo está su mamá? —preguntó con respeto.
—Muy preocupada.
—Yo también. No voy a descansar hasta encontrar a Daniela.
Camila notó el dolor en sus ojos.
Por primera vez comprendió cuánto la amaba.
Sin embargo, ninguno de los dos imaginaba que el destino los uniría de una manera completamente inesperada.
Mientras tanto, desde un automóvil estacionado frente a la casa, una persona observaba cada uno de sus movimientos.
—Todavía no es el momento... —murmuró antes de arrancar el vehículo.
Editado: 06.07.2026