La misión de cupido

Una confesión involuntaria

Hablar sin analizar era peligroso.

No porque no supiera qué decir…

sino porque, sin darme cuenta, podía decir demasiado.

Ese día, después del “acuerdo de café”, Ricardo volvió a sentarse frente a mí.

Sin invitación formal.

Sin excusas.

Y, lo más preocupante… sin prisa.

—Esto se está volviendo costumbre —dije.

—Me gustan las costumbres eficientes —respondió.

Suspiré.

—Cinco minutos otra vez.

—Cinco minutos.

Silencio breve.

Tomé un sorbo de café, intentando mantener la calma.

—Entonces —dijo él—, si no puedes analizar… ¿qué haces?

—Observo… menos.

—Eso suena difícil para ti.

—Lo es.

Ricardo sonrió ligeramente.

—Se nota.

Rodé los ojos.

—No es fácil apagar algo que haces todo el tiempo.

—Lo entiendo.

—¿En serio?

—Sí.

Se recostó un poco en la silla.

—Tú analizas a las personas. Yo analizo situaciones.

—Eso es diferente.

—No tanto.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

—¿Y qué has analizado de mí? —pregunté, sin pensar demasiado.

Ricardo no dudó.

—Que te gusta tener el control.

—Eso es una interpretación.

—Que te incomoda no entender lo que sientes.

Mi corazón se detuvo un segundo.

—Eso es… una suposición.

—Y que, cuando algo te importa de verdad…

Se inclinó un poco hacia mí.

—Te vuelves menos cuidadosa.

Error.

Grave error.

Porque respondí sin pensar.

—No es cierto.

—¿No?

—No.

Pausa.

Y entonces lo dije.

—Yo siempre sé lo que estoy haciendo.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

Ricardo sonrió.

—Acabas de mentir.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Hace dos segundos.

—No.

—Sí.

Se cruzó de brazos.

—Porque si supieras exactamente lo que estás haciendo…

Pausa.

—No estarías aquí, conmigo, sin analizar nada.

Silencio total.

Y ahí fue cuando lo entendí.

No era lo que había dicho.

Era lo que había revelado.

Sin darme cuenta...

acababa de admitir que esta situación…

él…

me importaba más de lo que estaba dispuesta a aceptar.

Me recosté en la silla.

—Eso fue una trampa.

Ricardo sonrió.

—No.

—Sí lo fue.

—Fue una confesión.

Suspiré.

Porque tenía razón.

Y eso era lo peor.

Porque por primera vez en todo este juego…

no fui yo quien provocó la reacción.

Fui yo… quien la dejó escapar.



#759 en Otros
#301 en Humor
#2569 en Novela romántica

En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.