La muerte del amor

Capítulo 02 · Encontrarnos en la oscuridad

II

MARLENE

Me pediste que escribiera nuestra historia para cuando cumplamos un año de relación, todo con la promesa de que entonces tú escribirías tu versión para mí en el caso de que cumpliéramos los dos. Me pareció romántico, no voy a mentirte. No existe cosa que puedas hacer que no me parezca encantadora, Louie. Así que voy a empezar esto contándote mi mayor miedo hoy en día.

Crees que ya lo sabes, ¿o me equivoco? Siempre asumes que vas a ser capaz de predecir hasta mis pensamientos. Dices conocerme tan bien como para adivinar lo que voy a decir antes de que salga de mi boca cualquier tipo de palabra. No estoy segura de si es o no tu intención, pero me haces sentir predecible.

Cosa que odio, no voy a mentirte.

La peor parte es verte tener la razón. Detesto decir algo y escucharte responder con tu vocecita de superioridad que ya sabías que diría eso. Me haces sentir débil, lo quieras o no. Es algo que no te gusta que diga, pero por suerte no vas a evitar que lo escriba. ¿Cómo vas a conocer tan bien a alguien que todavía ni sabe por sí misma hacia dónde va? ¿Por qué te quedas conmigo de todas formas? ¿Yo te dejo que me conozcas tanto sin darme cuenta o es que me prestas atención y ya está?

Mis inseguridades no son tu culpa, Louie. El problema es que no quiero que terminen afectándote a ti también.

Ese es mi miedo, el único que creo que no podrías adivinar nunca. O al menos eso espero.

No tengo ni idea de en qué circunstancias vayas a leer esto. Me alegra pensar que de verdad estás tan seguro de que llegaremos a tener dos años de relación. Da la impresión de que piensas que nos casaremos algún día, y me molesta no poder soñar tanto como lo haces tú en ese sentido. Quiero imaginarnos juntos toda la vida pero no puedo, tengo tanto miedo de perderte que me es imposible.

Te lo expliqué una vez, que pienso que el amor se divide en etapas. Ahora mismo estamos en la segunda, o al menos eso pienso. Me gustaría detener el tiempo ya. Quedarme aquí, con el Louie que eres ahora y la persona que soy contigo, sin la posibilidad de que esto se cague.

Pero tiene que cagarse.

Tenemos que inventar el resto de las etapas.

Espero que dentro de un tiempo seas tú el que me cuenta cómo nos fue. Quiero leerme de aquí a dos años y poder pensar que tenía miedo de algo que al final no nos sucedió. Sería lo más romántico, ¿no? Al final, es por eso que quieres que escribamos esto. Te contaré nuestra historia desde mis ojos para que luego tú escribas, dentro de un año, estemos donde estemos, un final.

Es broma. Con suerte escribirás sobre nosotros de viaje por el mundo. Tocamos madera.

Ahora bien, vayamos a lo que ya sabes. Las fases.

Creo que antes de las propiamente dichas siempre hay una pre–etapa, ese momento antes de que empiecen los sentimientos como tal. Tuvimos una pequeña discusión por eso, ¿recuerdas? No podíamos ponernos de acuerdo en sí cuenta o no como amor el empezar a conocer al otro. Te dije que para mí no, y teniendo en cuenta que considero esta hipótesis más mía que nuestra, vamos a dejarla en pre–etapa. Es la más lenta y aburrida, no voy a mentirte. Contigo es raro porque nada parece tener dentro de sí la potencialidad de ser aburrido, pero de alguna manera u otra cumplimos y a la vez evitamos todos los problemas de conocer a alguien y empezar a enamorarte.

La primera vez que nos vimos fue en detención, pero nada interesante pasó entre nosotros.

¿Sabes cuándo empezamos de verdad para mí?

La noche de la fiesta en casa de Joanne.

A diferencia de muchas otras noches, esa empezó terriblemente mal pero logró mejorar de manera gradual. Lo que al principio pareció ser un día más que pasaría sola en casa por culpa de mi madre, al final se convirtió en una escapada triunfante por mi parte. No es como si yo, Marlene, fuera del tipo de hijas que hace ese tipo de cosas. La verdad es que en la normalidad ni siquiera hablo con mi madre, pero cuando quiere prohibirme algo es cuando está tocando un punto sensible.

Es como si sintiera que tiene algún tipo de derecho sobre mí, cuando es obvio que perdió tal poder hace ya bastante.

—¿Mar?—me preguntó, apareciendo por sorpresa detrás de mi puerta—. ¿A dónde crees que irás?

La miré con incredulidad. Yo estaba sentada frente al espejo de mi habitación, maquillándome, hacía alrededor de una hora. Siempre me gusta tomarme mi tiempo para este tipo de cosas. Verme en el espejo me hace sentir insegura, pero de alguna manera poder cubrir justo lo que me molesta ayuda a mi autoestima. Sigo sin entender si es correcto o no, pero me da igual. Seguiré haciéndolo incluso cuando pueda comprender mis razones detrás del maquillaje.

—Hay una fiesta en casa de Joanne—respondí sin prestarle mucha atención, volviendo a lo que estaba haciendo—. Bailee pasará a por mí.

—Pensé que esa chica te caía mal—replicó, cruzándose de brazos.

No pude evitar soltar una leve risilla.

—¿Y eso a ti qué te importa?—estaba haciéndome el delineado, así que permanecí en silencio, atenta a mi pulso, durante unos segundos. Cuando terminé, chequeé que el resultado me gustara y luego giré para mirar a mi madre otra vez—. ¿Qué quieres?




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