Empezó el invierno arrasando con lo que quedaba vivo o tenía oportunidad de vivir, había salido al jardín de casa para observar las flores inertes, una me causó curiosidad, era una de color verde que a pesar de la nieve que la rodeaba no la mataba ni parecía hacerle daño. En eso se acercó mi padre por detrás y dijo:
-¿Qué estás haciendo aquí afuera?- Dijo serio.
-Solo observó las flores- Dije.
-¿Las flores? ¿Enserio?- Preguntó con una leve burla.
-Si- Respondí.
-¿Entonces ahora te la pasas perdiendo el tiempo observando algo absurdo?- Preguntó con humor, algo raro en el.
-No es absurdo- Dije.
-¿A no?- Dijo.
-No- Dije.
-De acuerdo, demuéstramelo, si me demuestras que estás flores no son absurdas te regreso a la escuela- Dijo como si de una apuesta se tratará.
-¿Miras esa verde de ahí? Es muy fuerte contra la nieve, no deja que la dañe- Dije.
-Eso es hierba mala, no una flor- Dijo.
-Pero resiste ¿No?- Pregunté.
-Si, pero no es una flor- Dijo.
-Eso ya se, pero veo que no te fijaste en lo importante- Dije.
-De acuerdo listillo, entra a casa, vas a resfriarte- Dijo ya molestó.
Cuando entramos a casa, el no me dijo nada más y se alejó a su habitación, sabía que no me volvería a meter a la escuela, discutir con un adulto era como discutir con un bebé y esto que era mi propio padre. Sin embargo, lo que yo pensé fueron en aquellas flores, pues aunque ya habían dejado este mundo, fueron muy importantes en el, desde su comienzo hasta el final. Luego pensé en la hierba, lo fuerte que era y como se mantenía recta a pesar de soportar cantidades de nieve y aire denso, algo que cualquier planta no soportaría. Entonces llegue a la conclusión de que mi padre tenía razón en solo una cosa, la hierba no es una flor.