Las luces parpadeaban a mi alrededor: rojo, azul, rojo, azul… destellos que rompían la oscuridad y confundían mis sentidos. Permanecía al margen, esquivando las preguntas de extraños. No reconocía a nadie, no sabía por qué estaba allí, ni qué buscaba, ni siquiera quién era. Todo era confuso, un torbellino de pensamientos que giraban como mariposas ebrias en mi mente. Cerré los ojos de nuevo, pero a lo lejos percibí a alguien: una chica que me observaba con ojos llenos de compasión.
(…)
Recuperé la conciencia en una camilla de hospital. Una enfermera atendía a otros pacientes mientras yo miraba por la ventana hacia un amplio estacionamiento, donde familias llegaban y se iban, ajenas a mi confusión. Las horas pasaban lentas, casi torturantes, y un suspiro escapó de mis labios.
—Hola, buenos días. ¿Cómo te sientes? ¿Aún duele?
—Buenos días —respondí con un gesto leve—. Sí, un poco, la espalda…
—No te preocupes, en la tarde te darán de alta. Has tenido suerte, solo son golpes y cortes leves.
—¿Usted cree?
—Sí, que te asalten así y que no te roben nada es pura suerte.
—¿Sabe lo que me ocurrió realmente?
—Mmm… Dos estudiantes te encontraron saliendo de un callejón. Llevabas la ropa rasgada y te desmayaste frente a ellos.
—¿Llamaron a la policía?
—Sí. Antes de irte tomarán tu versión de lo sucedido.
—Entiendo, gracias por contarme.
—De nada. Ahora descansa —dijo, sonriendo con sinceridad y un dejo de coquetería.
No podía quedarme allí. Si la policía llegaba y yo no estaba preparado para hablar, todo se complicaría. Salí a hurtadillas, sosteniendo mi estómago y mis costillas doloridas. La enfermera tenía razón: solo golpes y cortes leves, nada más.
(…)
Caminaba sin rumbo, y aunque creía estar en una ciudad, el paisaje me decía otra cosa: un pequeño pueblo, sombrío, apagado. Los edificios más grandes eran el teatro, el cine y el hospital. “¿Acaso Natasha vive aquí?” pensé.
Saqué mi celular y revisé la galería hasta encontrar una foto de Natasha que le había tomado en mi apartamento. Con eso en mano, comencé a preguntar a los transeúntes, pero nadie parecía dispuesto a responder.
Mi corazón se aceleró al ver al hombre de la cafetería frente a una ferretería, pero pronto desapareció con una mujer de cabello rojizo, y ambos se marcharon en una camioneta. Mis esperanzas de encontrarla parecían desvanecerse.
Al mediodía entré en un pequeño restaurante, atendido por dos jóvenes, que parecían hermanos. Pedí el primer plato que escuché y, mientras comía, noté a la hermana de los chicos observándome una y otra vez. Finalmente, se acercó.
—Perdona, ¿puedes ayudarme con un poco más de jugo?
—Claro —dijo, tomando el vaso y dirigiéndose a la cocina—. Por cierto, tú no eres de aquí, ¿verdad?
—No, estoy de visita, pero me he perdido.
—Ah… dime cómo es tu familiar, quizás lo conozca —dijo. Saqué la foto de Natasha y su expresión cambió de risueña a seria.
—Te parece si nos vemos afuera a las cuatro de la tarde. Ahí te daré la respuesta —propuso.
El tiempo pasaba lento, pero finalmente, a la hora indicada, salió. Su vestimenta era llamativa: falda corta, medias negras por encima de las rodillas, blusa que dejaba entrever su ombligo.
—Creo que no deberías mirarme así, si vienes por tu novia.
—No era mi intención —respondí, nervioso.
—Tranquilo. Vamos a un lugar más apartado, aquí todos se conocen.
Caminamos hasta una zona industrial. Mi desconfianza era grande; acababa de salir del hospital y no estaba listo para otro conflicto.
—Su nombre es Natasha, ¿verdad?
—¿La conoces?
—Sí, hablamos algunas veces, es alegre —dije, tratando de transmitir confianza—. Pero hay rumores sobre ella…
—¿Qué rumores? —pregunté, con un escalofrío recorriéndome el cuerpo.
—No deberían preocuparte, son falsos. Solo personas malintencionadas… su padrastro es responsable de muchas mentiras sobre ella. Natasha es buena de corazón, pulcra y cuidadosa. —La voz de la joven se quebró al contarme lo ocurrido.
—Los rumores son injustos, absurdos… viniendo de alguien como Natasha, que dedica su tiempo a leer, a cuidar de su madre, a dar lo mejor de sí a quienes la rodean. Recuerdo aquel día como si fuera ayer —dijo Liana, su voz bajando un tono, cargada de seriedad—. Era su cumpleaños, tenía diecinueve años, y regresaba de la ciudad. La vi caminar con esa sonrisa que parecía iluminar el mundo, y nos quedamos platicando largo rato. Me contó que planeaba estudiar en una gran universidad y, con cierto arrepentimiento, me confesó que había conocido a un chico pero que no había logrado averiguar su nombre.
En ese instante apareció su padrastro —ese hombre que no me inspira confianza ni un segundo—. La agarró de la mano con fuerza y la llevó hasta su auto. Recuerdo cómo su cuerpo temblaba, cómo sus hombros se encogían, y pensé que estaría bien, porque su madre iba con ella. Pero no lo estaba.
—Yo vivo justo al lado de la casa de Natasha, y te aseguro, es un hogar hermoso… hasta que el ruido se rompe —continuó, con un nudo en la garganta—. Esa noche, cuando regresaba del trabajo, escuché gritos que nunca olvidaré. Su padrastro la insultaba con palabras hirientes: “Zorra, después de todo, lo único que querías era acostarte con mi marido, desgraciada”. Natasha lloraba desconsolada, sin poder defenderse. Salió de la casa corriendo, y yo corrí tras ella. La encontré en medio de la calle, con los brazos temblorosos y una de las tiras de su blusa cortándole el hombro. La abracé como pude y la llevé a mi casa. Nunca la había visto tan callada, tan sombría. Incluso con el alcohol rozando su herida, apenas se quejó.
Los rumores fueron crueles y despiadados: la acusaron de haber mantenido relaciones no solo con su padrastro, sino con otros hombres. Pero créeme, ella no es así, Nath no es una cualquiera. Es buena de corazón, pulcra, íntegra. No podría cometer tales atrocidades. Estoy segura de que todo fue inventado por su padrastro, ese viejo bastardo. Un hombre sin escrúpulos que ha sembrado odio y miedo en el pueblo, y que ha logrado que muchos, injustamente, le teman o lo odien. Pero Natasha… Natasha es otra cosa. Ella es luz en medio de la oscuridad, y nadie, ni esos rumores, ni él, podrán empañar eso.