La Mujer Que Afirma Haber Sido Yo

CAPÍTULO 8

Sueños implantados

Iria se durmió sin decidirlo.

Estaba sentada en la cama, vestida, con los zapatos puestos y la luz encendida. Parpadeó una vez… y el mundo se deslizó fuera de foco.

Soñó que despertaba.

La habitación era la misma, pero más ordenada. Demasiado. La cama estaba hecha con precisión quirúrgica. Las paredes eran blancas, sin grietas, sin marcas.

Sin pasado.

—Respira —dijo una voz—. Esto es solo un ajuste.

Iria intentó moverse. No pudo.

Miró hacia abajo. Estaba sujeta a la cama con correas suaves, casi amables. No le dolían. Eso era lo peor.

—No te resistas —continuó la voz—. El proceso es más eficiente cuando colaboras.

—Estoy soñando —dijo Iria, o creyó decirlo.

—Correcto —respondió la voz—. Este sueño fue aprobado para ti.

Las luces del techo se encendieron una por una. No eran focos comunes. Eran espejos.

Reflejaban su cuerpo desde ángulos imposibles.

—¿Por qué…? —preguntó, con la garganta seca.

—Porque recuerdas demasiado —dijo otra voz—. Y muy mal.

Un panel se deslizó desde la pared. En él, imágenes comenzaron a proyectarse. Escenas que Iria reconocía… y otras que no.

Ella jugando de niña en un parque que nunca visitó.
Ella llorando en un pasillo que no recordaba.
Ella firmando documentos con una mano que no parecía la suya.

—Estos recuerdos —dijo la primera voz— no te pertenecen de forma orgánica.

—Entonces quítenlos —respondió Iria.

Las voces rieron suavemente.

—No podemos —dijeron—. Ya forman parte de tu arquitectura mental.

El panel cambió.

Apareció su hermana.

No como en los últimos días. No enferma. No asustada.

Sonreía.

—Ella aceptó —dijo una voz—. Eso facilitó su integración.

Iria sintió un grito subirle por el pecho.

—¡Mienten!

—Ella pidió dormir —continuaron—. Tú pediste entender.

El panel mostró otra escena.

Iria, más joven, sentada frente a un espejo. Una mujer de guantes negros detrás de ella.

—¿Recuerdas esta sesión? —preguntó la voz.

Iria negó con la cabeza.

—Eso es intencional —respondieron—. El olvido es un efecto secundario funcional.

Un zumbido llenó la habitación. Las correas se ajustaron levemente.

—Vamos a implantar un sueño correctivo —dijo la voz—. Uno donde nada de esto exista.

—¿Y si me despierto?

—No lo harás —respondieron—. Lo repetirás.

El espejo del techo se oscureció.

La habitación se desintegró.

Iria cayó.

Soñó que estaba en una cocina luminosa. Su hermana preparaba café. Todo era normal. Demasiado normal.

—Llegas tarde —le dijo su hermana, sin mirarla.

—Esto no es real —respondió Iria.

—Lo será —dijo la hermana—. Si lo aceptas.

La escena se agrietó.

Iria despertó jadeando.

Estaba en la cama. Sin correas. Sin espejos.

La luz seguía encendida.

El reloj marcaba las 3:17 a. m.

Otra vez.

Se incorporó lentamente.

—No fue un sueño —susurró.

En la mesita de noche había algo nuevo.

Un papel doblado.

Lo abrió.

SESIÓN 4 COMPLETADA.
RECORDACIÓN INESTABLE.
REPETIR.

Iria dejó caer el papel.

Sus manos temblaban.

Miró alrededor de la habitación. Todo parecía normal… salvo por un detalle.

Había una marca roja en su muñeca.

Circular.
Exacta.

Como si una correa hubiera estado allí.

Iria se abrazó a sí misma, respirando con dificultad.

Entendió entonces la verdad más cruel hasta ahora:

Sus sueños no eran recuerdos distorsionados.
Eran instrucciones.

Y mientras siguiera durmiendo…
alguien seguiría escribiéndola.




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