La monarca de Poregrath

19

Cassander

Su mirada, su sonrisa... incluso su hostilidad, todo es precioso.

Me dejó sin palabras y es justo decir que sin aliento.

Yo la conocía. La conocí, porque ahora no sabía que era capaz de imponerse como lo hizo.

No me la quito de la cabeza aun cuando pasan los días.

Ahora sé qué es lo que quiere, quiere convertirse en reina. Lo logrará. Si su corazón se endurece lo suficiente olvidará sus sueños, nuestros sueños. Y no tengo problema con ello.

Así los días serán mejores.

Hoy es la fiesta de la coronación, en el salón más grande del palacio. Realizo las líneas y líneas de formación que custodiarán el lugar por fuera y dentro.

Desde que Dewell se unió a la guardia, ya no me es del todo indiferente que Viverette esté aquí también, porque él va muy seguido a verla.

Sin importar que los dos tengan roles muy distintos.

Es envidiable.

Recorro los pasillos que presiden al salón, tratando de hallar cualquier fallo en las formaciones.

Nada distinto a lo que pidió el príncipe Hael, ya que Declan ni siquiera interviene cuando son asuntos militares.

No sabe lo que significa ser rey.

Termino el protocolo y sólo me detengo antes de llegar a las escaleras que llevan al salón cuando noto a la definición de la seducción portar un vestido de blusa blanca de encaje y una falda azul oscuro que le cae en pliegues por las piernas. Rhea se ve terriblemente deslumbrante esta noche. Su piel bronceada contrasta con el encaje, y sobre su cabeza descansa una pequeña corona de flores blancas.

Es caos todo lo que provoca en mí cuando pasa por mi lado hasta los escalones sin mirarme. O más bien lo hizo. Por encima del hombro.

Esa mujer es el amor de mi vida.

Deshago la idea tan pronto como la tengo, porque es patética. Pronto Declan se encuentra con ella en el piso de arriba, vestido con el traje formal de la coronación.

Entran una vez que son anunciados, y ella, sin sorprenderse, sonríe cuando la mencionan como la prometida del rey.

El mundo desaparece a mi alrededor y sólo es ella en lo alto de las escaleras. Él se lo pidió por fin. Y ella aceptó.

No lo entiendo.

Ella estaba conmigo, ella es mi felicidad. ¿Por qué ahora debo alejarme, por qué ella me aleja?

No es justo, pero no estoy en posición de discutirlo.

Decido que esta noche no supervisaré nada, y me alejo pasillo abajo no sin antes notar que justo antes de atravesar las puertas de madera hacia el salón, Rhea me miró con duda.

No sé si estoy enloqueciendo, si su ausencia está haciéndome alucinar. Pero en serio sentí que me miró con culpa.

El gesto desaparece pronto, al tiempo que ella va del brazo de su prometido. Hacia su futuro. Uno en el que no tengo ni la más mínima intención de estar.

Eso es lo que ella quiso. Mientras yo tuve que ocultar mis sentimientos por ella para protegerla, el rey no se molesta en ocultar el aprecio que le tiene frente a la corte.

Porque él no la ama. No pueda amarla si no conoce a la chica que ama las flores, que las conoce a todas por sus nombres. No sabe nada de Rhea, y espero de una forma egoísta que así siga.

No quiero que nadie más la conozca como yo y pueda presumir de ello. No quiero compartir sus risas, sus caricias, que me matan al no estar en mi cuerpo desde hace un tiempo cruel. Pero, sobre todo, no quiero compartir sus labios.

Termino por decidir una vez que estoy en el jardín de entrenamiento que cuando sea su boda no asistiré. No quiero morir. No pronto, al menos.

Quisiera pensar que ella sabe por qué ahora la odio y deseo que entienda que debe ser recíproco, no alimentar mis ansias y deseos de tenerla a mi lado como antes.

Mi vida sería con ella. Yo le pertenezco. Y ahora no puede saberlo.




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