Falsa identidad
Alessio
La incompetencia es lo único que no perdono, y lo que había pasado no era un error sencillo, era una puta carnicería. Una masacre que solo dejaba rastros, pocas respuestas y que no solucionaba en nada el problema principal.
Escuché unos pasos aproximándose a mí; mis hermanos venían con Giorgio tras ellos con caras de no entender absolutamente nada de lo que estaba pasando. Apoyé las palmas de mis manos sobre el escritorio de madera oscura, a la espera de las explicaciones. El silencio en la sala se volvió denso. Mis hermanos se acomodaron en sillas cercanas mientras Giorgio se sentaba junto a mí, acomodándose el saco con parsimonia.
—¿A qué se debe esta reunión de emergencia, señor? —pregunta Giorgio entornando los ojos.
—Una masacre—me limito a responder.
Los tres me miran más perdidos que antes.
—Nyx explícales que sucedió y muestra las imágenes—le pido a la pelinegra.
Nyx asiente, se acomoda frente a las pantallas y comienza a teclear rápidamente. Al instante, las pantallas principales de la sala se encienden mostrando todo; de manera tranquila Nyx desglosa el caos para que mis hermanos y Giorgio entiendan la situación. Reproduciendo cada secuencia de las cámaras de seguridad captadas por los cuervos: el auto destrozado, los cuerpos y la sangre en el asfalto.
Luca, Francesca y Giorgio miran en completa calma cada vídeo e imagen mientras escuchan a Nyx, cuando esta termina ellos no dicen ni una palabra solo me miran a la espera de lo que diré.
Sostuve la mirada de los tres antes de romper el silencio. Di un sorbo a mi trago antes de comenzar a dar órdenes.
—Aclaremos algo desde ya—solté—. Yo nunca di la orden de ejecutar a nadie. Lo que paso fue una puta carnicería que no soluciono una mierda, porque nadie sabe dónde están las pruebas de las huellas que dejo algún incompetente.
Clavé mis ojos en Giorgio, quien se enderezo en su silla.
—Giorgio, quiero que te encargues personalmente del incompetente que dejó huellas en el cuerpo del BPM—ordeno sin titubear— No voy a tolerar que el descuido de un imbécil ponga en los ojos de los carabinieri sobre nosotros. Haz que desaparezca el problema.
Giorgio asintió con tranquilidad, entendiendo de inmediato mi orden. Pasé mi mirada hacia mis hermanos, quienes permanecían calmados.
—Luca, Francesca—hice una breve pausa—. Van a encargarse de reorganizar a los Cuervos lo más pronto posible. Estos hackers trabajan para mí y bajo mis reglas, no permitiré que se repita una situación como está y comentan errores de este calibre.
—Nos haremos cargo de reorganizarlos y de ser necesarios buscaremos reemplazos—afirma Fran.
Finalmente me giré hacia la pelinegra que esperaba mis instrucciones con los dedos suspendidos sobre el teclado.
—¿Tienes lo que te pedí antes de que llegaran mis hermanos? —pregunto serio.
—Ya los identificamos señor.
Giorgio se puso en pie ajustándose el botón del saco haciendo un leve gesto de que se iría. Luca y Francesca me dedicaron una breve mirada de soslayo antes de irse, confío plenamente en las capacidades de esos tres. Me cruzo de brazos, clavando la vista en la pantalla central mientras Nyx me muestra lo que tiene.
Nyx presiono una tecla y la imagen general de la carnicería se dividió en dos perfiles corporativos detallados, al ver los rostros reflejados en el monitor, sentí una tensión helada recorrerme la columna e instintivamente entrecerré lo ojos.
—Ariadna Fontana Rivas—leyó Nyx con voz monótona—Aparece registrada como Analista Senior y Coordinadora de Proyectos Estratégicos del Área Tecnológica de la I.R.M. Y el hombre que conducía es Enzo Marchetti, Especialista en Infraestructura y Seguridad Digital de la misma institución.
Me quede congelado por unos segundos, procesando la información mientras el rostro de la odiosa me devolvía la mirada desde la pantalla. Maldición. Las mismas personas que habían estado no hacía mucho tiempo en mi oficina. ¿Qué mierda tienen que ver esos dos?
—¿Estás segura de esto, Nyx? —una mezcla de sorpresa e ira me avasalla.
—Completamente, señor. Los registros biométricos registrados por cámaras, información del hospital y del vehículo coinciden al cien por ciento. Eran ellos.
Me masajeo las sienes estresado, ¿Por qué dos analistas de alto rango tecnológico y seguridad digital de la I.R.M fueron emboscados por los incompetentes de mis hombres?
—¿Siguen con vida?
—Según los registros médicos Marchetti está grave, pero la mujer está fuera de peligro. ¿Los conoce señor?
No respondo.
Sostengo la mirada en la fotografía de Fontana. La pregunta de Nyx se queda flotando en el aire de la oficina, me conoce lo suficiente para saber que mi silencio es una orden implícita de no insistir.
Tamborileo mis dedos sobre la mesa, sintiendo como las piezas en mi cabeza chocan de forma violenta, negándose a encajar. Sforza un forense a las afueras de una institución que no es de su rango hablando con dos malditos funcionarios de ciberseguridad de la misma agencia gubernamental; no creo que sea una coincidencia, hay un hilo que los une y descubriré cual es.
—Quiero que dejes cualquier otra tarea que tengas, Nyx—ordeno— Despliega a los cuervos que no hayan participado de la incompetencia de hace rato, necesito una investigación exhaustiva de la I.R.M.
Nyx se puso en la tarea de manera inmediata, sus dedos iban a toda velocidad mientras tenía la vista clavada a la pantalla, el sonido rítmico y seco de las teclas y su voz mezclándose con la de otros cuervos llenaba la sala.
—Estoy saltando los cortafuegos principales del Ministerio—explico Nyx con calma—. Entrando en los servidores de respaldo de Indagani e Ricerca Ministeriale (Investigación y Búsqueda Ministerial), el acceso es demasiado sencillo para una entidad que maneja analistas de alto rango.