La Nera Corona

Capítulo 14

La odiosa

Alessio

Me ajusté los lentes, concentrándome en los gráficos del nuevo prototipo que tenía frente a mí. Deslice el dedo sobre la pantalla, ampliando una sección específica para corregir un desfase en el diseño; siempre reviso todo más de una vez pues no tolero fallas.

El teléfono sonó sobre el escritorio, lo deje sonar una vez más antes de tomar la llamada.

—Señor, Enzo Marchetti y una analista. Ariadna Fontana están aquí—anuncia mi asistente en la otra línea.

—¿Los agentes gubernamentales de la I.R.M?

—Si señor, ¿Los hago pasar?

—Si.

Corto la llamada y dejo los gráficos de lado; me acomodo el traje antes de ponerme en pie. Camino hasta el ventanal, dándole la espalda a la puerta para prepararme mentalmente; no soy fan de los funcionarios públicos, tienden a ser tan predecibles y molestos.

Marchetti no era mi preocupación, ya lo tenía previamente investigado cuando agendo la cita, pero a la analista que traería consigo era una incógnita que me generaba estrés, seguramente sería una señora mayor cascarrabias con poco conocimiento del tema que lo único que le interesa es el factor dinero.

Me giré al fin para toparme con la sorpresa de que la analista es en realidad la mujer del aeropuerto, parece ser que la vida quiere que me la tope seguido, solo me falta que su cara salga en mi sopa. Verla hace que me olvide de los modales, no inmuto ni una sola palabra y solo la miro. Ruego internamente que Matteo no la haya visto en la entrada o tendré que soportarlo a él y su sequito de chismosos diciendo estupideces.

—Señor De Rossi —saluda Marchetti

Una leve inclinación de cabeza fue mi única respuesta antes de avanzar unos pasos hacia ambos.

—Tomen asiento —les indico.

Espere a que se acomodaran antes de sentarme.

—Señor De Rossi—mascullo Marchetti—gracias por recibirnos.

Asentí ligeramente.

—Vamos al punto, mi tiempo es limitado.

—Por supuesto—se acomoda en la silla— Como mencione en el correo, representamos a Indagani e Ricerca Ministeriale. Nos encontramos en un proceso de actualización de nuestra infraestructura tecnológica, relacionado principalmente con seguridad digital y gestión de datos sensibles.

Lo escuché sin interrumpirlo e ignore por completo a la mujer, no entiendo para que la trajo.

—Buscamos una solución que nos permita integrar varios sistemas internos sin comprometer la estabilidad ni la confidencialidad de la información—hace una breve pausa—Nos pareció que la mejor opción es su empresa.

—Deben tener claro que tendré acceso a la información “clasificada”.

—Lo tenemos claro o de lo contrario no estaríamos aquí—contesta la mujer.

Ni la miro.

—Entonces hablemos de lo que realmente necesitan y de las condiciones.

—Buscamos una integración parcial—responde Marchetti con calma—. Solo una parte de nuestro sistema requiere de intervención externa.

Que interesante comentario, bastante conveniente.

—¿Parcial en qué sentido?

—Las áreas destinadas a uso público y administrativo—interviene la castaña—Plataformas de acceso, gestión de información abierta, una que otra información clasificada y ciertos canales de comunicación.

Desvío brevemente la mirada hacia la molesta mujer.

—¿Ciertos?

—Los estrictamente necesarios—me mira fijamente sonriendo de medio lado.

Le sostengo la mirada, me cae peor que las odiosas funcionarias que vienen siempre, tiene unos detestables ojos de un color hazel, su sonrisa me parece una burla y su cara un verdadero horror. Puede ser una mujer con un aspecto decente sin embargo me estresa de solo verla.

—Eso limita el margen de trabajo—digo tranquilo—La integración incompleta puede generar inconvenientes.

—Por eso buscamos una estructura adaptable—responde Marchetti.

Asiento apenas.

—Esperan que funcione sin acceso total.

—Se supone que son la mejor empresa en tecnología de toda Italia—añade la odiosa—Si no está en sus capacidades señor De Rossi, hágamelo saber.

—Necesitaré especificaciones claras, volumen de datos, números de usuarios, niveles de acceso y los límites claros—hago una breve pausa—No trabajo a ciegas.

—Se le proporcionara la información necesaria—responde Marchetti.

—¿Usted será quien supervise el proyecto, señorita Fontana?

—Si.

No puedo creer que tendré que ver de nuevo a esta mujer.

—Entonces prefiero seguir tratando directamente con usted.

—Yo seguiré…—trata de intervenir Marchetti.

—Por supuesto—respondo sin apartar la mirada de la odiosa—Pero los detalles del proyecto los trataré personalmente con la señorita Fontana.

Marchetti abre la boca e intenta decir algo, pero finalmente se calla.

—Podemos organizar un esquema de trabajo conjunto—dice ella—Sin embargo, cualquier cosa técnica puede comunicarla con mi compañero Marchetti.

—¿No sabe usted del tema técnico señorita Fontana? —pregunto tranquilo.

—Conozco perfectamente del tema, pero no es mi trabajo es el de mi compañero—me sostiene la mirada—Yo solo me encargare de los detalles y supervisión del proyecto.

—Eso lo veremos—digo cortante.

—Cuando guste—dice ella sonriendo.

Como si no fuera suficiente con verla aquí, debo soportar esa mirada suya.

Marchetti aclara la garganta, retomando la conversación.

—En cuanto al presupuesto, ¿Cómo se manejaría?

Desvío la mirada de ella por unos momentos.

—Mi asistente les enviara una propuesta con todos los detalles—digo con calma—. Incluyendo costos, tiempos de ejecución y alcance del proyecto.

—¿Y la implementación?

—Mi equipo se encargará de eso una vez se definan los parámetros finales. No inicio ningún proceso sin tener todo previamente establecido.

Marchetti asiente.

—Entiendo. ¿Y el contrato?

—Se programará una reunión con el abogado de la empresa—respondo—Si la propuesta es de su interés, se formaliza en ese momento.




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