La monarca de Poregrath

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Rhea

No sé cuándo decidí que asistiría a la junta con Declan, pero aquí estamos, unas horas después de casarnos. Todos los miembros de la corte están aquí, discutiendo los últimos términos antes de lanzar la expedición a flote.

Espero que mi falta de opinión no sea sospechosa, pero la verdad no tengo más que añadir, después de todo esta fue mi idea.

Los carruajes salen del castillo por fin, llevando el armamento. Me encuentro en el mismo que el rey, que no para de hablarme sobre los riesgos que esto implica. Le digo que ya lo sabía, pero que las mejoras tienen un precio en cuanto a la corte, y mejor que nadie él debería saberlo.

Desconozco los motivos de ataque de Valkrety más allá de obtener recursos, porque sé que no se trata sólo de eso. Suena hueco, vacío.

Nos detenemos en el muelle, y el pueblo de Poregrath se congrega al escuchar el carruaje de sus reyes. Eso suena demasiado inestable.

Es un panorama político perfecto para el reino, que ha estado viviendo bajo el gobierno de herederos que no ascendían al trono a la espera de una indicación para ello. Los padres de Declan esperaban que volviera, jamás perdieron esperanza de que su hijo fuera el que portara la corona.

Hicieron bien en creer en sí mismos, después de todo.

Caminamos por el empedrado hasta llegar a donde se comienza el traslado de carga hacia el barco.

Parece que se trasladan varios sacos de armas, demasiados. Esto promete acabar con una nueva porción de tierra para el reino, pero sé que no debería confrontarse con Valkrety de ese modo.

No quería iniciar una guerra, pero el rey parece carecer de ímpetu sobre sus convicciones algo más calmadas que las mías.

Eso es algo sorprendente.

El ruedo de mi vestido coral roza mis zapatillas, y me alegro por fin de dejar de lado las horas protocolarias. Oficialmente soy la esposa del rey, y aunque el título no tiene nada de interesante, el hecho de que todos se sorprendieran al verme con él lo compensa.

Es como si no se imaginaran cosa semejante, y los comprendo. No tengo un título más que acompañe el que tengo hoy, no tuve uno anterior.

Los soldados avanzan por la rampa hacia el barco de madera que los conducirá hacia el reino vecino, y aunque el rey no para de repetirme que quizá simplemente se supervise y no se planteen un ataque, yo sé que fácilmente eso podría cambiar.

Cassander se acerca a nosotros y le explica al rey un par de pormenores con lo que ha pedido, pero eso no parece afectar en nada el proceso de embarque.

Declan le pide llevar en alto su nombre, y hacer que Poregrath gane de ser necesario.

El capitán asiente, y de capitán a rey existe un pacto militar a partir de este instante.

Sin embargo, Cassander no se atreve a mirarme. No lo hace hasta que ya se encuentra con el resto de sus soldados, en la baranda del navío.

Observo al capitán que pretende ser por estos instantes, y sé que él observa a la reina que imposto.

Nos prometemos tiempo juntos, porque no es suficiente el que hemos pasado.

Pronto el rey dice que debemos volver al castillo para revisar asuntos militares, y por primera vez tengo ganas de atenderlos por mi cuenta. Me lo concede, y sé qué es lo que haré a continuación.

...

La frontera, la misma que dije que estaría mejor cerrada, está desierta. Ni un solo comerciante refuta pasar, como los primeros meses me contaron que sucedía.

Un grupo de soldados vino conmigo a realizar la inspección, pero Hael no pudo venir. Dijo que tenía asuntos con Trilaah, y espero que sea contarle lo que tengo planeado hacer.

No quiero confrontarla sobre eso.

Me limito a ver a lo largo y ancho la línea de vigilancia, todos nos acercamos cabalgando. Todo se ve en regla, y realmente no sé cómo pude pensar que ocurriría lo contrario. Quizá fue lo que sucedía en otra parte del territorio, el que se planea aliar con nosotros mientras nos apuñala por la espalda.

Escucho un ruido entre los árboles que logra sacarme de mis ideas. Los soldados notan mi inquietud y ofrecen inspeccionar, a lo que niego.

Me acerco hacia los árboles que hay más juntos, en lo más denso del bosque. Tanto que ya no escucho el relinchar de caballos ni las voces de quienes los montan.

No sé qué esperaba ver aquí, pero desde luego no sería a Nevyan rebuscando leña por este lado del bosque. La capucha que lleva se ve pesada, pero es a causa del frío. Está demasiado cerca del pueblo, y según tengo entendido...

Claro. Eso ya no tiene sentido. Se limitaban por Declan, por su seguridad. Ahora pueden ir a donde les plazca.

El chico por fin me nota y suelta un respingo. Ha cambiado, ahora es un muchacho un tanto más alto, pero su mirada traviesa no cambia.

—¿Rhea? —empieza con cautela, y entonces noto que no dejará de mantener la distancia.

—Sí —asiento, sin bajar del caballo. Suspiro, mirando alrededor—. ¿Cómo estás, Nevyan?

—Yo... creo que estoy bien.

Me mira con algo de miedo, uno que me gané. Lo entiendo por completo.

—Así que, ¿ahora eres reina?

Asiento de nuevo.

—Sé que es cruel de mi parte preguntar, pero ¿cómo están las cosas?

—¿No se lo contarás al rey?

—No si me pides no hacerlo.

—Entonces te lo pido. Koren no aparece desde la noche en que hubo la ceremonia para... para Dewell.

Su mirada se vuelve sombría, y recuerdo lo cercanos que eran.

—Lamento mucho lo que le pasó.

—¿Estuviste ahí entonces? —pregunta en voz baja—. ¿Viste cuando sucedió?

Niego, impotente.

—¿Cómo está Viverette?

—Tan bien como podría —murmura el chico, quitándose de encima el gorro de la capucha azul que llevaba puesta—. Las cosas no han ido nada bien.

Me quedo en silencio igual que él, aunque parece estar concentrado en apilar piezas de madera.

Seguro para la fogata al centro del campamento.

—¿Crees... que Viv me odie? —me escucho preguntar con voz temblorosa.




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