Rhea
—Ahora mismo creí que estarías esperando en el estudio.
La voz de Declan me corta la respiración, obligándome a apartar la mirada del capitán.
No sé en qué momento llegó, pero de verdad espero que no haya escuchado toda nuestra conversación. Me aliso el vestido con nerviosismo que trato de disimular.
—¿Había algo para esta noche? —pregunto, y noto que Cassander hace una reverencia al rey, que poco sirve para que cambie su expresión.
Declan pasa la mirada de uno a otro hasta que le dice al pelirrojo que puede retirarse.
Intercambia una mirada conmigo antes de irse, no está seguro de que deba quedarme sola.
—Quería revisar las notas de los mapas —murmura, sin apartar su mirada de la mía. Suelto el aire que estaba conteniendo cuando lo veo sonreír un poco—. A lo mejor también te convenía ver en qué invertiste los últimos días, ¿no lo crees?
La frontera. Era eso. Lo sigo hacia el interior del castillo, cruzando los pasillos con algunas miradas siguiéndonos.
El anillo de repente me estorba, siento que debí quitármelo antes de bajar.
—Mapas —asiento, cuando por fin cierra la puerta del estudio—. También quería hablarte sobre unos libros, los he estado viendo en las clases.
—¿Hablas de los libros de historia? —murmura el rey, sin dejar de mirar por la ventana. No sé qué, pero algo lo hace dejar caer el terciopelo morado de la cortina de nuevo, que protege el lugar de la luz de la luna—. Yo sugerí que te los entregaran, así que lo siento si no te gustaron mucho.
—No es eso —replico, sentándome en la silla frente a su escritorio—. He estado pensando bastante durante los últimos días, y las relaciones comerciales que tenemos con Valkrety llevan años de concretarse, así que ¿firmar para renovarlas no sería lo mejor?
Pasa tanto tiempo en silencio sin dejar de anotar que continúo. Me da la impresión de que no sabe de qué hablo.
—Es decir, lo del matrimonio de tu hermana y el príncipe no nos asegura que nadie vaya a querer mantener la paz, no es una garantía.
—Los matrimonios por conveniencia se usan para sellar ese tipo de relaciones —asiente sin despegar la vista del papel. Parece ser un informe—. ¿Por qué te inquieta?
En realidad, es un motivo bastante largo, pero no puedo extenuarlo justo ahora. O al menos no del todo.
—¿Tú crees que Asterin es cercana a Hael?
—¿Cercana? ¿Qué quieres decir con eso?
—Es que... últimamente..., no lo sé, sólo no lo noto.
—¿Quieres proteger al reino por si se separan, es eso lo que dices?
—Nunca está de más, y aunque yo no llevo mucho tiempo aquí...
—Es precisamente por eso que no te compete —replica, por fin mirándome con desconcierto.
Nunca me había hablado así. No puedo evitar la sorpresa, pero sigue.
—Dime, ¿te gustaría que alguien se metiera a indagar en nuestro compromiso? —sonríe, como si yo fuera una niña a la que tiene que explicarle algo—. No lo creo, y mucho menos en tu matrimonio.
—Declan, no me refería...
—Tu afán de dejar mal a Asterin comienza a inquietarme, Rhea —el joven rey suena divertido con el descubrimiento, pero comienza a impacientarme—. ¿Tu amistad con ajenos a la corona te hará vernos de otra manera?
—¿De qué hablas? Yo no me refería a su matrimonio porque me interese —replico, irritada—. Lo digo por el reino.
—Uno del que pronto serás reina, pero recuerda que los asuntos militares son lo único a tu cargo por ahora.
No sabía eso.
—Al menos es lo que dice el consejo —aclara con amargura—. Que la reina irá a la guerra mientras el rey trata de descubrir cómo demonios convertirse en uno de verdad.
—Ellos no saben...
—Tú tampoco sabes nada —dice, y lo desconozco de verdad—. Tu tiempo aquí ha sido miserable, y te las arreglaste para volcar al consejo en mi contra, señorita estrategias. Dime que no lo pretendías, futura esposa. Porque has hecho de todo menos apoyarme.
—Los asuntos del reino son asunto de ambos, estoy ayudándote...
—¡Estás ayudándote a ti, a eso te dedicas! —replica, aporreando la mesa con las manos ahora que se ha puesto de pie.
Este no es Declan, no lo es. Me mira como si fuera una amenaza.
Su mirada enfurecida se rompe tras unos instantes, cuando se sienta de nuevo para pasarse una mano por la cara.
—Retírate, ¿sí? Ya hablaremos después de los mapas.
—Declan, de verdad...
—Quiero que te vayas.
Le doy lo que quiere. Tampoco me apetece hablar con él.
Salgo del estudio dando un portazo, sin poder evitarlo.
¿Por qué se me ocurrió hacer esto? ¿Por qué tuve que escuchar a la primera persona que me encontré?
Mientras recorro los pasillos hasta mi habitación, me es más claro que nunca todo lo que está sucediendo, por qué un trozo de metal me pesa tanto en el dedo.
No pienso pasar mi vida al lado de ese hombre, pero tampoco pienso pasar la vida sin la venganza que me merezco por todas las veces que me trataron como el rey pretende desde la noche del baile.
Para lograr eso, no me puedo permitir distracciones.
...
Según he escuchado, Declan ha estado demasiado ocupado desde la noche del intento de ataque al castillo, cosa obvia tomando en cuenta su papel en ello. Yo estuve más que ocupada los últimos días, y no especialmente en algo que me guste.
Las lecciones de etiqueta se combinan con las de geografía y política, y aunque encontré un nuevo lugar en el castillo en el que pasar el tiempo, la biblioteca está llena de escritos que no entiendo si no tomo las clases.
Es una tortura no saber cosas que todos sí en este lugar.
Levanto la vista de la fruta que comía para ver a Asterin y Hael entrar en el comedor, apenas dirigiéndonos la mirada. Eso no preocupa mucho al rey, que sigue hablándome como si nada del clima y el calor que se espera dada la temporada que recién inicia. Es como si estuviéramos en el campamento de nuevo, y con la camisa blanca que lleva hoy me recuerda de verdad a cuando no tenía que irse con el grupo y se quedaba conmigo y Viverette a pasar la tarde.