Manchas imborrables
Ariadna
Todo paso tan rápido para mí, había estado con una sonrisa en mi rostro todo el tiempo a pesar de la hipocresía y prepotencia que destilaban muchos aquí, darme a conocer era importante para mi carrera y estar con mis mejores amigos me hace sentir cómoda. Hasta que todo se esfumo y el caos fue lo único que lleno el skybar.
De un momento a otro me vi en el piso con la senadora Mancini sobre mí, el cuerpo inerte, la sangre, los gritos. Todo haciéndome sentir lejos de mi propio cuerpo, como si pudiera observarme a mí misma desde arriba; completamente inmóvil sin poder hacer nada. Aunque todo lo que quiero hacer es gritar y salir a correr.
Desde mi perspectiva siento como si llevara horas en el suelo atrapada, cubierta de sangre, con mi corazón a punto de salirse de mi pecho, mi cabeza doliendo y un escalofrío recorriendo mi cuerpo. Escucho voces lejanas y por más que quiero reaccionar no puedo. Hasta que…
—Ariadna por favor reacciona—Camille tiene sus manos en mis hombros moviéndome suavemente.
Veo en sus ojos preocupación al igual que en los de Enzo, estoy en una de las mesas del sitio, todo este hecho un desastre y trato de volver completamente en sí.
—No está bien, ya déjenla ir—escucho a Enzo discutir con Montalvo y otras personas que no distingo bien.
—Ari cariño sé que…—no dejo que termine de hablar.
Lo único que hago es abrazarla sin decir absolutamente nada y ella me corresponde, me acaricia la cabeza con suavidad y me permito llorar. He visto cosas horribles en mi trabajo, y he terminado con vidas, pero no me esperaba esto, aunque parezca estúpido esto me marco.
—Ari, Cami vámonos, las llevare a casa a las dos—nos dice Enzo, mientras se acerca.
Sigo a mis amigos hasta la salida sin prestar mucha atención a nada, Enzo es quien nos lleva en su auto a casa, me mantuve en silencio todo el camino mirando por la ventana sin mirar realmente nada. Simplemente estoy existiendo. Ni siquiera me doy cuenta cuando llegamos, parezco un robot en automático.
—Estas a salvo—susurra Enzo mientras me besa la coronilla.
Asiento mientras entro al departamento, Camille se queda hablando con Enzo. Me dirijo a mi habitación y una vez en ella voy directo al baño a verme en el espejo y no me reconozco tengo sangre en la cara y en las manos, mi cabello esta pegado a mi rostro, mi vestido blanco también tiene rastros de suciedad y sangre. Veo mi reflejo distorsionado.
Lentamente me desvisto tirando mi ropa al cesto de basura y entro en la ducha; quiero quitarme la suciedad que siento, cualquier atisbo que me lleve a lo de esta noche, siento mis lágrimas bajar por mis mejillas camufladas con el agua. La sangre bajaba por el desagüe en pequeños hilos rojizos y no podía dejar de mirarla.
Cuando termine solo me puse mi bata de baño y me lance a la cama mirando el techo pensando en nada y en todo a la vez.
—Ariadna sé que no quieres hablar, pero puedo acompañarte en tu silencio—hice caso omiso a las insistencias de mi amiga por entrar a mi habitación.
Me hice un ovillo en la cama abrazando una almohada, no es que me doliera la muerte de la senadora, pero murió justo cuando le di la mano y no puedo sacar de mi mente el sonido del disparo, sus ojos al morir, la sangre y el estado en bucle en el que me quede cuando caí al piso.
{ ... }
De pronto despierto en un lugar que no conozco. Mi respiración es acelerada y el latido de mi corazón retumba contra mis tímpanos. Miro a todas partes, pero no reconozco nada, parece un lugar abandonado; como una habitación llena de moho. Avanzo y una punzada en el costado me hace caer al suelo. Estoy herida. Me arrastro por el suelo con dificultad, mientras un frio viaja por todo mi cuerpo haciéndome temblar. Logro ver una puerta al final del pasillo, pero unos zapatos negros cortan mi paso. Alzó la vista, pero la figura se desvanece como una sombra. Dejando frente a mis ojos una mujer con un orificio de bala en la frente, escurriendo sangre. Una sonrisa macabra se asoma en sus labios. Siento sus manos gélidas tocar mi rostro…
—Aaaaaaahhhhhhh—despierto agitada, como si me faltara el aire. Gotas de sudor recorren mi frente.
Más me demoro yo en procesar que todo fue una pesadilla, que Camille en aparecer en la puerta. Está con una cobija mal puesta en la cabeza, una almohada bajo el brazo izquierdo y una linterna en la mano.
—¿Dormimos juntas? —me apunta la cara y la luz hace que me cubra el rostro.
—Si. pero ya deja de apuntarme con eso.
Cierra la puerta y avanza hasta la cama. Acomoda sus cosas, se acuesta a mi lado y no deja de apuntarme con esa cosa.
—Camille apaga eso.
—Está bien—finalmente lo hace.
—¿Tuviste una pesadilla? —susurra.
—Amm… Si—digo en voz baja.
—¿Quieres contarme? —realmente no entiendo porque susurramos.
—No recuerdo. Es un poco confuso—Miento, realmente recuerdo todo.
—Entiendo si no quieres hablar de ello.
—¿Por qué estamos susurrando? —pregunto tratando de desviar el tema.
—No lo sé—ríe.
Me quedo en silencio unos minutos, todo está a oscuras. Aun así, siento como si Camille quisiera leerme la mente.
—Podrías… ¿Podrías abrazarme? —rompo el silencio.
Camille no me responde; simplemente me atrae hacia ella y me rodea con sus brazos. Eso solo me hace recordar a mi mamá. De pronto cami comienza a acariciar mi cabello mientras tararea una canción de su país.
—Á la claire Fontaine, m´en allant promener, J´ai trouvé l´euau si belle que je m´y suis baigné.II y a longtemps que je t´aime, jamais je ne t´oublierai.
(En la fuente clara, yendo a caminar, encontré el agua tan bella que me bañé en ella. Hace mucho tiempo que te amo, jamás te olvidaré)
Su voz se vuelve un susurro apenas audible, mis ojos se sienten pesados…
{ ... }
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