Luego de unos días de descanso, Gabriella por fin estaba recuperada y lista para volver a la Academia. Cuando regresó, como siempre, había algunas miradas sobre ella, pero claramente las ignoraba. Al llegar al salón de clases, Hikari ya la estaba esperando y le hacía señas para que se sentara a su lado. Hikari puso a Gabriella al tanto de todo lo que había ocurrido en la Academia mientras ella no estaba. Pero hubo algo que llamó especialmente la atención de Gabriella: una chica nueva había llegado, y rápidamente se había fijado en Matthew.
La chica lo seguía a todos lados. No lo dejaba tranquilo ni un segundo. Matthew intentaba hablar con ella para poner límites, pero ella seguía y seguía... hasta el punto de acosarlo.
—No entiendo quién se fijaría en alguien como él –dijo Gabriella mirando a Hikari. —Ni que tuviera algo de atractivo.
—Gabriella, sabes que en estos meses Matthew se volvió el chico más lindo de la Academia. Es evidente que todas se fijarían en él –respondió Hikari.
—No todas.–exclamó Gabriella. —Ni tú ni yo nos hemos fijado en él.
—Sí, tienes razón. Pero tarde o temprano tendrás que hacerlo, porque recuerda que estás comprometida con él.
—¡No me recuerdes eso, por favor, Hikari! –exclamó Gabriella. —Pero volviendo al tema principal... esa chica no debería hacer eso. No es para nada correcto que alguien acose a un estudiante.
—Intentaré hablar con ella. No por Matthew, sino porque eso está prohibido –dijo Gabriella.
—¿Segura que no es por Matthew? –preguntó Hikari con curiosidad.
—Segurísima.
Tres días después, Gabriella estaba decidida a hablar con la chica, ya que ella misma había visto con sus propios ojos cómo acosaba a Matthew sin parar.
—No me siento tranquilo... siento como si alguien me observara desde lejos y eso me incomoda –dijo Matthew a Ivy, quien ahora se había convertido en una de sus amigas.
—Iugh, de seguro es la loquita esa que te sigue a todas partes. ¡Debes ponerla en su lugar, Matthew! ¿O dejarás que te siga acosando todos los días?
—Créeme, Ivy... he hablado con ella todos los malditos días y aún sigue. –respondió Matthew, claramente estresado.
—Pues yo la pondré en su sitio –dijo Ivy decidida, pero al llegar al lugar donde estaba la chica, se encontraron con varios estudiantes murmurando.
—¿Qué está pasando? –preguntó Ivy acercándose con Matthew.
Al llegar al centro del alboroto, vieron a la chica y a Gabriella. Gabriella parecía estar discutiendo con ella, pero de forma tranquilamente firme.
—Como parte del Comité Estudiantil y presidenta de curso, no puedo permitir que alguien como tú esté acosando a un estudiante de esta Academia –dijo Gabriella con voz clara. —No pienso tolerar tal acción frente a mis propios ojos, así que te lo diré una sola vez: no quiero que te acerques a Matthew Grinford. Te acusaré con los profesores y con el director para que te den una sanción, y además tendrás que disculparte públicamente con él.
La chica se sintió claramente intimidada por las palabras de Gabriella. Asintió con la cabeza baja. Reconocía el error que había cometido, y se hundía en vergüenza al sentir todas las miradas sobre ella. Los murmullos crecieron tanto que incluso Gabriella los escuchó.
—Y esto es una lección para ustedes también –añadió, mirando alrededor.— Acosar a las personas está mal. Muy mal. Y no es algo que se pueda permitir.
Los estudiantes quedaron en completó silencio.
—Tampoco quiero que de ahora en adelante la traten mal por lo que hizo. Ella ya sabe el error que cometió, y está arrepentida –agregó Gabriella, mirando a la chica para asegurarse de que estuviera de acuerdo.
—Bien, sin más que decir, me retiro.
Antes de irse, Gabriella le indicó a la chica que debía ir directamente a la sala de profesores y esperarla allí. La chica asintió y ambas se marcharon.
— Wow no pensé que ella fuera así –murmuró Ivy, aún sorprendida.
—Créeme, es peor de ahí. Solo que esta vez fue un poco más respetuosa y educada –respondió Matthew con los brazos cruzados.
Gabriella justo se dirigía hacia donde ellos estaban para decirle algo a Matthew.
—No sabía que eras tan mujercita que no te podías defender solo –dijo Gabriella en tono burlón.
—Cállate, Gabriella –respondió Matthew frunciendo el ceño. —Además, ni siquiera te pedí ayuda. Solo viniste de entrometida a meterte en algo que no te importa.
—Oye, Matthew, tampoco le hables así –intervino Ivy, dándole un codazo. —Mira que te quitó ese peso de encima. Al menos dale las gracias.
—Sí, Matthew, hazle caso a tu amiga y dame las gracias –añadió Gabriella con una sonrisa burlona.
Matthew apretó la mandíbula, visiblemente molesto. —No te voy a agradecer nada, Gabriella –espetó con frialdad.
—No esperaba que lo hicieras.–respondió ella, encogiéndose de hombros.— Tu orgullo te lo impide.
Matthew iba a replicar, pero al cruzar miradas con Gabriella algo en él se quedó en silencio, como si no encontrara las palabras. Ella simplemente dio media vuelta y caminó hacia la sala de profesores, dejando a Matthew con una mezcla de irritación.
—Ahora me debes un favor Matthew. –Dijo Gabriella alejándose poco a poco.
—Uhh, qué tensión –susurró Ivy. —¿Estás seguro que la odias...?
—Cállate, Ivy –dijo Matthew, desviando la mirada con un ligero rubor que él ni sintió.
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