La misión de cupido

Una mirada que me desconcentra

Nunca pensé que alguien pudiera desconcentrarme… y mucho menos un abogado recién llegado.

Pero allí estaba él, parado frente a la ventana del despacho, revisando unos documentos.

Yo intentaba concentrarme en mi trabajo, en analizar las pequeñas señales de Claudia y Ricardo…
y, sin embargo, no podía apartar los ojos de él.

No era solo atractivo. No. Era algo en la forma en que me observaba.

No miraba solo por curiosidad: parecía estar evaluando cada gesto, cada sonrisa, cada movimiento mío.

—Marta —susurré, con un tono casi de alarma—. Esto no es normal.

—¿Qué cosa no es normal? —preguntó, sin mirar—.

—Que alguien me desconcentre… mientras trabajo.

Marta arqueó una ceja.

—Ah, sí. Eso es un problema serio.

Intenté enfocarme en la pantalla. Documentos, correos, análisis de gestos… todo se volvió borroso.

Cada vez que levantaba la mirada, él estaba ahí.
Con una sonrisa leve, como si supiera exactamente el efecto que causaba.

—No puede ser —dije en voz baja—. Nadie debería tener este poder.

Marta me dio un codazo ligero.

—Alessandra… parece que Cupido finalmente recibió competencia.

Suspiré, resignada y divertida a la vez.

Porque, por primera vez en semanas, no estaba planeando flechas ni observando señales ajenas.

Estaba… distraída.

Y me di cuenta de algo: incluso los Cupidos más expertos, a veces, se vuelven vulnerables frente a una mirada correcta.



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En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

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