La Nefilim

T R E C E

VISITA NOCTURNA

VISITA NOCTURNA.

Leonel:

Tomo a Luna por la muñeca, puedo sentir esa pulsera que compré para ella. Nos ponemos a correr hacia la calle, no había notado que sus pies están descalzos hasta que le escuché quejarse por una piedra esta no es la mejor manera de enamorar a la chica que te gusta.

Levanto la bicicleta del suelo, me monto en ella y le indico a Luna que suba a la canastilla.

—Espero que esto sea tan especial como dices —Me sonríe antes de subir a la canasta—, vamos.

Me encantaría acariciar su cabello, me controlo porque se supone que este es un paseo entre amigos. Espero que no se vea sospechoso que dos adolescentes salgan a media noche juntos.

Avanzo por la calle, mi papá fue realmente generoso al dejarme llevar a Luna a su trabajo, quiero mostrarle a Luna porque este lugar es el mejor sitio para vivir, el único detalle que no le mencioné a mi papá es que la traería a media noche y que me escaparía de la casa para hacerlo, espero no se moleste tanto.

Observo a Luna solo un segundo, esto parece gustarle bastante, puedo escuchar su risa, ese sonido es uno de los que más amo en esta vida. Seguimos así unos cuantos minutos más y por fin veo ese enorme edificio.

—Ya casi llegamos.

—Está bien.

Freno poco a poco hasta que la bicicleta se detiene en una de las entradas del edificio, Luna baja dando un saltito, me gusta mucho el pijama que trae puesta, un lindo pescador morado y una blusa de tirantes blanca. Desvío la mirada un poco incómodo, le digo que iré a dejar la bicicleta para ocultar mi nerviosismo, dejo nuestro transporte sobre la pared, regreso a su lado y le tomo la mano, entrelazo mis dedos con los suyos, creo que me estoy aprovechando de la situación, pero a ella no parece molestarle.

Damos un par de pasos para llegar a la puerta, deslizo la tarjeta de acceso que me dio mi papá sobre la ranura, la puerta emite un timbrazo que nos indica que ya está abierta. Empujo la puerta y dejo que ella entre primero, yo entro después y dejo que la puerta se cierre sola, vuelve a sonar ese timbre que indica que se cerró de forma correcta.

—El lugar es muy bonito.

Luna gira sobre sus talones para observar todo el espacio, tiene poca iluminación, pero los cristales reparten muy bien la luz.

—Es lindo, pero aún no has visto lo mejor —Le sonrío—. Recuerda que voy a convencerte de vivir aquí.

Sonríe mientras niega, toma un mechón de su cabello y le da vueltas sobre su dedo, Luna es simplemente hermosa.

—Entonces pasemos a la mejor parte —Suelta su cabello y me sonríe.

La llevo hasta el elevador y presiono el botón de subida, no quiero hacerla subir escaleras, creo que ya la incomodé lo suficiente al traerla descalza, incluso sus pies son lindos.

Esperamos un rato en lo que el elevador baja, detesto esta máquina, debería apresurarse. Observo a Luna por el rabilo del ojo, se columpia sobre su lugar mientras tararea alguna canción, no puedo dejar de verla, nunca había visto algo tan hermoso como Luna, nunca tendré el tiempo suficiente para poder admirarla, me gusta demasiado, incluso creo que estoy enamorado de ella.

La campanilla del elevador me obliga a dejar de verla, las puertas se abren y la invito a pasar.

—Le agradezco, caballero.

Suelta una risita, aparto la vista de Luna y niego ligeramente, puedo ser todo lo que quiera, pero un caballero lo dudo, tan sólo tengo buenos modales.

Una vez dentro del ascensor presiono el botón del último piso, ahí es donde está la oficina de mi papá. Me pongo a rezar en mi cabeza, deseo que esto funcione; si no logro convencerla con lo que le enseñaré nada lo hará y no quiero que Luna se vaya. Subimos tan lento que me hace odiar aún más este aparato.

—Y... —Luna consigue llamar mi atención, tiene una sonrisa de diablilla—. ¿Vas a decirme cuando es tu cumpleaños?

Dejo de verla, ¿por qué no entiende que no me gusta hablar sobre eso? Ha estado insistiendo demasiado con ese tema y el día de mi cumpleaños es... no es un día que me guste demasiado.

—Ya te dije todo sobre ese tema, Lunita —Mi voz sonó demasiado seca.

Tengo que mantener la calma, no quiero explotar porque sé que la lastimaré, pero si sigue insistiendo dudo mucho que pueda evitarlo.

—Malena me dijo que es el domingo —Sonríe a medias—, eso es mañana...

Me giro para verla, ¿quién rayos se cree Malena? Ella no tiene por qué ir divulgando ese tipo de información y mucho menos a Luna, no quería que supiera sobre mi cumpleaños porque sé que querrá celebrarlo y no quiero herirla. Sin poder evitarlo mi ceño se frunce, voy a tener una plática bastante movida con Malena.

—Voy a pedirte que no vuelvas a ser tan curiosa, no me gustaría tener problemas contigo por una tontería como esa —espeto más molesto de lo que pretendía.




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