La muerte del amor

Capítulo 42 · Nuestro diario

XLII

ANDREW

Estuvieron casi tres o cuatro horas ahí dentro, gritando y quejándose por todo. Casper y yo permanecimos al margen, mientras perdía la desesperación por ver qué tanto desastre terminaba haciendo Bailee en mi baño. Ella juró que limpiaría todo una vez acabara, pero ambos sabíamos que solo lo decía para que no molestara.

Cuando nos cansamos de ser inservibles, llegaron un grupo de tontos a invitarnos a la playa. Eran las siete de la tarde o algo así, por lo que teníamos bastante tiempo que perder. Bailee insistió en que nos fuéramos, en que ustedes dos nos encontrarían una vez terminen la diversión. Pudo convencer a Casper y a William, pero a mí no.

Sin embargo, al final tú misma me lo pediste y decidí hacerte caso.

Cambié mis pantalones por el bañador y abandonamos el hotel hablando de estupideces que no vale la pena recordar. Casper se potenciaba cada vez que tenía a Bailee cerca, convirtiéndose en el clásico payaso que a nadie puede caerle mal.

William, por el contrario, actuaba como la sombra misma de cualquier cosa que se moviera. No dijo ni una sola palabra en el trayecto que hicimos a pie, ni cuando cruzamos el puente de madera para llegar a la playa en la que estaba el resto, ni cuando decidimos tomar un par de bebidas y sentarnos sobre unas piedras.

A decir verdad, Gahnder era un pueblo común y corriente. Las personas parecían acostumbradas a recibir extraños que usurpaban sus playas cuando el clima era idóneo, por lo que no llamaba mucho la atención el escándalo que nuestros compañeros estaban haciendo.

El mismo centro de estudiantes se aseguró de que tuviéramos un lindo lugar en el que pasar los días, por lo que se construyeron algunas estructuras de madera que intentaban imitar diferentes cosas. Entre ellas, el arco nupcial típico que da la bienvenida a quienes llegan, decorado con varias flores blancas y pequeñas. Por otro lado, algunas plataformas tenían mesas sobre las que se preparaban bebidas, otras sobre la que dejaron conservadoras con hielo y vasos. Los parlantes estaban por encima de una plataforma más pequeña, suponiendo que eso iba a evitar que se llenara de arena.

Ah, pero la mejor parte eran los diversos postes que conectaron con luces de distintos colores. Conforme atardecía se notaban mejor, pero el show prometía llegar a la noche.

Fuera de eso, las personas se encargaban de beber y molestarse con el agua. Divisé a Ron besándose otra vez con Danielle, a pesar de que se suponía que había terminado con ella. Es lo que le hace el alcohol, supongo. Ambos estaban sentados a la orilla del mar, mojándose los pies mientras se devoraban entre ellos. A un par de metros, Skylar y Cassie quedaron en shorts y la parte de arriba del bikini, aprovechando para bailar y beber con los mismos inútiles que veíamos todos los días.

—William, tengo una pregunta para ti—le dijo Casper al nombrado, justo cuando llegamos a unas gran piedras alejadas de la gente—. ¿Nunca supiste nada de Cameron? ¿Ni una llamada, ni un mensaje? ¿De verdad nadie sabe qué fue de él?

Apenas empezábamos a beber y Casper ya estaba haciendo preguntas estúpidas.

—No—se limitó a responder William.

Los dos estábamos usando lentes de sol, por lo que el único que resaltaba era el niño tonto de siempre. Él sostenía en una mano una lata de cerveza y en la otra, un vaso de plástico con vino. No hay peor combinación que esa, pero él se escudó tras el dicho de quien le tiene miedo a morir que mejor no nazca.

—Ya pasaron como dos meses desde la fiesta en casa de Joanne—hablé yo, haciendo cuentas en mi cabeza—, ocho desde que te dejó, y sigues igual de patético que aquella noche.

Apenas se inmutó ante mis palabras, pero no pudo ocultar el hecho de que le molestaron en exceso.

—Ojalá algún día te rompan el corazón, Andrew—susurró en mi dirección, escupiendo todo el veneno que usualmente guardaba dentro de si—, y ojalá ese día te duela tanto como me duele a mí. Y por sobre todas las cosas espero que sea tu culpa, que sepas que nada de lo que hagas será jamás suficiente para que la persona que más amas elija quedarse. ¿Y sabes qué será lo peor? Que también sabrás muy bien que está mejor sin ti que contigo.

Lo quisiera o no, sus palabras lograron llegarme. Lo que él no sabía ni podía adivinar es que yo ya había pasado por todo eso con Josephine, que sabía muy bien lo que es perder a alguien y terminar descubriendo que fue mejor así.

—William—lo detuvo Casper, poniéndose repentinamente serio—, deja de lloriquear, anda. Andrew tiene razón. No puedes pasarte toda la vida sintiéndote mal por el mismo hombre.

—¿Por qué no intentas conocer a alguien más?—insistí, cruzándome de brazos—. Tampoco va a matarte salir de tu burbuja. Hay muchos... homosexuales en el mundo.

Casper me propinó un golpe rápido en el hombro sin que Will se diera cuenta, mandándome a callar.

—No tengo ánimos para más hombres—contestó él, ajeno a nosotros, bajando la cabeza logrando así que miles de rulos se la cubran, tapándole la cara.

Fruncí el ceño, algo confundido.

—¿Qué no eras gay?

—Soy bisexual, Andrew—volvió a enfadarse, echando ahora su cabeza hacia atrás con brusquedad para mirarme a los ojos—. Bienvenido a la actualidad, a la gente le gusta los dos mundos.




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