La Necesidad del Amor

CAITULO 5

Alejandro se ofreció a llevarlas, Alicia le presento a Myriam y entro al departamento para dejar sus cosas y ponerse cómoda.

Myriam y Alejandro conversaron, esperando a Alicia.

-Mucho gusto.

Dijeron ambos al mismo tiempo.

-¿Estas lista para irnos? ¿Tienes que ir a buscar algo?

Le dice Alejandro a Myriam. Para romper el hielo.

-Todo listo. Llame a Alicia y no contesto, por eso vine. Parece que apago su teléfono. Lo bueno es que estaban juntos y no habia pasado nada.

Respondió Myriam un poco preocupada.

Cuando Alicia salio del departamento, Myriam se dio cuenta que habia llorado y le pregunto.

-Alicia ¿Todo bien?

-Si, todo bien. ¿Vamos?

Respondio Alicia, con una pequeña sonrisa.

Salieron rapido y se fueron todos juntos. Cuando llegaron al hospital público, estaba lleno. Alejandro, trato de estacionar. Subieron juntos y cuando encontraron donde estaba Yohanna, las dejó en el hospital y se despidió de Alicia. La abrazo y se fué.

Caminaron juntas a urgencias y Myriam pregunto.

-¿Lloraste? Tienes los ojos rojos e hinchados.

Alicia no queria preocuparla, pero resumio en pocas palabras lo que habia sucedido. Myriam quedo mas tranquila.

En urgencia encontraron a Yohana muy serena y con la Madre Superiora que estaba acompañándola.

Las tres amigas de la infancia se reencuentran, en una situación triste y complicada.

Alicia y Myriam la abrazaron, con tristeza. Liberando las emociones que no se podían contener facilmente, lloraron y se decian palabras de consuelo y cariño.

Con Yohana eran amigas de infancia. Ella vivía en el orfanato (del colegio), con su abuela que trabajaba de cocinera en el lugar. Ella siempre quiso ser monja. Se acostumbró al amor y a la calidez del servicio Pastoral. Ella tuvo un llamado espiritual, desde muy joven.

Participaba en distintas actividades y eventos de la iglesia. Se congregaba todas las semanas y era una Católica muy activa.

Su amor y entrega con la comunidad, la hicieron una persona querida y apreciada por todos quienes la conocian. Sus amigas siempre valoraban y pedian sus consejos y oraciones.

Yohanna era una mujer de fe. Su vida esta al servicio de Dios y a pesar de sus debilidades, ella se fortalece en su fe y su amor a Jesucristo.

Sus amigas sabian de esto, por eso respetaban sus creencias y se querian.

Siempre las tres estaban unidas como hermanas, para cualquier urgencia se comunicaban y acudían en ayuda. Una de la otra, se amaban mucho, las tres. No tenían hermanas de sangre. Pero tenían un lazo entre ellas más fuerte, como el amor y la lealtad.

Conversaron y esperaron a Yohana toda la noche y en la mañana, Alicia y Myriam tienen la mirada perdida en el suelo y en las paredes del pasillo del hospital. Cansadas y con sueño trataron de acompañar y contener a Yohanna. Pero la situación era complicada.

La abuela de Yohana no tenía mucho tiempo de vida, su enfermedad agravó luego de una caída y llevaba postrada por semanas.

La madre superiora ya muy anciana, pero pendiente y atenta, con una agilidad que supera su edad, conversa con Alicia y Myriam.

- Mis niñas, espero que acompañen a Yohana. Las necesita en este momento tan difícil.

Ella, era muy cercana, era una guía espiritual para las tres.

Desde que eran unas niñas, sus palabras y consejos, fueron surcando sus vidas.

En ese momento, Yohana sale de la habitación donde estaba su abuela.

Con una sonrisa, les dice a sus amigas.

- Gracias por estar aquí, conmigo. Ya deben estar muy cansadas y con sueño.

La madre superiora entra a la habitación, cuando Yohanna sale. Luego se devuelve y les dice.

- Salgan a caminar o vayan al casino para despejarse y comer algo. Haciendo un guiño a Myriam y Alicia.

Cuando llegaron al casino pidieron un café y unos Browning.

Al sentarse Yohana, con su cara cansada y una leve sonrisa, les dijo.

- Le doy gracias a Dios, por haber tenido a mi abuela conmigo tantos años y por tenerlas a ustedes.

Ellas tomaron la mano de Yohana y la acariciaron, Myriam empezó a llorar amargamente y sus amigas también la contuvieron abrazándole. Muy triste y desconsolada, Myriam le dijo a Yohana.

- No sé cómo puedes estar tan tranquila. Supongo que Dios te da la fuerza para soportar esto.

Yohana nuevamente sonrío con sus labios cerrados y cerrando también sus ojos suspiro, diciendo.

- No es fácil, pero, ¿por qué dejarla conmigo, si está sufriendo? Sé y tengo la certeza, que mi Padre eterno la tendrá en su maravilloso reino.

Yohana sentía que Dios erá quien le daba paz y templanza. Estába tranquila.

Myriam no tenía consuelo. Su madre enferma la tenía con mucha tristeza, esta situación tambien le afectaba y dolía.




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