El Caso Impronta
Milán – Italia
Ariadna
Empujando la maleta entre la gente avanzaba lo más rápido posible. Sentía el pulso en la garganta y, cuando miré el reloj, mi estómago se apretó.
—¡Joder!
Se supone que debo estar en el comando dentro de media hora para la reunión. Y parezco una loca… perfecto.
Corrí como si me persiguieran. Logré conseguir un taxi —milagro puro—y di la dirección de mi departamento sin dejar de ver el reloj cada treinta segundos. Apreté el bolso contra mi pecho y rogué mentalmente que me alcanzara el tiempo.
Cuando el taxi frenó frente al edificio —el cual a mi parecer es bastante lindo, vivo en buen sitio: Porta Venezia—salté fuera, arrastrando la maleta como si un león me siguiera.
Pasé por recepción saludando al guardia—a cada nada lo cambian— y a Serena la recepcionista del edificio; es una señora de unos cuarenta y tantos muy amable.
—Es un gusto verla de nuevo señorita Ariadna—Serena ya estaba acostumbrada a verme apurada.
—¡Igualmente! —dije, mientras avanzaba con rapidez al ascensor.
Ya en el ascensor pulse el quinto piso, mi corazón iba a mil por hora. Al salir corrí hacia mi departamento sacando rápidamente mis llaves.
—Camille ya llegué —dije mientras tiraba las llaves.
No obtuve ni una sola respuesta, supongo que debe estar en el comando, parece que me llevare más de un regaño el día de hoy. Me apresuro a mi habitación tiro la maleta en la cama y me meto al baño.
Luego de una ducha rápida, y buscar uno de mis trajes de sastre favoritos y peinarme lo mejor posible. Tomé mi bolso sin mirar atrás y salí de casa. Bajé al parqueadero, y me subí en mi auto. Un precioso Volvo EX30 color negro.
Me puse en marcha, encendí la estéreo dejando que Rolling in the Deep se llenaran el espacio, por suerte el tráfico parecía estar tranquilo mientras conducía al comando.
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Al llegar al comando, pasé los controles mostrando mi credencial, ignorando las miradas del personal. Pues estaba algo alterada.
Subí al segundo piso, crucé el pasillo, y ahí estaba la sala de conferencias con todos ya allí dentro. Mi suerte es lo mejor del mundo.
Respire profundamente tragándome los nervios. Abrí la puerta y entre a la sala, aunque por fuera mi expresión era inescrutable por dentro me estaba muriendo del miedo.
—Buenos días, disculpen la interrupción—dije mientras me dirigía a mi puesto.
Me senté en medio de Enzo y Camille quienes me miraron de forma extraña, y entonces lo entendí cuando vi que no solo Montalvo me estaba viendo horriblemente mal, sino que Lorenzo Bardi estaba a la cabeza de la estúpida reunión.
¡LORENZO BARDI! el jodido director de la I.R.M, que no suele estar presente en absolutamente nada…
—Bien, algunos parecen mandarse solos aquí. —Bardi me mira fijamente y me siento diminuta. —¿Falta alguien más Montalvo?
—No señor—dice mi jefe mientras me amenaza con la mirada.
—Siendo así, continuo. Como todos saben suelo estar muy ocupado pero este caso en particular está siendo un jodido dolor de cabeza, la prensa está haciendo alboroto, las figuras más importantes de nuestro gobierno están presionando demasiado y las entidades gubernamentales parecen no encontrar solución así que tomaremos las riendas. —dice con tono autoritario, mientras mira a cada uno de los presentes en la sala.
—En las últimas semanas, se han registrado cuatro decesos en distintas jurisdicciones del país…—habla Montalvo
—Y exactamente ¿cuál es la gravedad?... —Enzo interrumpe a Montalvo.
—Señor Marchetti si me deja terminar de hablar quizás entienda—espeta Montalvo
Trato de no reírme de mi amigo, pero siempre anda metiendo la pata. Creo que por eso somos tan cercanos, diría que la única centrada es Camille.
—Enzo quieres callarte—susurra Camille y debo morderme las mejillas para no sonreír.
—Ya que no hay más preguntas innecesarias… Las víctimas, son personalidades de alto perfil —incluyendo figuras políticas y empresariales prominentes—, fueron halladas sin una conexión aparente inmediata. El único hilo conductor, es la presencia de una marca distintiva, encontrado en cada uno de los cuerpos. Esto sugiere un patrón y un posible nexo entre los casos que pasaremos a tratar como una sola operación coordinada. — culmina Montalvo.
—El gobierno ha recurrido a nosotros. Han depositado su confianza en nuestra entidad para restaurar el orden y la “discreción”. He revisado los pormenores y, francamente, esto está por debajo de mi nivel de atención habitual—dice Bardi y quiero rodar los ojos.
—Montalvo se encargará de elegir al equipo que trabajara en este caso, tienen cinco días para resolver esta mierda—nos mira a todos y se va de la sala.
Nadie dice nada mientras Bardi se aleja… luego de unos minutos la sala se vuelve un mar de murmullos hasta que el viejo decide estrellar los puños en la mesa llamando la atención de todos.
—De manera que Bardi se va y todos se comportan como jodidos adolescentes—espeta molesto.
—Sera asignado como el caso Impronta, y será nuestra prioridad ahora. Reasignare casos y los que no podamos resolver serán archivados temporalmente. —sentencia Montalvo.
Comienza a escoger a los agentes que requiere para el caso Impronta, de varios niveles de nuestra agencia y reasignando, estoy algo distraída hasta que…
—Fontana te quiero en el caso, lo que tengas pendiente pásaselo a Russo—dice dirigiéndose a mí.
—Disculpe señor, pero solo me …—soy vilmente interrumpida.
—Me importa una mierda lo que te falte Fontana, toma la jodida carpeta de la mesa y estudia el caso. Dale lo que tengas a Russo y ponte al día. —dice enojado.
—Si señor—digo finalmente.
Montalvo se va estrellando la puerta, y yo suelto un suspiro. Es un buen inicio en la I.R.M.
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