CAPITULO 18
Estoy bien
Ariadna
Días después…
Luego de estar tanto tiempo en una camilla agradezco por fin estar fuera del hospital, aunque mi brazo tenga un cabestrillo, mi abdomen este vendado y mi cara siga con cortadas por todas partes. Otra cosa que me alivia es que mi querido Enzo despertó, deberá estar más tiempo internado, pero estará bien.
Mis padres querían que me fuera a Napoles con ellos, pero me negué, también querían quedarse más tiempo, pero no podían así que Camille les prometió que me cuidaría mucho, claramente primero me dieron muchas recomendaciones sobre todo mi madre quien no puede evitar sacar su lado médico.
Estoy tan nerviosa de ir al trabajo, estoy muy segura de que Montalvo me correrá a gritos y probablemente me saque del caso sino es que ya lo hizo. No puedo permitirlo, lo que nos paso a Enzo y a mí fue un atentado, justo después de hablar con Sforza por teléfono es claro que era muy importante.
Mientras camino por los pasillos del comando siento que muchos me miran con lástima y otros con sorpresa, odio estar herida y que todos puedan verlo sin embargo mantengo mi mirada en alto e ignoro a todos. Mi objetivo ahora es reportarme con mi jefe y volver a mis laburos. Después de tanto caminar llego a la oficina de Montalvo me detengo unos minutos en la puerta, respiro profundo y toco la puerta.
—Adelante—responde mi jefe.
Abro la puerta, Montalvo alza la vista e inmediatamente le cambia el semblante trato de sonreír, pero me arrepiento tras notar que sigue viéndome horrible, cierro la puerta tras de mí y me acerco despacio hasta sentarme cuidadosamente en la silla frente a él.
—¿Qué demonios haces aquí, Fontana? Deberías estar descansando en tu casa, recostada en tu cama.
—Estoy perfectamente bien, señor.
—Mirate en un espejo—responde seco.
—Necesito retomar el caso Impronta. Tantos días sin mí al mando… debe estar todo estancado.
—Te equivocas—su risa es amarga.
—No entiendo…—digo frunciendo el ceño.
—Fontana sufriste un atentado. Marchetti sigue en el hospital, Sforza está muerto y el otro forense también. Esto escala cada vez más, así que fue transferido a un agente de nivel 4—hace una breve pausa—Estas fuera del caso.
Siento como si me tiraran un balde de agua fría, trate de convencerme mientras venía aquí que podría seguir en esto…
—¡No puede hacerme esto!
—Ya lo hice.
—¡Señor yo comencé la investigación! —reclamo.
—Entiendo eso, pero se volvió personal para ti, tienes muchas razones para eso. Pero esa es, precisamente, la mayor razón para que estés fuera. Necesito objetividad, puedes seguir viniendo a la base si así lo prefieres, pero en lo que te recuperas solo harás informes y tu trabajo de analista.
Me hierve la sangre de la ira, no es justo.
—Pido un ascenso. Quiero ser agente de nivel 4—digo segura.
—No puedes—Montalvo ríe incrédulo.
—¿Por qué? ¡Tengo todas las capacidades!
—Mírate, no estás en condiciones. Como tampoco sabes lo que dices, ser de nivel 4 no es lo que crees. Jamás volverías a ser la misma persona.
—No me asusta.
—No se trata de eso Fontana. Además, el caso ya fue asignado a un agente no me hagas repetirlo—dice molesto.
—¡Puedo ayudarle entonces! Sería como su segunda mano—se me ocurre de repente.
Montalvo niega con la cabeza.
—¡Joder! ¡Por lo menos puedo saber quién es! ¿Quién me quitó el caso? —golpeo la mesa frustrada.
—El agente encargado es el alemán Kurt Künstler. Vino desde Roma y se quedará en nuestra base.
Se me corta la respiración, de todos los agentes tenía que ser él. La vida quiere reírse de mí, no puedo ni decir su nombre en voz alta mucho menos verlo, no estoy lista para eso. Trago saliva e intento estar tranquila.
Se que Montalvo noto el cambió en mi expresión y agradezco que no me pregunte nada al respecto, aunque el silencio se torne incomodo. Me acomodo con cuidado en la silla pues un dolor en el abdomen me recorre.
—Ya que vas a estar haciendo tu trabajo de analista, necesito que te reúnas con Alessio De Rossi para terminar lo que estabas trabajando con él y Marchetti. El señor De Rossi se negó rotundamente a continuar con cualquiera de los otros analistas de la agencia. Dijo textualmente que esperaría a que “la analista Fontana estuviera bien” para la revisión del contrato.
Vuelvo en sí, ese hombre es demasiado complicado, si mi jefe lo menciona es porque está resultando ser un dolor de cabeza.
—Yo estoy hasta las pelotas con sus exigencias, no recibe a nadie que no seas tu. Soluciona eso cuanto antes, necesitamos mejorar los sistemas y olvídate del caso Impronta—sentencia masajeándose las sienes.
Abro la boca, pero la cierro enseguida tras la mirada de sentencia que me da el viejo malhumorado. Me levanto y salgo resignada de la oficina, ya pensaré en algo, pero quieta no me quedaré.
Comienzo a ir rápido por los pasillos con un cumulo de emociones, me arrepiento al instante pues un pinchazo agudo me recorre el abdomen. ¡Maldita sea! Me apoyo contra la pared del pasillo por unos segundos, respirando hondo para no dejarme vencer por la mezcla de rabia, impotencia y dolor.
Sigo sin creerlo, estoy fuera del caso. Y para el colmo Kurt… Su nombre sigue repitiéndose en mi cabeza junto con muchos recuerdos amargos.
—¡Ari! —la voz de Camille me saca de mis pensamientos. Viene corriendo hacia mí con el ceño fruncido y una carpeta en la mano—. ¿Estás bien?
—Si, claro—le miento, trato de enderezarme y ocultar mi mueca de dolor.
—No seas mentirosa—me regaña.
—Solo es un pequeño dolorcito Cami—le restó importancia.
—Deja de hacerte la fuerte—niega con la cabeza.
—Montalvo me saco del caso—suelto.
Camille ni siquiera se inmuta, lo que me hace pensar que ella ya lo sabía y no me había dicho nada.
—¿Camille ya lo sabías?