La monarca de Poregrath

9

Cassander

La veo quebrarse, llorar con el corazón hecho pedazos.

Y todo es culpa mía.

Me niego a abandonar mi sitio tras una de las columnas en forma de arco que sostienen esta parte del castillo, porque no quiero que le pase nada. Rhea es más fuerte que esto, pero se permite sufrir a mi causa.

Yo me lo permito también por ella.

Todavía con la ropa empapada, no se mueve del lugar en el que discutimos y estuve a punto de ir para aclarar todo, pero retrocedo.

Quiero decirle que esto es por su bien, quiero decirle que, aunque ahora parezca que la odio lo es todo para mí. Sólo quiero que lo sepa.

Un rato después recorro el pasillo que lleva a mi habitación, en el segundo piso de la fortaleza de entrenamiento. Miro el lugar, ordenado, que parece justo lo que merezco.

No lo es.

El pensamiento me llena de furia el corazón y hace que tire los papeles sobre el escritorio con violencia. Un par de vasos caen, pero no me molesto en evaluar los daños sin importar el vidrio roto a mis pies.

Incluso si este era el lugar que quería ocupar en el mundo desde hace muchos años, ya no lo quiero. Ya no lo quiero porque Rhea no está conmigo.

Siento el familiar escozor de las lágrimas antes de derramarse, pero algo en el piso llama mi atención.

Un mapa que está bastante remarcado. Estos informes debieron llegar esta tarde mientras me ocupaba del asunto de las prisioneras, pero parece más urgente que los otros. Estaban en la parte superior de la pila.

Sostengo el mapa con cuidado y cuando por fin comprendo, si antes me faltaba la respiración ahora es peor: tiene encerrado el sitio del bosque en que debe estar nuestro campamento.

Sólo hay una razón por la que su majestad querría ir a visitarlo.




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