¿Jugar o no jugar?
Alessio
Frente a mi escritorio se encontraban mis hermanos, Luca y Francesca. Necesitábamos organizar ciertas cosas relacionadas con nuestros diversos trabajos, era una de esas juntas privadas que teníamos seguido.
—Debemos cerrar ese contrato pronto—sentenció Luca.
—¿Cuál es la prisa? Podemos esperar un poco más—dijo Francesca tranquila.
—No me gusta esperar.
—Deja tus caprichos Luca—Francesca rodó los ojos.
—Puedes esperar un poco más—dije serio.
Tres toques firmes en la puerta interrumpieron lo que mi hermano iba a decir. La puerta se abrió despacio y mi secretaria dio un paso hacia el interior de la estancia.
—¿Qué significa esto? —espetó Luca fulminándola con la mirada.
—Lo siento mucho… yo…—balbuceó.
—Sal de inmediato, sabes que no debes interrumpirnos en una junta privada—espetó Fran molesta.
—En verdad lo siento—nos mira nerviosa—Pero son órdenes directas del señor Alessio.
—¿De qué se trata? —digo simplemente.
—Señor, tiene una llamada de la señorita Ariadna Fontana. Usted dijo que, si ella se comunicaba, no importaba qué estuviese haciendo, yo debía informarle.
Mis hermanos me miraron de inmediato completamente desconcertados, así que los ignoré.
—Pásame la llamada.
—Sí señor.
Mi secretaria dio media vuelta y cerro la puerta tras de sí, dejándome a solas con las miradas curiosas de mis hermanos. Pasaron unos segundos en silencio antes de que el indicador del teléfono parpadeara.
Lo tomé con calma y me lo puse en la oreja.
—Línea tres, señor— anuncio la voz de mi secretaria del otro lado de la línea.
Hubo un clic, seguido del leve sonido de una respiración contenida al otro lado del teléfono. Me recosté en la silla y me giré dándole la espalda a Luca y Francesca.
—Señorita Fontana—saludé—Estaba esperando su llamada.
—Señor De Rossi—contesto ella—Lamento la demora en ponerme en contacto con usted. Mi secretaria me informó sobre sus exigencias con respecto al contrato.
—No tiene que disculparse—respondí tamborileando mis dedos sobre mi pierna— Mis exigencias son simples, creo que teníamos un acuerdo usted y yo.
—¿Un acuerdo? —dijo ella dudosa.
—¿No lo recuerda? es una pena. Creí que habíamos acordado que todo este asunto lo supervisaría usted.
—Si ya lo recuerdo—dijo simplemente.
—Tengo entendido que tuvo un accidente. ¿Está usted bien? —mencione tranquilo.
Hubo una breve pausa al otro lado de la línea.
—Si, nada grave—respondió, quitándole importancia—Estoy en perfecto estado, gracias.
—Me alegra saberlo—dije.
—Deberíamos agendar un día para reunirnos, revisar los puntos del contrato y proceder con la firma.
Clavé la mirada en el ventanal, calculando que decir.
—Por supuesto—hice silencio unos segundos—¿Le parece bien el viernes por la mañana?
—Me parece perfecto, señor De Rossi.
—Excelente. Mi secretaria le mandará un correo con la hora exacta. Que tenga un lindo día.
—Si igualmente.
Esperé a escuchar el clic de la línea cortarse antes de bajar el auricular y darme la vuelta para devolverlo a su sitio. Mi plan al fin se pondría en marcha, quien diría que esa odiosa sería tan… interesante.
Luca me miraba con incredulidad y Francesca entrecerraba sus ojos, ambos a la espera de una explicación. Un silencio sepulcral lleno la sala y yo disfrutaba ver sus caras que reflejaban lo mucho que querían hacer preguntas, pero no sabían por dónde comenzar.
—¿Desde cuándo tú, agendas citas personalmente? —Luca es quien rompe el silencio.
—Y, sobre todo ¿desde cuándo muestras preocupación por la salud de otra persona? —intervino Fran.
—No es una persona cualquiera.
Mis hermanos se miraron entre sí, sin creer lo que acaba de decir.
—¿Qué estas tramando Alessio? —Francesca se cruzó de brazos.
—La mujer con la que acabo de hablar, es la que nuestros hombres atacaron. Es una de las víctimas del atentado de días atrás.
—Explícate mejor—dijo Luca.
—Haremos alianza con la I.R.M, ella trabaja ahí como analista. Solo es una fachada, ella realmente es una agente y nos está cazando.
Las caras de mis hermanos eran verdaderamente divertidas.
—¿Y lo dices hasta ahora? —replica Fran.
—Ustedes debían ocuparse de las incompetencias de algunos de los cuervos, aunque admito que gracias a eso descubrí muchas cosas. Nyx le pasará después informes con todos los detalles.
—Quieres usarla—dedujo Luca.
—Exactamente.
—¿Usarla cómo? —intervino Fran.
—Trabajando con ella Fran, debemos aprovechar que la I.R.M requiere de nosotros—explico lo obvio.
Ella me mira con sospecha mientras que Luca parece bastante satisfecho. Conozco a mi hermana lo suficiente para saber que su mente está buscando el beneficio o el riesgo detrás de esto.
—¿Solo trabajando? —insiste Fran, cruzándose de brazos—No te involucraras de otra forma ni nada.
—No digas tonterías, Francesca—respondí con voz cortante—Déjate de insinuaciones extrañas, solo requiero acceso completo a la I.R.M.
—La insinuación de Fran no es tan mala idea—dijo Luca tranquilo.
Francesca lo miró como si tuviera tres cabezas.
—Nada de eso. No lo permitiría jamás—espeto enojada.
—No es para tanto—Luca le resta importancia.
—Aquí nadie jugara con los sentimientos de nadie—sentenció Fran—No quieren verme molesta.
—No pretendo hacerlo. Así que dejen de decir idioteces—me molestó.
Luca bufó mirándonos como si fuéramos unos completos extraños, mientras que Francesca lo miraba con reproche, luego de unos segundos se levantó y se fue discutiendo sola.
—Es demasiado exagerada—recrimino Luca.
—En este caso estoy del lado de Fran.
—Que aburrido—rueda los ojos.
—¿Qué diría Nyx si te escuchara? —dije riendo.
Inmediatamente Luca se enoja y sale de mi oficina sin dirigirme la palabra. Suelto una risa nasal y me pongo a trabajar, sé qué las rabietas de esos dos se les pasará rápido.