Hael
La ceremonia transcurre sin precedentes, pero la verdad es porque no le dieron ganas de ocasionar ninguno.
Si la reina quisiera, ahora mismo el salón de baile sería un caos, pero está muy ocupada fantaseando con su futura vida.
Lejos de los planes que teníamos, de los planes que esperábamos cumplir entre los tres.
Yo estoy de acuerdo con lo que Rhea decida. Es mejor si me evita tener que dañar a Asterin, y ahora mismo realmente no tenía la intención de lastimarla.
No cuando sé que pronto seremos padres.
La vida de un príncipe no tiene doble lienzo, es uno, la misma pintura. La que otros llenan de colores porque eres incapaz de tomar el pincel y pintar cuántas cosas quieras. Es porque, aunque el lienzo está vacío, sólo puedes esperar a ver el resultado.
Rhea no nació entre la nobleza, pero su temple lo exige. Tarde o temprano estaría entre nosotros. La admiro de una forma que mis hermanas alguna vez estuvieron cerca de ganarse, pero se dejaron llevar por nimiedades de la vida.
Sylwen escribiría su historia conmigo. Solía ser mi confidente, mucho más que eso antes de conocer a Asterin.
Toda mi vida la pasé deseando ser lo suficientemente bueno para mi linaje de sangre, además de deseando tener una vida junto a Sylwen. Ella, la muchacha más preciosa que he visto jamás, debía ser mi esposa.
Sin embargo, sus ojos cafés y mirada esquiva no bastaron para juntar nuestros caminos. Terminó ocurriendo lo opuesto a lo que creíamos, pues pensábamos que se acordaría nuestro matrimonio mientras éramos jóvenes.
Nadie esperaría que Poregrath quisiera casar a su heredera con el príncipe de Valkrety, que, si bien solía ser el aliado del reino, nunca mostró un verdadero interés comercial o fraternal en la nación.
Fue una verdadera sorpresa que me dejó sin tiempo para despedirme de Sylwen.
A pesar de que al inicio quise enviarle cartas y mantenerla al tanto de que todo era una fachada, pronto comprendí que era imposible. Todavía no sabíamos que el rey Declan volvería al trono, se sabía que había desaparecido, así que en algún momento Asterin se convertiría en reina y yo en el rey.
Tan lejos de ser lo que yo quería, dejé de lado a Sylwen. Debía ser un líder, prepararme al menos para serlo. Y si mis convicciones fueron bien fundamentadas, como estuve seguro y lo estoy, ahora tenía un deber con Asterin. Sin importar qué tan poco sintiera ella por mí, me aferré a cumplir con mi deber.
Tarde o temprano, le encontré cariño a las cosas que apenas y notaba. Ella, en cambio, era distante y frívola cuando yo trataba de mejorar las cosas.
No fui egoísta jamás, no esperé que me quisiera si arreglaron nuestro compromiso. Supuse que sería una cuestión de orgullo por la que ella no me quería de la misma manera, hasta que me enteré de la verdad.
De la razón por la que la comprometieron, de la razón por la que ella no me entregaba su corazón. No tiene sentido mencionarlo, porque ya no me genera el mismo rencor de antes.
Desde que conocí a Rhea, supe que había algo raro en ella. No raro como si no fuera común, sino raro en el sentido fuera de lo que yo, no cualquier persona, estaba acostumbrado a notar. Ella tenía ambiciones, ambiciones poderosas. Y ahora las consiguió alimentar, a costo de su felicidad.
No entiendo bien su historia con el capitán, y dudo hacerlo nunca. Supongo que es una analogía de lo que el corazón a veces cree correcto y él mismo termina arruinando. Me alegra saber que estará bien, sin importar las veces que ha tenido que fingir justo eso.
Cuando se vaya, quizá Trilaah la culpe por no haber sido más fuerte que sus sentimientos, pero no la culpo.
Si hubiera tenido la oportunidad de escapar como ella planea, la hubiera tomado. Pero nadie me enseñó que estaba bien hacer precisamente lo que yo deseaba.
Tampoco es justo decir que me arrepiento. Más allá de lo que consiga con mi título, tendré una familia. Quizá no la que esperaba, pero debo continuar con el deber. Debo seguir cada paso que se me ha impuesto, porque seguro algo tendrá que ofrecerme.
Rhea hubiera sido una reina excepcional. Lo será en su corto tiempo aquí. O en su tiempo en general.
Es una lástima que su plan no pueda concretarse.
Tengo un deber, un deber que exige olvidar todo lo que me ata a este mundo.
Si mi esposa estará a mi lado todo este tiempo, debo ser leal. Debo derrocar mi alianza con quienes no le hacen buena voluntad.
Porque Asterin también tiene una historia, y varios la desconocen.
Sin importar lo poco vacíos que parezcan los deseos de Rhea, debo anteponer los míos. No me puedo condenar a ser la sombra de la anterior heredera al trono. Tengo que actuar por mi cuenta para demostrarle a Poregrath que fue un error colocarme en su linje.
Y a Rhea que no puede manipular a su placer y necedad las leyes que nos han atado a algunos para siempre a millas de lo que de verdad anhelábamos.