La muñequita del Boss

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CAPÍTULO 1: EL PRECIO DE LA RENDICIÓN

El piso 50 de la Torre Escobar no era una oficina; era un mausoleo de cristal y acero diseñado para que cualquiera que entrara se sintiera insignificante. Aura Blanco, sin embargo, avanzaba con una elegancia que rozaba la insolencia. El eco de sus tacones contra el mármol negro era rítmico, letal, como el segundero de una bomba. No vestía para gustar, sino para dominar; su traje sastre se ajustaba a sus curvas con una precisión que gritaba profesionalismo de élite.

Tras el imponente escritorio de caoba, Vitor Escobar no levantó la vista. Se regodeaba en su silencio, el arma favorita de los tiranos. Su reputación lo precedía como una mancha de aceite: un depredador de los negocios y un coleccionista de mujeres que desechaba tras una sola noche. Había pagado una cifra astronómica por el contrato de Aura, convirtiéndola legalmente en su activo más valioso.

—Señor Escobar, la señorita Blanco ha llegado —anunció el secretario con voz temblorosa.

Vitor alzó la mirada lentamente. El aire en la habitación se volvió pesado, eléctrico. No esperaba que la estratega cuya mente tanto codiciaba tuviera esa belleza casi mística; unos ojos que no pedían permiso y una boca que parecía diseñada para pronunciar verdades incómodas. Se puso en pie, revelando su imponente estatura.

—Aproxímese, señorita Blanco —ordenó Vitor, su voz era un rugido aterciopelado—. He revisado su historial y su rostro. Debo decir que ambos son... impecables. Una combinación peligrosa de estética y logística.

Aura se detuvo a la distancia justa para desafiar su espacio personal. El desprecio que sentía por él era una llama fría en su pecho.

—Mi trabajo hablará por sí solo, señor Escobar. No pierda el tiempo analizando mis rasgos como si fuera ganado en una subasta —replicó ella, su voz era seda cortada con un bisturí.

Vitor arqueó una ceja, su sonrisa se volvió depredadora. Rodeó el escritorio, acechándola con la altanería de quien se sabe dueño de todo lo que pisa. Se detuvo tan cerca que Aura pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

—¡Escúcheme bien! —gritó Vitor de repente, golpeando el escritorio con una fuerza que hizo saltar los objetos de cristal—. ¡En este edificio, mi palabra es la ley! He comprado su contrato, su cerebro y cada segundo de su aliento. Usted es brillante, pero sigue siendo mi empleada. Debe mostrar respeto a su Boss. ¡Si pido un análisis, lo quiero ayer! ¡Y aquí nadie, absolutamente nadie, se permite el lujo de usar ese tono conmigo!

Ese grito, cargado de una autoridad violenta, fue el detonante. El despacho de lujo desapareció y el presente se astilló.

[Flashback]
El frío de la lluvia calaba hasta los huesos en el patio de La Fortaleza, el centro de entrenamiento donde los Escobar forjaban a su personal de élite. Aura, tres años más joven y con los ojos llenos de terror, estaba de rodillas sobre la grava.
—¡Mírate, Blanco! ¡Eres basura! —le gritó el instructor jefe directamente al oído, haciendo que ella se encogiera—. ¡Tienes cara de ángel, pero alma de sirvienta! Si no puedes ni descifrar un código bajo presión, terminarás limpiando los baños de Vitor Escobar y rogando que te use una noche para luego tirarte a la basura. ¡Eres nada! ¡No vales el pan que te damos!
La humillación pública, los gritos que anulaban su voluntad y la sensación de ser un objeto defectuoso marcaron su alma. Esa noche, en la oscuridad de su celda, la inseguridad la hizo temblar, pero el miedo se convirtió en un odio helado. Se juró que nadie volvería a gritarle sin pagar el precio.

[Fin del Flashback]

Aura parpadeó. Sus dedos se cerraron en puños, pero no retrocedió. Sus ojos, ahora inyectados en una determinación feroz, se clavaron en los de Vitor. Él notó el cambio; no era miedo lo que veía, era algo mucho más peligroso. Estaba completamente flechado, atrapado por la intensidad de una mujer que no se doblegaba ante su rugido.

—¿Ya terminó de gritar, "Boss"? —preguntó ella, su voz ahora era un susurro de acero que vibraba con una tensión sexual insoportable—. Porque sus gritos no me impresionan. He escuchado mejores en lugares mucho más oscuros que este. Usted compró mi talento, no mi servilismo. Si quiere resultados, siéntese y deje de actuar como un animal herido. El respeto se gana con integridad, no con decibelios.

Vitor sintió un golpe eléctrico en el pecho. Nadie lo había desafiado así jamás. Se inclinó hacia ella, invadiendo su espacio hasta que sus labios quedaron a milímetros de los de ella, desafiándola a apartarse.

—¿Cree que me conoce, Aura? —susurró él, sus ojos fijos en la boca de ella con un hambre evidente—. No tiene idea de quién soy, ni de por qué la traje aquí realmente. Usted es la pieza que me faltaba para ganar una guerra que ni siquiera sabe que ha empezado.

Vitor sabía lo que ella ignoraba: que Aura era la heredera de una organización poderosa que sus enemigos habían usurpado tras matar a sus padres. Él tenía su expediente, su pasado y su futuro en sus manos, pero no se lo diría. No todavía. Quería verla arder antes de ofrecerle el trono que le pertenecía.

—Siéntese —ordenó él, esta vez en un tono bajo, posesivo—. Vamos a revisar esas cuentas de Panamá. Y hágalo con la eficiencia que me costó tantos millones, antes de que decida que prefiero cobrarme su insolencia de otra manera.

Aura se sentó con una elegancia glacial, abriendo su laptop mientras ignoraba el hecho de que su piel aún ardía donde la mirada de Vitor se había posado.

—Como desee, Escobar. Pero no se equivoque: puedo trabajar para usted, pero nunca caeré antes usted

Vitor sonrió, regresando a su silla con la suficiencia de un rey que acaba de declarar una cacería.
—Eso es lo que todos dicen al principio, Aura. Empecemos. Yo a las mujeres que me interesan las trato como reinas , las que se lo ganan , usted es muy hermosa .



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En el texto hay: mafia, venganza amor, madura

Editado: 27.02.2026

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