La muerte del amor

Capítulo 38 · ¿Nada es suficiente para quererme?

XXXVIII

FLYNN

Si hay algo que realmente puede molestarme de un segundo a otro, eso es que me cambien los planes. Dale las gracias a mi madre por tan linda característica.

Es peor cuando me mienten.

¿La cereza del pastel? Que yo haya cagado tantas cosas por culpa de eso.

Puede parecer exageración, pero de verdad fue un golpe bajo enterarme que teníamos al menos una hora de espera hasta que la fiesta comenzara, y que bien podríamos haber pasado era hora con mi madre sin la necesidad de irnos como nos fuimos. Pero al final, lo quisiera o no, eso era totalmente mi culpa. Iba a tener que ser yo quien enfrente luego las consecuencias.

Si no me mataba Catábasis, lo haría mi madre.

Tampoco hicimos mucho mientras esperábamos. Ron se ocupó de pensar bien, paso a paso, el plan y lo que haríamos. Kit y tú se la pasaron bromeando a los gritos como si fuesen amigos de toda la vida, usando la excusa de que de esa forma cualquiera que nos viera ahí iba a creer que no éramos más que un inocente grupo divirtiéndose un domingo.

Les divertía en exceso molestarme, algo que al parecer tenían en común. Llegó un punto en el que no sabía si toleraba menos la presencia de Ron o el insoportable de Kit diciéndome:

—¿No te molesta saber que si fuésemos los protagonistas de una película, todos me preferirían a mí antes que a ti?—y luego te miraba, esperando que siguieras la broma.

Cosa que morías por hacer, sin lugar a dudas.

—Eso es lo que ganas por ser el bueno—con una sonrisa de oreja a oreja que jamás veía en ti—, todos quieren a la versión malvada del protagonista.

—Marlene sabe lo que se hace—te seguía el rubio con su actitud y energías que a mí me resultaban asfixiantes, pero que tú en cambio sabias aprovechar—. Te falta maldad, nene. Por eso siempre voy a ser el favorito.

No estaba de humor como para ese tipo de bromas, pero a ustedes poco les importaba. La energía de Kit combinada con tu habilidad para ir en mi contra tampoco me importaba ni me afectaba en lo más mínimo, pero tenía mejores cosas en las que pensar. Temas que valían la pena, como todo lo que iba a acontecer en cuanto cayera el sol.

En determinado momento, Ron se me acercó con una expresión de culo increíble. A ninguno de los dos le agradaba tener que tratar con el otro tras lo que había sucedido, y yo lo conocía demasiado bien como para saber que él también creía tener una razón para ser el que estaba enojado.

Apreté la mandíbula, mirándolo sin decir nada.

—Toma—me indicó, pasándome su pasamontañas—. Te servirá más que a mí.

No pensaba aceptarlo, pero terminé haciéndolo porque sabía que lo necesitaba.

—Marlene y tú deben usarlos todo el tiempo—prosiguió. Yo estaba sentado en el banco y él permanecía de pie, frente a mí—. Bajen juntos al sótano, tiren la gasolina sobre cualquier mueble de madera y está, ya saben lo que sigue. Kit y yo estaremos arriba, esperándolos en caso de que necesiten ayuda o algo salga mal.

A medida que hablaba, me limitaba a asentir con la cabeza sin responderle en lo absoluto.

—La fiesta será clandestina—Ron empezó a aclararse la voz, mirando por encima del hombro cómo tú y el rubio acariciaban un gato a lo lejos que pasaba por ahí—. Dante se encargó de que sea un desastre para que nadie pueda descubrir quiénes exactamente estaremos aquí.

—¿Quién es el dueño?

Escucharme dirigirle la palabra lo tomó por sorpresa, pero aun así no dijo nada. Miró por un instante la hora en su celular, y luego se dedicó a responderme.

—Se supone que es un ex socio de Catábasis o algo así que lleva algunos meses intentando ir contra Dante—mintió.

Pude darme cuenta por la expresión que utilizó.

—Roland, solo dímelo.

Su nombre completo otra vez volvía a sacarlo de quicio, pero decidió no quejarse.

—Es de Hades—soltó entonces.

Apenas pude reaccionar, pero todo indicaba que poco a poco una guerra interna tomaba fuerza entre los tres amos. Descubrirlo no hizo más que multiplicar mis preocupaciones.

—¿Y cómo carajo piensa hacer Dante para que Hades no descubra que esto lo ocasionó él?

—Catábasis tiene tantos enemigos que le llevará tiempo averiguarlo. Además, se supone que son aliados. No pueden traicionarse así, pero Dante vive rompiendo las reglas a conveniencia, lo creas o no.

—Ya veo.

—Él dijo que sacaría a Hades de su casa y mandaría a un tercero a abrirlo todo y preparar la música para cuando llegue la gente.

Antes de que pudiera preguntarlo, me lo aclaró:

—Hades y Dante son hermanos, al fin y al cabo. Es entendible que él pueda acceder con tanta facilidad a las llaves de la casa de Hades.

Costaba verlo de tal manera, si te soy sincero. Ese tipo de actitudes tan infantiles sonaban más a ser propias de cualquier otro amo, menos de Dante.

—¿Estás seguro de que él le pidió esto a Kit?—cuestioné, mirando cómo el rubio y tú se reían de algo que yo no podía escuchar desde donde estaba.




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