El amor, como cualquier experimento, tiene sus riesgos. Y justo cuando pensaba que mis intervenciones estaban funcionando, todo comenzó a desmoronarse.
Claudia y Ricardo ya no intercambiaban sonrisas discretas.
Sus miradas de tres segundos se volvieron esquivas.
Los mensajes se hicieron cortos y fríos.
—Marta —susurré mientras revisaba mis notas—. Esto no estaba en el plan.
—¿Qué plan? —preguntó, con una mezcla de cansancio y advertencia.
—El plan de que las cosas fluyeran de forma natural —dije, con un suspiro dramático—. Pero ahora, parece que cada acción mía genera un efecto contrario.
El rumor que “solo quería ayudar” terminó en malentendidos.
Las galletas estratégicas provocaron celos inesperados.
Y mi observación constante del nuevo abogado me hacía sentir que estaba perdiendo el control.
Claudia y Ricardo cruzaron miradas cortas y tensas frente a la fotocopiadora.
Yo lo observaba todo, intentando analizar qué había fallado.
—Marta, ¿crees que fue demasiado? —pregunté, con un hilo de duda.
—No lo creo —respondió ella—. Es Alessandra Conti, pero incluso tú puedes equivocarte.
Suspiré y recé en silencio:
Que la chispa que había encendido no se apague antes de tiempo.
Que el desastre que parecía inminente se transforme en algo… al menos entretenido.
Porque a veces, incluso Cupido comete errores.
Y cuando todo empieza a salir mal… es ahí cuando las mejores historias comienzan.
Editado: 18.03.2026