La Nera Corona

Capítulo 15

Una pista peligrosa

Ariadna

El trayecto de regreso al comando estaba siendo algo tranquilo, Enzo conducía con una mano sobre el volante mientras la otra golpeaba suavemente al ritmo de la música y yo tarareaba. Enzo me miraba de reojo de vez en vez como si quisiera comentar algo y no se atreviera.

—¿Algo que quieras decirme? —lo miro tranquila.

—No o a lo mejor si—duda.

—Puedes decir lo que quieras.

—Lo sé. Pero prefiero no hacerlo.

Ruedo los ojos y no insisto más, aunque me muera por saber que quiere decirme mi amigo. Trato de no pensar mucho en la reunión que tuvimos con Alessio De Rossi, pero es algo difícil no hacerlo, fue grosero sin duda y…

—No entiendo como alguien puede ser tan atractivo e insoportablemente odioso al mismo tiempo—pienso en voz alta.

Enzo casi frena el auto.

—¡Sabía que te había gustado el energúmeno ese! —ríe.

—¿Dije eso en voz alta?

—Si.

—¡Joder! Y no me gusta apenas lo conozco, solo dije que era atractivo e insoportable—me defiendo.

—Bueno es difícil que digas eso, siempre estas ocupada con trabajo.

—Olvidemos el tema, hay cosas más importantes.

—Tengo que contarle a Camille.

—Ni se te ocurra, te conozco y dirás las cosas como no son.

Me mira con una malévola sonrisa, voy a refutar, pero mi celular suena así que lo saco para contestar.

—¿Sí? —contesto.

—Agente Fontana, habla Sforza desde medicina forense.

Me pongo seria de inmediato y Enzo lo nota porque deja de sonreír.

—¿Qué ocurrió?

—Ya identificamos el cuerpo hallado en el BPM. Y encontramos algo que podría interesarle, necesito que venga cuanto antes.

—Llegare lo antes posible—cuelgo la llamada.

—¿Sucedió algo malo?

—Ya identificaron el cuerpo que se encontró en el banco y algo más que no específico, así que Sforza quiere que vaya.

—Debe ser importante si quiere que vayas, usualmente solo manda un informe.

—Lo sé, me pone algo ansiosa.

Enzo suspira y comienza a conducir más rápido. Ya no hablamos más y el trayecto hasta el comando se hace algo estresante, pues parece que no llegaremos. Le subo el volumen al estéreo y trato de no estresarme tanto.

Un vehículo negro aparece de la nada por el lado izquierdo.

—¡Enzo cuidado!

Todo ocurre rápido.

El chirrido de las llantas retumba en mis oídos cuando el otro auto se estrella brutalmente contra nosotros.

El golpe me lanza contra la puerta. Escucho el metal crujir, el vidrio romperse y el grito ahogado de Enzo mientras pierde el control del volante.

—¡Mierda!

El auto gira violentamente sobre la avenida.

Me golpeo la cabeza contra la ventana y por un segundo todo se vuelve confuso. Solo veo luces y humo; Enzo intenta recuperar el control, pero es inútil, terminamos impactando contra una barrera metálica.

El estruendo sacude todo el coche.

El cinturón se clava dolorosamente en mi pecho y el aire abandona mis pulmones de golpe. Un pitido insoportable llena mis oídos.

—Ari…—escucho la voz de Enzo lejana y aturdida.

Trato de responderle o de moverme, pero no puedo. Me duele todo el cuerpo, el olor a pólvora y gasolina comienza a llenar el auto, mientras comienzo a perder la conciencia.

{ ... }

Minutos antes…

Alessio

Deje el vaso sobre el escritorio mientras revisaba unos papeles pendientes. Todo estaba en completo silencio.

Mi celular vibró.

Tomé la llamada sin apartar la vista de los papeles.

—Señor, tenemos problemas—dicen del otro lado de la línea.

—Habla.

—Un forense llamado Sforza habló con el forense de medicina legale di Milano hace menos de una hora. Encontraron huellas que no pertenecen al cadáver del BPM.

Enfurezco en cuestión de segundos.

—¿Quién más lo sabe?

—Sforza contactó a alguien hace unos minutos. Era una mujer.

Frunzo el ceño.

—¿Policía?

—Es lo más seguro, aún no verificamos eso. Estamos rastreando su ubicación.

Me masaje la sien.

—Desháganse de todos los involucrados antes de que esa información salga.

—Si señor.

Cuelgo.

Me pongo en pie, ardiendo de la ira. Tomo mi abrigo y salgo de la oficina sin mirar atrás, los papeles pueden esperar.

Apenas crucé la puerta, mi asistente se puso de pie detrás del escritorio.

—¿Cancelo la reunión con los inversionistas alemanes?

—Cancela todo.

—¿Todo? —mira dudosa.

—¿No fui lo bastante claro?

Se queda callada y baja la cabeza.

Sigo caminando por el pasillo mientras saco mi otro teléfono del bolsillo interno de mi saco.

—Preparen todo—ordeno apenas responden— Arreglaré el desastre que hicieron, infórmenle a mis hermanos.

...

Guardo el teléfono mientras las puertas del ascensor se abren.

El silencio del pasillo contrasta con el caos que me espera abajo. Camino sin prisa, dos hombres armados apartan la vista apenas paso junto a ellos.

Bajo unos pisos más por unas escaleras de caracol. Nadie conoce este lugar salvo mis hermanos y los Cuervos.

Cuando finalmente llego, digito la contraseña y las puertas metálicas se abren. El sonido de teclados y múltiples voces invade el ambiente. Decenas de pantallas iluminan la enorme sala con tonos azulados; cámaras de seguridad, llamadas interceptadas, registros financieros, ubicaciones en tiempo real. Todo en este mundo gira alrededor de la información.

Camino entre las estaciones sin apartar la vista del frente. Algunos cuervos se tensan al notar mi presencia; otros continúan trabajando sin despegar los ojos de las computadoras. Es cuestión de segundos que todo este desastre salga en las noticias.

Nyx levanta la mirada apenas me acerco.

—Dime que ya solucionaron el problema.

Ella gira lentamente una de las pantallas hacia mí. Mis ojos recorren la imagen de un vehículo destrozado en media avenida, y la de dos hombres muertos; todo en diferentes partes de Milán.




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