La misión de cupido

Señales que solo yo veo

Una de las cosas más difíciles de ser una observadora emocional es que no todo el mundo ve lo que tú ves.

Las señales están ahí.

Claras.

Evidentes.

Pero aparentemente invisibles para el resto de la humanidad.

Aquella tarde, la oficina estaba tranquila. Demasiado tranquila.

Claudia seguía evitando hablar conmigo.

Ricardo estaba concentrado en su computadora.

Andrea, la mujer del departamento de marketing, había desaparecido por el momento.

Todo parecía normal.

Excepto por una cosa.

Ricardo miraba a Claudia.

No constantemente.

No de forma obvia.

Pero lo hacía.

Miradas rápidas.

Pequeñas pausas cuando ella se levantaba de su escritorio.

Un ligero cambio en su postura cuando ella hablaba con alguien más.

Señales.

—Marta —susurré.

—No.

—Pero escucha.

—No quiero escuchar.

—Está mirando a Claudia otra vez.

Marta suspiró y levantó la vista por un segundo.

—Está mirando en esa dirección.

—Exacto.

—Ahí también está la impresora.

Ignoré ese comentario completamente innecesario.

En ese momento, Claudia se levantó para ir a buscar unos documentos.

Pasó cerca de Ricardo.

Él levantó la mirada.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Luego volvió a su pantalla demasiado rápido.

Sonreí.

—¿Ves?

Marta me miró con cansancio.

—No.

—Ahí hay algo.

—Alessandra…

Me incliné hacia ella con calma científica.

—Las señales están ahí.

—Tal vez.

—Solo que nadie más las está viendo.

Marta cruzó los brazos.

—Tal vez porque no existen.

Volví a mirar hacia Ricardo.

En ese momento, Claudia dejó caer un papel al suelo.

Ricardo se levantó inmediatamente para recogerlo.

Sus manos se tocaron brevemente.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Claudia sonrió un poco.

Ricardo también.

Me recosté en mi silla con satisfacción.

—Ahí.

Marta me miró.

—¿Qué?

—Señales.

Ella suspiró profundamente.

—Ojalá, por una vez en tu vida…

—¿Sí?

—Te equivocaras.

Sonreí.

Porque después de todo este tiempo observando el comportamiento humano, había aprendido algo muy importante.

Las señales siempre están ahí.

El problema es que…

no todos saben cómo leerlas.



#759 en Otros
#301 en Humor
#2569 en Novela romántica

En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.