8:38 p. m.
Esa era la hora en la que Matthew había salido a escondidas de la mansión. Se dirigía a su tienda de confianza, a la que acudía cada vez que no quería estar en casa. Allí se sentía simplemente como un ciudadano más, y no como el hijo de una de las familias más ricas de la ciudad.
Al llegar, se dirigió al área de bebidas alcohólicas. Aunque aún era menor de edad, tenía un truco para poder comprarlas sin ningún problema. Ya afuera, se sentó en la acera, mirando la luna mientras bebía de una cerveza en lata.
Minutos después, Ivy con quien había quedado de verse llegó y se acercó a él. —Hola, Matt —dijo Ivy con una cálida sonrisa.
—¿Matt? —preguntó Matthew, arqueando una ceja mientras giraba la cabeza hacia ella.
Ivy se sentó a su lado. —Sí… ¿no te gusta ese apodo? —preguntó, mirándolo fijamente.
—No, no es eso —respondió Matthew, dando un sorbo a su cerveza—. Mejor vayamos a caminar un rato.
—Claro, está bien —dijo Ivy, estirando su brazo para que él la ayudara a levantarse.
Matthew tomó su mano y la ayudó a ponerse de pie. Comenzaron a caminar, pero Ivy notó que Matthew estaba más callado de lo habitual, así que decidió romper el silencio.
—Y bueno… ¿por qué querías verme a estas horas de la noche? ¿Pasó algo en tu casa o qué? —preguntó con curiosidad. Quería saber la razón por la que él le había escrito minutos antes.
—Hmm… no, no pasó nada —respondió Matthew—. Solo quería despejar mi mente de todo lo que está pasando con el matrimonio, mi familia y… ya sabes. Terminó su cerveza y tiró la lata en un contenedor cercano mientras seguían caminando.
—¿Con ese “ya sabes” te refieres a Gabriella Grayson? —preguntó Ivy con un tono más serio—. Parece que no ha salido de tu mente desde que te libró de tu acosadora loca. Dime, Matt… ¿te gusta Gabriella o sientes algún tipo de atracción por ella?
Ivy se detuvo y lo miró fijamente, esperando una respuesta.
Matthew se sorprendió por la pregunta, aunque no lo dejó notar. Gabriella aparecía en su mente más veces de las que quería admitir, pero pensar en sentimientos hacia ella le parecía una locura.
—No —respondió con firmeza—. Gabriella no me gusta. Es desagradable, se cree la mejor en todo y eso lo odio. Nunca me fijaría en ella de forma romántica. Sin embargo, incluso él mismo dudaba de sus propias palabras.
—¿No te gusta? —replicó Ivy—. Entonces explícame por qué en tus ojos se refleja la duda que llevas dentro. ¿Estás seguro de lo que dices o solo te lo estás negando?
—¿En qué maldito momento esto se volvió un puto interrogatorio, Ivy? —dijo Matthew, ya frustrado—. ¿Acaso no confías en mis palabras?
—No es eso, solo que…
Ivy no pudo terminar la frase. Matthew se abalanzó hacia ella y la besó. Ivy se sorprendió, pero no se apartó. Al contrario, terminó cediendo al beso. Pasaron unos segundos hasta que Matthew se separó.
—Me gustas tú, Ivy —dijo, mirándola fijamente.
Era una mentira. Una mentira piadosa.
Lo hizo solo para que dejara de preguntar, para despejar su mente de Gabriella… aunque sabía que nada sería tan sencillo.
—¿Y-yo te gusto? —Ivy hizo una pausa—. ¿Hablas en serio? ¿No me estás mintiendo?
—Así es —respondió Matthew, apartando la mirada.
Sabía que había mentido. Pero ya no había marcha atrás. Tenía que seguir con esa mentira.
Ivy sonrió, claramente nerviosa pero feliz. —No pensé que algún día escucharías eso salir de tu boca…
Matthew no respondió. Se limitó a asentir levemente mientras continuaban caminando en silencio. Cada paso se le hacía más pesado, como si el aire se hubiera vuelto denso. En su mente, una sola imagen aparecía una y otra vez.
Gabriella.
Su voz, su mirada desafiante, la forma en que lo había defendido sin pedir nada a cambio.
—Matt —lo llamó Ivy de pronto—. ¿Estás bien?
—Sí… solo estoy cansado —mintió otra vez.
Ivy entrelazó sus dedos con los de él, y Matthew sintió un leve escalofrío. No era rechazo, pero tampoco era lo que esperaba sentir.
¡Espero que hayan disfrutado este capítulo!