La misión de cupido

La misión que nunca debí aceptar

Si alguien me hubiera dicho hace unos meses cómo terminaría todo esto…

probablemente me habría reído.

Yo.

Alessandra Conti.

Observadora profesional de emociones humanas.

Arquitecta de coincidencias románticas.

Cupido no oficial de esta oficina.

Y ahora…

completamente perdida dentro de mi propia historia.

—Marta —dije mientras miraba el techo—. Creo que acepté una misión que nunca debí aceptar.

—¿La de emparejar gente?

—Sí.

—Pero si eso es lo que mejor sabes hacer.

Suspiré.

—Ese es el problema.

Marta giró su silla hacia mí.

—Explícate.

—Cuando acepté esa “misión”, pensé que todo era simple.

Dos personas.

Señales.

Pequeños empujones.

Final feliz.

—Ajá.

—Pero nadie te dice lo que pasa cuando empiezas a involucrarte.

—¿Te refieres a Ricardo?

La miré.

—Obviamente me refiero a Ricardo.

Marta sonrió.

—Sabía que ese hombre iba a desordenar tu sistema.

—No desordenó mi sistema.

—Lo destruyó.

Suspiré.

—Un poco.

Silencio.

Uno.

Dos.

Tres.

—Pero… —continué— tampoco me arrepiento.

Marta levantó una ceja.

—Eso no era lo que esperaba escuchar.

—Yo tampoco.

Miré hacia el pasillo.

Ricardo estaba hablando con alguien, tranquilo, concentrado, completamente ajeno a la conversación que estábamos teniendo.

—Porque si no hubiera aceptado esa misión —dije en voz baja—, nunca habría aprendido algo importante.

—¿Qué cosa?

Sonreí un poco.

—Que Cupido también puede enamorarse.

Marta soltó una pequeña risa.

—Eso suena peligrosamente poético.

—Lo es.

Pausa.

—Pero también es cierto.

Porque durante todo este tiempo pensé que estaba ayudando a otros a encontrar su historia.

Empujando el destino.

Guiando las emociones.

Creando conexiones.

Y tal vez sí lo hice.

Pero la parte que nunca vi venir…

era que esa misma misión iba a terminar empujándome a mí.

Directamente hacia algo que jamás planeé.

Miré otra vez hacia Ricardo.

Y esta vez no estaba analizando.

No estaba observando.

Solo… sintiendo.

—Ok —murmuré—. Tal vez esta misión no fue un error.

Marta sonrió.

—No.

—Tal vez fue exactamente lo que tenía que pasar.

Porque al final…

la única misión que realmente importa…

es la que termina cambiándote a ti.



#759 en Otros
#301 en Humor
#2569 en Novela romántica

En el texto hay: humor, drama, amor

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.