La mujer de Lucifer

Capítulo#9 Acercamiento.

Capítulo 9 Acercamiento.

Era bien entrada la tarde, hoy había estado agitado el ambiente porque estaban en el lanzamiento de un nuevo producto. A pesar de que nadie tenía tiempo libre, Karla no podía contener más las ganas de acercarse a la nueva. Dejó lo que estaba haciendo (total estaba desconcentrada y no había podido avanzar nada), y se levantó decidida. De hoy no iba a pasar que se conocieran mejor; tenía mucha curiosidad sobre Layla, habían tantas preguntas que quería hacerle. Al llegar a su puesto observó que la chica estaba concentrada en su tarea, sin embargo ese hecho no la disuadió de sus intenciones.

—Layla, ¿cómo te sientes? —la abordó sin demora, no podía reprimir más sus emociones.

La aludida dejó lo que estaba haciendo y miró en dirección de la voz, su rostro juvenil reflejó extrañeza; a pesar de que habían tenido algunas conversaciones durante el mes que llevaba en la empresa, no habían sido profundas. Había resultado que la chica era tan inabordable como el propio vicepresidente. Tenían más cosas en común esos dos, de los que ellos creían.

—Bien...

—Sé que no es fácil, eres nueva, a mi me costó muchísimo seguir el ritmo —quería congraciarse con ella, mostrándole su lado más comprensivo, dejando de lado su personalidad caprichosa.

—Sí, es difícil —aceptó—, pero Darien es muy bueno enseñando—, agregó.

—Tuviste suerte que el presidente te haya recomendado, ¿ustedes se conocían de antes?, ¿son familia? —se refería en las preguntas al presidente de la compañía.

«Al fin me atreví a preguntar, está chica lograba que me sintiera cohibida.»

Algo anormal en ella.

—No —mintió, Layla.

—¿Y su hijo, lo conocías de antes? —continuó con las preguntas, ahora que por fin se había soltado, no tenía para cuando parar.

—No —le volvió a mentir a Karla.

—Disculpa mi curiosidad, es que el presidente te trajo en persona y su hijo se acerca con mucha frecuencia a ti...

—Es porque le caí mal de gratis.

La interrumpió tajante. A pesar de eso Karla no se desanimó.

—El vicepresidente parece que odia a todo mundo; pero nunca habla con un subordinado más de lo necesario —continuó tanteando el terreno, lo hacía porque sabía que a pesar de que discutía, se burlaba y mantenía esa actitud arrogante y de cinismo con la novata, había mucho más de trasfondo. Todos en la compañía habían notado las chispas que esos dos hacían cuando se encontraban. Estaba convencida de que Owen estaba interesado en ella, pero aún no le quedaba claro si ella sentía lo mismo; y eso precisamente era lo que quería averiguar.

—Tal vez la forma en que vine vestida la primera vez lo molestó más de lo normal —se justificó.

—El vicepresidente es demasiado atractivo  —lanzó de pronto con la intención de que cayera en la trampa y mostrara sus sentimientos y emociones reales por él. Lo hizo con astucia y pareció casual porque su mirada era soñadora. Eso no era fingido, siempre que pensaba en el vicepresidente ponía esa expresión. Sin embargo, al ver que no hubo ninguna reacción especial de parte de Layla, continuó hablando con sinceridad—. Desearía que se fijara en mí, he hecho todo lo que estaba en mis manos para agradarle, pero jamás ha volteado a mirarme—, confesó sintiéndose su amiga.

Ella confesó sus sentimientos primero, era el turno de la nueva, dedujo. A pesar de que no había mostrado ninguna reacción de interés, cuando afirmó que el vicepresidente era muy atractivo; no podía dar por hecho de que no le gustaba, tenía que escucharlo de su propia boca para estar tranquila. Sentía su corazón agitado, temía de que a ambas les gustara el mismo hombre, sin embargo estaba dispuesta a aceptarlo y tener una lucha justa, sin trucos o malas intenciones.

—No te rindas, sin persistencia no hay ganancias.

¡La animó! No sé lo esperaba. Aún así quiso darle una oportunidad más para mostrar sus sentimientos.

—¿De verdad?, ¿a ti no te gusta? —preguntó directamente.

—¡A mí? ¡Claro qué no! Lo detesto —aseguró. El fuego chispeaba en los ojos marrones de la novata. Karla la miró extrañada. Nunca esperó que lo que sintiera fuera rencor o resentimiento.

—¿De verdad te desagrada, Layla? Pero, ¿por qué?

Preguntó con verdadera curiosidad. No entendía como el hombre más atractivo del mundo, pudiera inspirar ese sentimiento en una mujer.

—No tiene razón de ser, solo me cayó mal desde el mismo momento en que lo vi por primera vez. Fue odio a primera vista —confirmó.

—Odio a primera vista —repitió Karla—. Es la primera vez que escucho esa frase de ese modo.

—Fue mutuo como vez, cualquiera que nos haya visto juntos seguro ha notado la aversión que sentimos mutuamente.

—Sí, yo lo noté…, pero el habla contigo más que con cualquiera, ¿me podrías echar una mano? —le pidió con confianza porque sabía que a la novata no le importaba su hombre. Se sentía aliviada y deseó convertirse en su amiga con renovadas fuerzas.

—¡Hablar?, ja, el me insulta, me grita, me humilla, me desprecia... si a eso le llamas hablar —contestó con marcada ironía.

—Pero eres a la única que le permite responderle, otra persona como mínimo, estaría de paticas en la calle —insistió.

—Es porque a pesar de nuestros choques le causo diversión. Seguro que me ve así como su juguete nuevo, seguirá jugando mientras le dure la emoción.

Karla la miró con perplejidad.

—Oigan, ustedes dos, dejen la charla y trabajen —las regañó un hombre mayor. Había tanto por hacer y esas chicas no lo dejaban concentrarse.

—Me voy para mi puesto, Layla.

Se despidió y se fue para su lugar de trabajo. Estaba tan emocionada que ni siquiera le importó ser regañada, había logrado tener una buena conversación con Layla, logró lo que más quería desde el día en que la conoció.

«Si la cosa sigue así, muy pronto nos volvemos íntimas.»

Para Karla fue muy significativa esa charla, sin embargo para Layla no. Ambas tuvieron una impresión muy diferente: mientras una creyó que era el inicio de una amistad, la otra la concideró una entrometida y superficial.




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