La misión de cupido

Dejo que el destino actúe solo

Siempre pensé que “dejar que el destino actúe” era una excusa.

Una forma elegante de decir: no tengo el control.

Y eso… no era aceptable para mí.

Hasta hoy.

Ese día llegué a la oficina con una decisión clara:
no iba a intervenir.

Ni en historias ajenas.

Ni en la mía.

Cero estrategias.

Cero empujones.

Cero “coincidencias” sospechosamente planeadas.

Solo… lo que pasara.

—Esto no me gusta —dijo Marta, mirándome.

—¿Qué cosa?

—Tu calma.

—Estoy en paz.

—Eso es más preocupante.

Sonreí un poco.

—Confía en mí.

—No, gracias. Ya vi lo que pasa cuando confío en ti.
Ignoré el comentario.

Me senté.

Trabajé.

Respiré.

Y esperé.

No miré el reloj cada cinco minutos.
No busqué a Ricardo con la mirada.
No inventé excusas para cruzarme con él.

Nada.

Absolutamente nada.

Y, curiosamente… algo pasó.

A las 11:12 de la mañana, sin planes, sin estrategias, sin mi intervención…

Ricardo se acercó.

—Buenos días.

Levanté la mirada.

Tranquila.

Real.

—Buenos días.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

Pero esta vez no lo llené.

No lo analicé.

No lo dirigí.

Solo… lo dejé existir.

—¿Tienes un minuto? —preguntó.

Asentí.

—Claro.

Se sentó frente a mí.

Sin juegos.

Sin tensión exagerada.

Solo… nosotros.

—He estado pensando —dijo.

—Eso ya me preocupa menos que antes.

Sonrió.

—Bien.

Pausa.

—No quiero que esto se vuelva complicado.

—Yo tampoco.

—Y no quiero que sientas que tienes que hacer algo perfecto.

Esa frase…

me soltó algo por dentro.

—Porque no lo sé hacer —admití.

—Eso está bien.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

Pero no incómodo.

No pesado.

Solo… honesto.

—Entonces —dije—. ¿Qué hacemos?

Ricardo se encogió ligeramente de hombros.

—Nada.

Parpadeé.

—¿Nada?

—Nada complicado.

Nada planeado.

Nada forzado.

Pausa.

—Solo ver qué pasa.

Lo miré.

Y por primera vez… no sentí miedo.

No sentí la urgencia de controlar.

No sentí que tenía que intervenir.

Porque entendí algo importante:

El destino no siempre necesita ayuda.

A veces… solo necesita espacio.

Sonreí suavemente.

—Ok.

—¿Ok?

—Ok.

Y así, sin planes, sin teorías, sin empujones…

dejé que algo completamente nuevo ocurriera.

Algo que, por primera vez…

no estaba tratando de dirigir.

Y curiosamente…

era exactamente lo que tenía que pasar.



#759 en Otros
#301 en Humor
#2569 en Novela romántica

En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.