La Nera Corona

Capítulo 23

Yo pagaría con gusto

Ariadna

El tan esperado viernes al fin llegó y prometía ser un lindo día, sin embargo, dudo que mi reunión con el señor De Rossi termine bien. Creo que tengo una racha de malos días, después de mi espectáculo del miércoles con Kurt fui llamada por Montalvo y me mando a trabajar desde casa, tuvimos una acalorada discusión y yo salí perdiendo. La única razón por la que seguiré trabajando es por las exigencias del señor De Rossi y a estas alturas lo agradezco.

Me dirijo a la cocina arrastrando los pies y me detengo en seco al ver a Camille sirviéndose café.

—¿Camille? —parpadeo un par de veces, incrédula—. ¿Qué haces aquí todavía? Últimamente solo te veo por las noches con cara de zombi.

Camille se gira, regalándome una sonrisa cansada pero llena de entusiasmo, y alza su taza a modo de saludo.

—Buenos días para ti también Ari.

—Buenos días cami—digo riéndome.

—Ferraro me dio la mañana libre—me explica, apoyándose contra el mesón—. Dijo que quería que descansara porque en la tarde me harán las pruebas definitivas para el ascenso. Ya sabes cómo funciona eso.

Ferraro es un agente de Nivel 3 y es el encargado de evaluar si Camille tiene lo necesario para avanzar o no, se lo mucho que Camille se ha presionado así misma para esto.

—Aprovecha muy bien la mañana para relajarte, créeme te será útil—le aconsejo, acercándome para servirme un vaso de agua—. Descansa y no pienses demasiado en Ferraro, eres jodidamente buena en lo que haces, por eso estás en mi equipo.

—Gracias, Ari. Prometo que descansaré—me mira divertida—. Y eres una presumida.

Suelto a reír de inmediato.

—Soy buena en lo que hago así que debo presumirlo.

Camille rueda los ojos.

—¿Puedo preguntarte algo? —Camille junta las cejas formando pequeñas arrugas en su frente.

—Lo que quieras.

—Bien—duda antes de hablar—¿Me dirás la verdad?

—Me estas preocupando, pregunta de una vez.

Camille se encoge de hombros como diciendo pues ni modo.

—¿Estas investigando por tu parte lo del caso Impronta? —entrecierra los ojos.

—No—le digo tranquila.

—¿Segura? —insiste.

—Claro que sí, ¿Por qué dudas?

—Estaba segura de que te obsesionarías más con el caso—Camille juega con la taza que tiene en las manos. —Y creí que seguirías insistiendo, ya sabes.

Me muerdo el labio reprimiendo una sonrisa.

—Si pienso hacerlo, pero primero debo conseguir la alianza con De Rossi—confieso.

—Ya se me hacía raro—niega con la cabeza.

—Lo resolveré antes que Kurt—aseguro—Se que estaba cerca de conseguir una pista importante.

—Si me ascienden o no, igual te ayudaré.

—Awww te adoro.

Dejamos las tazas de lado y vamos a mi habitación. Con sumo cuidado, Camille comienza a ajustar el vendaje que rodea mi torso; aunque ya no tiene tan mal aspecto aún duele un poco y ver las vendas sigue siendo molesto para mí.

—No veo la hora de que me quiten este cabestrillo—suelto un gritito lleno de exasperación—Es tan incómodo, además debo vestirme formal para la reunión y es jodidamente difícil.

—Conseguiremos algo en tu armario que sea lindo y cómodo, déjamelo a mí.

[ … ]

Una hora después me encontraba en el edificio del señor De Rossi, avanzando directo a su oficina dispuesta a obtener esa alianza de una vez por todas.

En cuanto abro la puerta me encuentro con un panorama completamente diferente a las reuniones anteriores, en la elegante sala ahí tres personas más. Sigo caminando en lo que observo a todos hasta tomar asiento, los pelirrojos sentados cerca de Alessio me miran con curiosidad en lo que él tiene esa maldita sonrisa suya; y como si fuera poco, el impertinente que me llamo loca también esté presente.

—Como el señor Conti ya es un viejo conocido—Alessio es quien rompe el silencio—permítame presentarle al resto de la mesa. A mi izquierda, Francesca y Luca De Rossi, mis hermanos.

Giro la cabeza hacia los pelirrojos, Francesca me analiza de arriba abajo sin ningún disimulo lo cual no me molesta en lo absoluto pues yo hago lo mismo con ellos; es una mujer bastante atractiva. Luca en cambio tiene una postura más relajada, aunque debo admitir que su físico impone miedo, los De Rossi son sin duda llamativos y difíciles de leer.

—Y el de la derecha es Matheo—dice simplemente.

Miro fijamente al impertinente quien parece que estuviera a punto de soltar a reír a carcajadas de solo verme la cara. Me pienso muy seriamente si ignorarlo o no.

—¿Tienes algún problema conmigo? —le suelto.

Matheo borra de inmediato cualquier amago por reírse, se reacomoda en la silla y carraspea, pero antes de decir cualquier cosa mira a Alessio quien lo fulmina con la mirada haciendo que el impertinente baje la cabeza.

El silencio en la sala se vuelve algo tenso, pero dura poco pues Francesca decide intervenir.

—No hay ningún problema señorita Fontana—dice Francesca, esbozando una sonrisa educada en lo que intercambia una mirada rápida con Luca—. Matheo solo sufre de una alarmante falta de modales. Por favor, discúlpelo. Teníamos mucha curiosidad por conocer a la mujer que ha sacado de casillas a nuestro hermano.

Luca suelta una risa nasal, cruzándose de brazos y asintiendo con la cabeza en mi dirección. Me queda claro que algo se traen esos dos pues el pelirrojo uno los mira a todos con un deje de fastidio. Yo en cambio me limito a asentir con la cabeza y no decir nada por el momento.

—Ahora que las presentaciones y los comentarios innecesarios están hechos—dice Alessio—, sugiero que pasemos a lo importante. El señor Conti ya modifico el contrato con algunas de sus exigencias señorita Fontana.

Sonrío de medio lado.

—Me gustaría leerlo.

—Esperábamos que dijera eso señorita—interviene Conti.

El señor Conti desliza el documento hacia mí, la tomo con mi mano sana abriéndolo con calma mientras el silencio vuelve a reinar en la sala. Los hermanos De Rossi me observan con detenimiento en lo que yo me concentro en cada mínimo detalle. Paso página tras página, varias de ellas tienen muchas de las cláusulas que propuse sin embargo algunas de ellas no están.




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