La Nera Corona

Capítulo 22

CAPITULO 22

Fantasmas del pasado

Ariadna

Estar sentada al lado de la camilla de Enzo es el único momento del día en que realmente puedo bajar la guardia. Ayer la reunión con Alessio De Rossi me dejó con los cables cruzados, y necesitaba desesperadamente poner los pies sobre la tierra. Así que como mi querida Camille está tan ocupada en querer ascender y estar al pendiente de tantas cosas al mismo tiempo, he decidido recurrir a mi niño Enzo que probablemente dirá alguna tontería en algún momento y me hará enojar, pero sé que me ayudará.

—Te lo juro, Enzo, ese hombre es insufrible—le digo—. Tiene una maldita sonrisa de superioridad y me dan ganas de restregarle el contrato en la cara. Me mira como si supiera que es lo que estoy pensando. Y para colmo, cuando iba para el ascensor hacia la oficina del pelirrojo ese, un hombre se me quedó viendo y se burló de mí llamándome “la loca del aeropuerto”.

Frunzo el ceño enojada y Enzo suelta una carcajada desde la camilla, aunque hace una mueca de dolor de inmediato.

—Ari necesitamos esa alianza, yo sé que puedes soportarlo—sonríe de medio lado— Y sobre lo otro, conociéndote como lo hago ese apodo no te va tan mal.

—¡No seas grosero! —me indigno muchísimo.

—Solo bromeo contigo.

—Si como sea, solo debo soportar una reunión más y ya—le restó importancia.

—Bueno no habías dicho que era atractivo o algo así, además tu eres insoportable cuando quieres—me mira con diversión—hazle la reunión de… ¿Cómo dice tu madre? —se queda pensando unos segundos— ¡Ah, sí! de cuadritos.

—Ignoraré lo primero, ¿ok? —si lo dije, pero no es relevante, pienso—Me gusta tu idea, ya la he llevado a cabo, es algo divertido, aunque exasperante.

—Debe ser divertido verlos—Enzo se queda pensando unos segundos— en la primera reunión fue entretenido.

—No lo fue en absoluto Enzo—finjo molestarme.

—Está bien—sonríe—¿Sabes algo de Camille?

—Solo la veo en las noches cuando llega a casa luego de trabajar—frunzo el ceño—¿No te ha vuelto a visitar?

—No—baja la mirada unos segundos—Ya la molestaré cuando salga de este hospital.

Entrecierro los ojos y lo miro unos instantes, pero decido no preguntar nada.

—Está demasiado estresada con lo de su ascenso, ya sabes que para ella es muy importante.

—Lo sé—dice haciendo una mueca.

Me quedó unos cuantos minutos más hablando con Enzo de cualquier cosa hasta que se me acaba el tiempo, así que me despido de él besándole la cabeza en lo que él hace muecas raras para hacerme reír. Salgo de la habitación y camino pensativa por todo el hospital hasta arribar mi auto; escucho música en lo que me dirijo a mi trabajo.

Como sigo en mis supuestas vacaciones de recuperación, solo tengo que hacer mi trabajo de analista y tampoco es que quiera bajar al comando en estos momentos. Me veo sencillamente obligada a quedarme en la superficie, la zona accesible a los civiles que la agencia usa como fachada: oficinas comunes y un lento ritmo que me desespera. Aunque tengo que revisar si el señor De Rossi me envió algo y quizás puedo molestarlo un poco más.

Sostengo unas cuantas carpetas, pero es incómodo llevar tantas y mi bolso con un solo brazo, camino hacia mi oficina para revisar lo que tengo pendiente; sin embargo, para llegar a mi pasillo, es obligatorio pasar cerca de la puerta de seguridad que resguarda los ascensores que dan directo al comando. Trato de ignorar la puerta y seguir de largo pero una voz a mis espaldas me frena por completo.

—Ariadna, al fin te veo.

Siento un vuelco en el estómago, respiro hondo antes de girarme despacio.

Kurt Künstler.

Saliendo del área restringida luciendo impecable como siempre, sus facciones ahora son más maduras y sigue teniendo el mismo aire de arrogancia de siempre. Verlo de nuevo me trae recuerdos amargos, el dolor de la humillación y de sentirme burlada regresa a mi pecho como un eco punzante y sé perfectamente que no he bajado al comando solo para evitarlo, y que él también lo sabe.

—Künstler—respondo, tratando de sonar tranquila.

Él da un par de pasos hacia mí, deteniéndose a una distancia que me resulta invasiva. Se cruza de brazos, recorriéndome con la mirada de arriba abajo.

—Ya veo porque te quitaron el caso—dice, con una sonrisa despectiva—. Te ves cansada.

—Estoy perfectamente bien, Kurt. Solo ocupada—miento—. Y tú no deberías estar perdiendo el tiempo conmigo, ¿que no tienes algo mejor que hacer?

—No estoy perdiendo el tiempo, me divierto contigo muñeca—arquea ligeramente las cejas con evidente diversión.

—No vuelvas a llamarme así…—Kurt me interrumpe.

—¿O qué? —me reta.

—Te partiré la cara, no me importa que puto cargo tengas ni que estemos en el trabajo—advierto enfurecida.

Me examina con la mirada nuevamente, sus ojos brillan de diversión.

—En ese estado solo te lastimaras a ti misma—dice secamente.

—No me retes Künstler—me doy media vuelta para irme, pero su voz me detiene.

—Vamos no huyas, se perfectamente que no bajas al comando para no verme—me provoca.

—¿Y si fuera así que? —digo sin girarme—Me fastidia tan solo ver tu cara.

—Ya pasaron años, supéralo de una vez—su tono de voz es cortante—. Lo de Roma fue una distracción, la pasamos bien y ya está.

Suelto las carpetas y mi bolso con el brazo sano, dejándolos caer al suelo con un golpe seco que resonó por todo el pasillo. No permitiré que siga burlándose de mí, me giré sobre mis talones con velocidad provocando una punzada en mi torso, pero lo único que quiero ahora es partirle la cara; cerré el puño con fuerza e impacté mi nudillo directamente en su patética cara.

El crujido de su labio rompiéndose contra sus propios dientes es simplemente glorioso. Kurt claramente no esperaba que yo en verdad lo hiciera, el golpe lo obliga a dar un paso hacia atrás para no perder el equilibrio. Lo miro jadeando, con mis nudillos ardiendo y mi pecho subiendo y bajando con violencia, Kurt se lleva los dedos a la comisura de los labios; al alejarlos ve sangre roja y brillante tiñendo la yema de sus dedos. En lugar de enfurecerse o gritar, una risa seca, ronca y cargada de profundo fastidio escapa de su garganta viéndome con esa mueca burlona y exasperada que suele mostrar.




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