Eres la mentira que juró amarme...
Me juraste que me amabas… y yo te creí...
No porque fueras convincente, sino porque quería que fuera verdad.
Durante años viví dentro de esa certeza.
Una vida tranquila. Predecible. Perfecta, incluso. De esas que no se cuestionan.
Tenía todo lo que se supone que alguien debe tener:
una familia, un futuro, un lugar al que pertenecer…
y a ti.
Pero las mentiras no desaparecen.
Solo esperan.
A veces en silencios incómodos.
En recuerdos que no encajan.
En miradas que duran demasiado.
Hasta que un día… todo se rompe.
Y cuando finalmente abrí los ojos, entendí algo que todavía me cuesta decir en voz alta: nada de esto era mío.
Mi vida no me pertenece.
Nunca lo hizo.
Cada recuerdo, cada decisión, cada “te amo” que guardé como si fuera real…
fue construido para mí.
Una historia perfecta.
Una mentira perfecta.
Y lo peor no fue descubrirlo.
Lo peor fue entender que, incluso sabiendo la verdad…
una parte de mí todavía te ama.
Pero el tiempo se está acabando.
Mi cuerpo lo sabe antes que yo.
Se apaga poco a poco, como si también quisiera desaparecer con la mentira.
Tal vez este sea el precio de saber demasiado.
Tal vez algunas verdades no estaban hechas para sobrevivirse.
Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy. O que estoy a punto de desaparecer. Pero tú… tú aún puedes elegir. Solo ten cuidado. Porque algunas mentiras… no solo te engañan. También aprenden a amarte.