Cassander
Una semana.
Una semana entera en el castillo otra vez.
Las paredes de piedra labrada no tienen más que millones de recuerdos cada vez que las veo.
Pero no he venido por eso.
Tengo demasiadas personas a las que complacer y no puedo perder el tiempo. Koren dijo que no podremos financiar más rubíes para venderlos a Valkrety, así que tenemos que buscar una fuente de capital cuanto antes. El único problema es que sin las caravanas después del incendio no hay demasiado de donde podamos obtenerla.
Pensé en lo único que podría ser coherente, en ir a Valkrety para negociar por cosas más o menos del valor de lo que tengamos, pero de una forma bastante insensata acabé aquí otra vez.
Sólo que ya no soy el capitán de la guardia del Grupo Escarlata.
Ahora soy el capitán de la Guardia Real de Poregrath.
De una manera u otra.
Camino por los pasillos interminables que llevan hasta el exterior, fuera del subterráneo que es el calabozo en el que guardan tantas armas en bodegas.
Una vez que salgo me encuentro a mi nuevo grupo de vigilancia, que no tiene entre sus miembros a Dewell, a Nevyan ni a mi mejor amigo.
No, ahora es todo distinto. Todos los presentes están a mi cargo y no tengo nadie a quién llamar amigo aquí.
Estoy al servicio del reino, y, por ende, de la corona.
No tengo tiempo para nada más ni lo tendré. Ni siquiera para proteger a la chica por la que con gusto moriría.
No, eso ya no será.