La Nera Corona

Capítulo 16

¡Despierta por favor!

Ariadna

Un pitido constante perforaba mi cabeza.

Fruncí el ceño intentando abrir los ojos, pero era difícil con esas luces blancas. Me esfuerzo por enfocar mi vista sin embargo un fuerte dolor me atraviesa, no entiendo donde estoy ni que me paso.

Observo cada cosa a mi alrededor y me doy cuenta que estoy en un cuarto de hospital, bajo la mirada hacia mi cuerpo sin poder entender que me sucedió. Un grito ahogado me hace mirar en dirección a la puerta, Camille me mira con una expresión de preocupación.

—¡Doctor! ¡Doctor, ya despertó! —grita mi amiga.

Hago un esfuerzo sobre humano por recordar como termine aquí, en lo que Camille viene hacia mi llorando y analizando mi rostro.

—Ari estoy tan feliz de que despiertes—solloza.

—¿Qué me paso? —mi voz es apenas audible.

—¿No lo recuerdas? —se preocupa.

No contesto.

—Tuviste un accidente automovilístico.

Un recuerdo golpea mi mente, el auto negro y... Enzo.

—Enzo...—siento un nudo en la garganta—¿Dónde está Enzo?

Camille no sabe que decir e incluso evita mirarme.

Que no me diga nada me aterra.

—¿Don... donde esta Enzo? —repito con la voz quebrada.

—Ari...

Niego despacio sintiendo un vacío en el estómago.

—No, no me hagas eso—estoy a punto de llorar—¿Dónde está? Dime que esta vivo, por favor.

Camille se acerca más a la cama y toma mi mano.

—Aún no despierta y...—Camille calla de golpe.

Siento que el aire abandona mis pulmones. El monitor a mi lado comienza a sonar más rápido en lo que el pánico se apodera de mí.

Intento incorporarme ignorando el dolor insoportable que me atraviesa el cuerpo. Jadeo de dolor cuando insisto en levantarme, me arranco uno de los cables conectados a mi pecho sin pensar.

—Ari no puedes hacer eso.

—Yo necesito verlo.

—¡Ariadna!

—¡Necesito verlo! —grito desesperada—¡Necesito ver que está bien y que no morirá!

Apenas apoyo los pies en el suelo, me doblo de dolor, pero insisto en seguir.

—¡No puedes irte! —Camille me sostiene.

—¡Déjame ir!

La puerta de la habitación se abre de golpe y varios médicos entran rápidamente.

—Señorita, necesita calmarse.

—¡Quiero ver a Enzo—intento apartarlos, pero es inútil—Ustedes no lo entienden!

—Saquen a la acompañante—ordena uno de los médicos.

—No, yo...

—Por favor señorita, salga.

Camille me mira angustiada, esta hecha un manojo de nervios. Sus suplicas son tan inútiles como las mías pues es sacada de la habitación. Lloro desconsoladamente ignorando mi dolor físico, los médicos me suben a la cama y todo mi esfuerzo es en vano.

—Por favor...

—Está viva, es lo importante ahora—dice alguien cerca de mí.

Eso es lo que menos me importa, si Enzo no sobrevive yo tampoco lo haré. Él es como el hermano mayor que nunca tuve y no podré resistirlo, me urge saber que está bien, que despertará. Mis lagrimas mojan mi cara, mi vista se hace borrosa y mis ojos se cierran de golpe.

{ ... }

Hasta respirar me duele.

Permanecí inmóvil varios segundos observando el techo blanco sobre mí mientras intentaba recordar en qué momento me quedé dormida de nuevo.

Camille dormía incómodamente en la silla junto a mi cama. Su maquillaje estaba corrido de tanto llorar y su agotamiento era notorio, ahora me siento la peor persona del mundo por como la trate.

La miro por un largo rato y noto que esta despertando así que me hago la dormida.

—No te hagas la dormida Fontana—abro un ojo y ella sonríe débilmente.

—Lo siento Camille—digo apenada.

—No me pidas disculpas, tonta. Se que solo querías saber de Enzo—le resta importancia.

—¿Ya despertó? —pregunto con algo de esperanza.

—No—baja la mirada.

—Yo quiero verlo.

—Lo sé, pero debes calmarte—me regaña.

—Te prometo que me comportaré bien.

—Vere que puedo hacer para que veas a Enzo.

Asiento complacida.

—Cami dime porfa que mis padres no saben nada todavía, si se enteran enloquecerán.

—¿Cómo crees que no les iba a avisar? —se altera.

—No quiero preocuparlos.

—¡Pudiste morir Ariadna! —se esfuerza por no llorar.

Decido callarme y no decir ninguna tontería que la haga llorar, estoy siendo una estúpida. Camille sale de la habitación a pasos rápidos y yo solo me quedo viendo la puerta.

No sé cuanto tiempo pasa, pero cuando la puerta se abre de nuevo Camille entra con mis padres quienes corren hacia mí muertos de preocupación, mi madre tiene los ojos rojos de llorar y mi padre me mira con angustia.

—¡Mi niña! —mi madre me toma el rostro y me examina con cuidado.

—Estoy bien mamá—trato de tranquilizarla.

—No digas tonterías—me regaña mi padre.

—¡No vuelvas a asustarnos de esta forma Ariadna Fontana Rivas! —respira profundo— ¿¡Tú eres quien debes enterrarnos no nosotros a ti, me oíste!?

—Ahora eres tú quien dice tonterías mamá—me enojo.

Mi madre comienza a llorar y yo hago lo mismo mientras mi padre abraza a mi madre y toma mi mano con tanta delicadeza, que me hace pensar que tiene miedo de que me rompa y desaparezca. Camille nos observa recostada a la pared haciendo ejercicios de respiración para no llorar más y finalmente se sale de nuevo.

Cuando finalmente dejamos de llorar y mi padre nos calma a ambas, me mira serio y siento que va a regañarme de nuevo.

—Te dejaran ver a Enzo, pero debes comportarte. Ya me dijeron lo que hiciste—dice serio.

—Seré la chica más juiciosa de este hospital—prometo.

Mi padre sale unos minutos para volver con una enfermera y una silla de ruedas.

—Debemos bajarla con cuidado y evitar lastimarla—ordena la enfermera.

Entre mis padres y la enfermera me bajan de la cama, trato de no quejarme del dolor para que no cambien de opinión, me acomodan en la silla de ruedas mientras mi madre toma el soporte del suero y mi padre comienza a empujar la silla de ruedas fuera de la habitación en lo que la enfermera lo guía.




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