La misión de cupido

Él ya sabe todo

Hay momentos en los que una persona entiende que el juego terminó.

Ese momento llegó para mí el jueves a las 10:17 de la mañana.

Estaba organizando unos documentos cuando sentí esa sensación familiar: alguien observándome.

Levanté la mirada.

Ricardo.

Apoyado en la puerta de su oficina.

Mirándome.

No como antes.

No con curiosidad.

Ahora era diferente.

Era la mirada de alguien que ya resolvió el misterio.

—Marta —susurré sin apartar los ojos de él—. Creo que estamos en problemas.

—¿Otra vez?

—Esta vez es serio.

Marta miró hacia el otro lado de la oficina.

Y lo vio.

—Ah.

—¿“Ah” qué?

—Ese hombre sabe algo.

Suspiré.

—No algo.

—¿Entonces?

—Todo.

En ese momento Ricardo empezó a caminar hacia mi escritorio.

Con calma.

Con la tranquilidad de alguien que no tiene prisa.

Se detuvo frente a mí.

—Buenos días, Alessandra.

—Buenos días.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

—He estado pensando —dijo.

—Eso nunca termina bien.

Ricardo sonrió un poco.

—Tú organizas situaciones.

—No.

—Observas reacciones.

—A veces.

—Y empujas a las personas en la dirección correcta.

Crucé los brazos.

—Eso suena como una acusación.

—No.

Se inclinó un poco hacia mí.

—Suena como una conclusión.

Silencio.

Mi cerebro estaba calculando treinta posibles respuestas.

Ninguna era buena.

—¿Y cuál es tu teoría final? —pregunté.

Ricardo me miró con esa calma peligrosa.

—Que tú eres responsable de la mitad de las historias románticas de esta oficina.

—Eso es exagerado.

—Tal vez.

Pausa.

Luego dijo algo peor.

—Pero tengo curiosidad.

—¿Curiosidad?

—Sí.

Se inclinó un poco más cerca.

—¿Qué hace Cupido… cuando se enamora?

Mi corazón hizo algo completamente inaceptable para una observadora profesional.

—Eso no forma parte de mi investigación.

Ricardo sonrió.

—Debería.

Luego se enderezó y caminó hacia su oficina.

Marta apareció a mi lado.

—Bueno.

—No digas nada.

—Cupido…

Suspiré profundamente.

—Sí.

—Creo que el problema ya no es que él descubrió tu sistema.

Miré hacia la oficina de Ricardo.

—¿Entonces cuál es el problema?

Marta sonrió.

—Que ahora quiere participar en el experimento.

Y honestamente…

eso podría ser mucho más peligroso que ser descubierta.



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En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

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