Rhea
—¿Debería preocuparme el hecho de que hay fácilmente un litro de tinta derramada en medio del escritorio?
Me soplé un mechón de cabello de la cara, satisfecha con el resultado.
—No, porque la tinta está seca —replico con una sonrisa. Hael no se acerca hasta donde estoy, aunque en cierto modo lo entiendo.
Hay una cantidad para nada sana de mapas por todo el piso de la habitación, que normalmente está vacía porque no me gusta quedarme por aquí. No me gusta quedarme sola, lejos de los grandes ventanales que dan al campo de entrenamiento.
Ahora que no hay mucho que ver por ahí, claramente puedo pasármela encerrada.
Pero he aprovechado el tiempo al máximo, todo por el príncipe que me ayudará dentro de poco.
—Este es mi plan para Poregrath. Míralo y deléitate. Son todas mis investigaciones sobre mapas, impuestos, fronteras, rutas y comercio. Suficiente para un año, más o menos.
Hael se queda mirando los mapas y a mí alternativamente.
—¿Qué? Tiene cálculos —añado a toda prisa, yendo hacia el escritorio. Tomo un par de hojas y se las enseño—. Es todo verídico, lo prometo. No te di nada emocionante en tu cumpleaños, así que esto podría considerarse.
De nuevo, Hael se pasa una mano por el cabello ébano. No sé qué le pasa.
—Quiero decirles que he concretado el plan de la mejor manera en los últimos cinco años —Trilaah entra en la habitación, cerrando de un portazo. Mira a ambas ventanas antes de soltar un suspiro—. Tenemos el problema más que resuelto.
—¿Eh? —Hael por fin sale del ensimismamiento.
—Te aseguro que podré verlo después —se apresura Trilaah, cuando me adelanto hacia ella con los mapas—. Van a escucharme porque estoy más que convencida de que esto los sorprenderá.
Intercambio una mirada con el príncipe mientras ella se sienta a la orilla de la cama.
—El té de lavanda es bastante relajante... —empieza, y me impaciento.
—Tengo cosas que hacer, así que ve directo a lo que quieres decir.
—Está bien, está bien. Asterin ha estado bebiendo infusiones para mareos.
—Vaya. Aplaudamos todos.
—¿Saben quién prepara esas infusiones? —añade, sin dejar de observarnos—. ¿Saben quién le ha estado poniendo dentro polvo de Kralta?
—¿Qué es el polvo de Kralta? —empieza Hael, desconcertado.
—Es un... es un veneno progresivo —me oigo decir en un hilo de voz.
El príncipe abre los ojos con incredulidad.
—No puede ser —niega, confundido—. No, no, no.
—Escucha primero —Trilaah trata de tomarlo del brazo pero él se libra para correr hasta la puerta.
Apenas sale al pasillo comienza a gritar por ayuda, para que llamen a un médico.
—¿Qué le pasa? —mi amiga se queda estática, irritada—. ¿No todo este tiempo ha tratado de librarse con eso?
—El polvo de Kralta no es un veneno progresivo —empiezo a razonar. Miro a mi amiga con cautela—. Al menos no en esta época del año.
—¿Entonces qué puede ser peor que el hecho de que sea un veneno?
—Deja al cuerpo entero sin defensas —murmuro, y una idea se hace presente en mi mente.
No es lo que creo. Rio de incredulidad. Claro que no, el plan de Hael era estar con Sylwen para que Trilaah concretara el suyo. Lo que hizo es simple acto de humanidad.
—¿Ahora de repente quiere estar con ella? —se ríe Trilaah, incrédula—. Es una marioneta, todos tienen razón. Sólo le falta ayudarla a clavarle una espada en el pecho.
—¿Hace cuánto tiempo Asterin bebe eso?
—Desde la noche en que te enfadaste con Hael. Se ha estado comportando como un paranoico desde entonces, ya lo tendrá comiendo de su mano.
Me quedo en silencio, hasta que Nadira y Eva entran sin tocar, cosa que me deja sin aliento por lo poco habitual que eso es.
—La princesa... —solloza la primera, mirándome—. Alguien trató de asesinar a la princesa.
Por lo que yo sabía a ellas Asterin no les parecía una gran amiga, pero ahora es lo contrario.
—El bebé... —sigue, histérica—. El bebé se hará daño con el veneno.
Me atraganto con mi propia saliva, como hace mucho tiempo no me ocurría. ¿Qué? ¿Tenía razón? Siempre pensé que Darcie mentía respecto a ese polvo, viene de unas bayas que se aplastan al estar secas.
Siempre les decía a los niños que se alejaran de ellas, porque antes de ser peligrosas tienen buen aspecto.
—Lo voy a hacer pagar —digo, en medio de la crisis nerviosa que esto me provocó—. Lo haré pagar.
Nadira y Eva salen de la habitación en cuanto me escuchan, y ya me acostumbré a ello. Aquí todos saben de mi mal humor, y de las consecuencias. Al menos desde la ceremonia con Declan.
He estado al frente desde entonces, porque el rey parece ocupado midiendo qué tanto puede hacer nuestro reciente aliado, que al final resultó estar tratando de apuñalarnos por la espalda.
No me sorprende, pero sí que no hayan intentado nada contra Declan cuando viajó en barco hasta allá.
Eso es todo un misterio.
Suspiro cuando me encuentro junto a Trilaah sola de nuevo, sin poder creer lo que hizo el idiota de Hael. Todos son unos traidores.
Hasta que recuerdo que no soy parte del plan más.
De verdad quiero comenzar a adaptarme a la idea de dejar el palacio, pero estar aquí no ayuda a despejar la mente. Todos los días trato de adentrar más la mente en el destino que me espera en el bosque, junto a Cass.
Él es mi fuerza en medio de toda esta farsa.
Y desde la boda, no hago otra cosa antes de dormir más que imaginar cómo serán nuestros días juntos. Lo extraño mucho, y de verdad espero verlo pronto, con bien.
De lo contrario, Valkrety sufriría las consecuencias.
Aliso la falda del vestido al tiempo que me siento en la cama junto a Trilaah.
No sé cómo describir cómo se siente ella.
Parece trastornada.
—Sé que esto no te lo esperabas —empiezo, pero ella se adelanta con una exhalación rota.
—Esto me arruina, Rhea. No sé cómo pudo hacernos esto.