La negación cambiará

Capítulo X: El día de la ausencia.

Otro nuevo día había comenzado en la Academia. Todos los estudiantes ya estaban en sus asientos, esperando al maestro que les correspondía. Hikari estaba en su lugar, pero algo la tenía inquieta: Gabriella aún no llegaba, y eso era sumamente raro. Preocupada, le escribió un mensaje para saber si todo estaba bien… pero no obtuvo respuesta. Aquello solo aumentó su preocupación.

Después de pensarlo un poco, Hikari decidió hacer algo al respecto, y para ello necesitaba hablar con Matthew, quien se encontraba tres mesas más adelante. Sin pensarlo mucho, se levantó y caminó hacia él.

—Oye, Matthew –dijo al llegar junto a su mesa.

Matthew la miró de reojo, levantando una ceja.
—¿Qué quieres? –preguntó con tono indiferente.

—¿Te diste cuenta de que Gabi faltó hoy? Eso es muy raro, ella nunca falta. Además, no me contesta los mensajes, y ya me estoy preocupando por ella.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo? –replicó Matthew sin mostrar emoción alguna. —¿Acaso piensas que la secuestré o qué?

—¡No es eso! –exclamó Hikari, cruzándose de brazos. —Solo digo que, siendo su prometido, deberías estar preocupado. Pero veo que no es así.

Matthew soltó un leve suspiro y dijo: —Bien, ve al punto.

—¿Se supone que sabes dónde vive Gabriella, verdad? –preguntó ella.
—Quiero que me lleves a su casa cuando terminen las clases. Y no quiero un “no” por respuesta.

Matthew se sorprendió un poco. Nunca había visto a Hikari hablar con tanta determinación; pensó que ella era más tímida cuando estaba con Gabriella.

—No, gracias –respondió con frialdad.

—¿Qué? –Hikari se quedó sin palabras. —Pero…

—Si quieres ver a tu amiguita, arréglatelas tú sola. –dijo él, volviendo a su asiento.

—¡Por favor, Matthew! ¿No te preocupa lo que le haya pasado a Gabriella? –exclamó ella, siguiéndolo hasta su lugar.

—No. No me preocupa en lo absoluto –respondió sin mirarla.

—¡No seas así! ¿Qué clase de prometido no se preocupa por su futura esposa? –preguntó Hikari con el ceño fruncido.

—Ella nunca será mi esposa, te lo aseguro –contestó Matthew, molesto. —Y ya deja de molestarme.

Hikari no se dio por vencida. Continuó insistiendo durante todo el día para que él la llevara a la mansión de los Grayson. Matthew se negó una y otra vez… hasta que, finalmente, al sonar la campana de salida, perdió la paciencia.

—¡Está bien, está bien! Te llevaré, ¡solo cállate de una vez por todas! –exclamó, resignado.

—¡Muchas gracias, Matthew! –dijo Hikari con una sonrisa triunfante.

El chofer de Matthew ya los esperaba afuera. Ambos subieron al auto, y Matthew le dio la orden de dirigirse a la mansión de los Grayson. El trayecto fue largo y silencioso, pero finalmente llegaron.

—Bien, aquí estamos. ¿Satisfecha? –preguntó él con sarcasmo.

—Sí, muchas gracias –respondió ella.

—Vamos, entremos –dijo Matthew, bajando del auto.

—¿Vendrás conmigo? Pensé que Gabriella no te importaba –comentó Hikari, divertida.

—Solo guarda silencio –replicó él, caminando hacia la puerta principal.

—Está bien, me callo –dijo ella, siguiéndolo.

Los dos entraron en la enorme mansión, donde un mayordomo los recibió con cortesía. Matthew explicó que solo habían venido a ver a la señorita Gabriella y que no tardarían mucho. El mayordomo asintió y llamó a una sirvienta para que los guiara. Pocos segundos después apareció Laurie, la sirvienta personal de Gabriella.

—Muy bien, síganme por favor. Los llevaré a la habitación de la señorita –dijo con una sonrisa amable.

—Vaya, usted es muy amable, señora –comentó Hikari con una sonrisa.

—Muchas gracias, señorita…

—¡Hikari! –respondió ella alegremente. —Me llamo Hikari.

—Encantada, señorita Hikari –dijo Laurie con dulzura.

Los tres subieron las escaleras que estaban en el pasillo principal.

—No pensé que la casa de Gabriella fuera tan grande y hermosa –susurró Hikari, impresionada.

—No es para tanto –respondió Matthew, encogiéndose de hombros.

Al llegar frente a la habitación de Gabriella, Laurie les pidió que esperaran un momento para avisarle a la joven de su visita. Unos minutos después, la sirvienta regresó y dijo que podían pasar.

—Yo no entraré –murmuró Matthew, dando un paso atrás. —Solo vine porque me obligaste.

Hikari lo miró con fastidio y entró en la habitación. Gabriella estaba recostada en la cama, visiblemente cansada.

—¡Gabi! ¿Qué tienes? Te escribí muchas veces, pero no recibí respuesta –dijo Hikari, acercándose a ella.

—Perdóname, Kari. Tenía el teléfono apagado. Además, solo es un resfriado. En unos días estaré bien –respondió Gabriella con una voz débil, seguida de una pequeña tos.

—¡Me tenías muy preocupada! Te dije que te ibas a enfermar y no me hiciste caso –refunfuñó Hikari, aunque con una sonrisa aliviada.
—Pero me alegra que no sea nada grave.

—Por cierto, ¿cómo llegaste hasta aquí? No recuerdo haberte dado mi dirección –preguntó Gabriella con curiosidad.

—Matthew me trajo –contestó Hikari, mirando hacia la puerta.

—¿Matthew? –repitió Gabriella, sorprendida. Giró la cabeza y lo vio allí, de pie en el umbral. Por un momento sus miradas se cruzaron, pero él fue el primero en apartarla.

—Tuve que rogarle para que me trajera –explicó Hikari.

Gabriella suspiró con una leve sonrisa irónica.
—Con que fue así... entiendo.

Por un instante, el silencio llenó la habitación. Hikari miraba a ambos con cierta incomodidad, sin saber si debía quedarse o inventar una excusa para irse. Gabriella desvió la mirada hacia su taza de té, intentando ignorar la presencia de Matthew.

—Bueno… ya que estás bien, me quedaré un rato contigo –dijo Hikari, rompiendo el silencio.

—Claro, no hay problema –respondió Gabriella con una débil sonrisa.

Hikari se sentó a su lado, y aunque intentaba parecer tranquila, no podía dejar de sentir el ambiente tenso que había entre su amiga y Matthew. Él seguía apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, observando en silencio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.